martes, 14 de marzo de 2023

Ataque de cosquillas en el mar

Había un hombre llamado Diego, a quien le encantaba nadar en el mar. Un día, mientras disfrutaba de un refrescante baño en las aguas cristalinas de la costa, fue atacado por sorpresa por otro hombre que hacía buceo. Este buzo, pensó Diego, había decidido hacerle una broma y por eso comenzó a hacerle cosquillas a Diego.



Al principio, Diego se sorprendió por la situación y no sabía cómo reaccionar. Estaba disfrutando de su baño en el mar y no esperaba ser atacado por cosquillas por un extraño. Sin embargo, la situación se volvió cada vez más intensa, pues estaba bastante lejos de la playa y Diego comenzó a reírse sin poder controlarse. Las cosquillas del misterioso hombre, del que solo Diego podía ver su silueta, eran intensas y constantes, y no le daba un respiro. Aquel misterioso buzo le estaba haciendo cosquillas en sus axilas y en sus pies, aunque a veces se le aparecía por detrás, picándole las costillas. Diego no podía cerrar sus brazos, porque los necesitaba para mantenerse a flote.

Por un momento, Diego pensó que debía escapar, pero pronto se dio cuenta de que no podía hacer mucho por las cosquillas que venían desde abajo del agua. Diego se debatía entre la risa y la incomodidad, ya que las cosquillas en sus axilas y pies eran cada vez más intensas. Había intentado sumergirse y enfrentarlo, pero Diego siempre tenía que volver a salir a respirar a la superficie. Decidió entonces relajarse y disfrutar de la broma, permitiendo que el buzo continuara con su juego. El buzo, por su parte, parecía disfrutar mucho de hacer cosquillas a Diego y no tenía intenciones de detenerse.

Eventualmente, al notar que Diego se limitaba a flotar y a no resistirse, el buzo decidió bajarle la malla y tocar el pene del hombre, que ya se encontraba totalmente erecto. Lo masturbó hasta que Diego, finalmente, acabó.

Finalmente, el buzo detuvo la broma y se alejó hacia las profundidades. Diego se tomó un momento para recuperarse de la situación, tomando un poco de aire fresco y asimilando lo que había sucedido. Aunque había sido una situación extraña, Diego no podía evitar sentirse agradecido por aquella broma. La situación le había hecho olvidar todas sus preocupaciones y disfrutar de un momento de risas y placer en el mar.

viernes, 10 de marzo de 2023

Tras el peón rural: La trampa de Maurizio

Esta historia la escribí en base a lo que le sucedió a un miembro de nuestra hermosa comunidad de las cosquillas, el sr. Maurizio, quien ya ha aparecido en otra historia.

Mauri, quien vive en una ciudad del interior, le echó el ojo a Gabriel, un hombre casado que vive en una ciudad pequeña y trabaja en e campo, con quien ya había tenido algunos encuentros sexuales, que no pasaban de alguna paja ocasional o una chupada de pija. El tema es que Mauri también tenía este otro gusto que tanto nos apasiona: las cosquillas.

Un día, Gabriel estaba particularmente caliente y desesperado por la asistencia de Maurizio. Maurizio, por su parte, estaba reacio de volver a repetir los encuentros que habían tenido, de manera que se animó a pedirle una variante en el encuentro, como quien no quiere la cosa.

¿Te animás a que esta vez te ate a la cama? - Le escribió a Gabriel. Éste, tomado por la calentura, aceptó sin pensar demasiado en las implicancias. En definitiva, Maurizio era un conocido, ¿Qué podría pasar?

Gabriel estaba aprovechando un viaje de su familia que duraría tres días y que dejaría la casa sola para invitarlo a Maurizio, de manera que estarían bastante cómodos. Cuando Maurizio llegó, los hombres charlaron sobre temas generales y en cierto momento, Gabriel sugirió ir a la habitación.

Según le pregunté, resulta que Gabriel es peludo, blanco y tostado por el sol, cosa que él recuerda muy bien cuando vio que el hombre se comenzó a desvestir frente a él. Gabriel tenía, a sus cuarenta y pico, un cuerpo trabajado por el tipo de tareas que realizaba. No parecía que Gabriel esperara algo diferente a lo que siempre hacían entre ellos, por lo que Maurizio se puso firme e impuso sus condiciones.

¿Te da morbo verme atado? -le preguntó Gabriel.
Si, me encantaría probar esa experiencia -le respondió Maurizio, como quien estaba testeando un gusto por primera vez.

Fue así como Gabriel, ya desnudo, se acostó en la cama y se dejó atar sin ninguna resistencia. Maurizio se tomó su tiempo y notaba que Gabriel quería que la acción comenzara inmediatamente. Claro que la acción que él imaginaba que ocurriría distaba un poco de lo que Mauri tenía pensado.

Una vez que Maurizio se cercioró de que Gabriel estuviera bien atado, le hizo cosquillas en las costillas, haciéndolo estremecer.

Ehh, ¡Basta! - dijo Gabriel, sonriendo.
Es que estoy viendo que estés bien atado, ¿No podés moverte para nada? -le preguntó Maurizo
No- le respondió.
¿Ni siquiera si te hago cosquillas? -replicó Maurizio, volviendo a las costillas de Gabriel.
¡No, jajaja! ¡No puedo! -dijo Gabriel a carcajadas.

Maurizio fingió dejar el tema de las cosquillas lado y Gabriel supuso que ahora vendría el momento de acción que él había anhelado. Maurizio empezó a masturbarlo lentamente y Gabriel tuvo rápidamente una erección. De repente, Maurizio se detuvo y se dirigió hacia los pies de Maurizio y lo atacó haciéndole cosquillas con la yema de sus dedos.

¡Basta, por favor! -dijo Gabriel, intentando contener la risa. Pero Maurizio no lo escuchó y continuó. La risa de Gabriel era contagiosa y pronto Maurizio también estaba riendo a carcajadas.

Gabriel se retorció de risa y trató de alejar sus pies, pero no había a dónde ir. Maurizio tenía la ventaja y era persistente. Cada vez que Gabriel lograba deshacerse de Maurizio, éste volvía a la carga y le hacía cosquillas en otra parte de los pies.

Uf, jajajajaja ¡Pará!- exclamó Gabriel.
¿Tanto trabajo en el campo y no soportás unas cosquillitas? -le preguntó Maurizio. ¿También tenés cosquillas en otros lados?
Ni se te ocurra!!- dijo Gabriel, intentando parecer serio.

Pero Maurizio no le hizo caso. Esta vez Maurizio atacó las peludas axilas de Gabriel, lo cual hizo que éste se retorciera de la risa. Tras unos minutos en esa zona, Maurizio decidió lamerlas, lo que potenció el efecto cosquilloso. Pese a toda la agitación, Maurizio se alegró al descubrir que Gabriel estaba completamente limpio y hasta sintió el olor del jabón con el que el hombre se había aseado.

¡Soltame o te voy a cagar a trompadas!- logró articular Gabriel, sobreponiéndose a la risa.
Tranquilo, tranquilo... -le dijo Maurizio, quien emprendió una actividad manual sobre el miembro de Gabriel.

El hombre estaba enojado, pero no pudo resistirse al placer generado por los movimientos de la mano de Mauri y pronto comenzó a gemir. Pronto, Maurizio comenzó a practicarle sexo oral, lo que hizo que el hombre se contrajera. Nadie se lo hacía como Maurizio, quien también ahora lamía los grandes huevos del hombre, al tiempo que lo seguía masturbando lentamente.

De repente, una ocurrencia hizo a Maurizio detenerse... Él jamás podría amar a Gabriel, lo que lo llenó de una rabia inmediata que solo conocía una descarga: las cosquillas. Maurizio detuvo su actividad y volvió a dirigirse a los pies de Gabriel, esta vez lamiéndolos y modisqueándolos suavemente con los dientes, lo que lo hizo estallar nuevamente en carcajadas. Maurizio separaba los dedos de los pies con sus manos e introducía su lengua entre aquellos pies con olor a patas.

Eventualmente, Maurizio comenzó a agotarse y decidió sacarle la leche a Gabriel, que a estas alturas tenía los huevos que imploraban una descarga. Nuevamente, lo masturbó y no se necesitó de mucho para que el hombre finalmente eyaculara chorros de semen en diversas direcciones. Maurizio, no obstante, aprovechó la ocasión para una última maldad: Tomo el aún erecto pene de Gabriel y con el pulgar comenzó a frotarle el hipersensible glande, ayudado por la misma lubricación del semen que acababa de largar.

Gabriel no podía aguantar la intensidad de aquel estímulo.
¡Basta, por favor! -gritaba, aunque también se reía. -¡Es demasiado intenso, quiero que me desates!

La estimulación de glande duró tan solo unos dos minutos, pero a Gabriel le parecían horas. Su cuerpo estaba hipersensible a las cosquillas, como siempre ocurre después del orgasmo. Maurizio aprovechó para hacer una nueva pasada de cosquillas en los costados, axilas, cuello, piernas... Especial mención al roce con que trató a sus testículos, los cuales generaron hasta gritos y risas desesperados.

Gabriel quedó exhausto y fue ahí cuando Maurizio decidió por fin desatarlo. El hombre no pareció molesto en lo absoluto y no se enojó realmente con Maurizio ni tampoco concretó ninguna de las venganzas que había dicho que le haría. 

Las cosquillas del sastre: una medida para un traje a medida

Había un hombre llamado Juan que necesitaba un traje nuevo para una boda a la que iba a asistir. Decidió ir a una tienda de sastrería cercana para que le tomaran las medidas y pudieran hacerle un traje a medida.

Al llegar a la tienda, se encontró con un sastre que lo recibió amablemente. El sastre comenzó a tomar las medidas de Juan, pidiéndole que levantara los brazos para tomar la medida de las axilas. Pero en lugar de simplemente tomar la medida, el sastre comenzó a hacerle cosquillas en las axilas de Juan.

Juan, sorprendido por la acción del sastre, comenzó a reír incontrolablemente. El sastre, riendo también, le explicó que era una forma de asegurarse de que las medidas fueran precisas, ya que cuando alguien se ríe, las axilas se expanden ligeramente y esto puede afectar la medida del traje.


Después de un momento, el sastre finalmente se detuvo, y Juan se compuso. Aunque se sentía un poco incómodo, no podía evitar reírse ante la situación. Finalmente, el sastre logró tomar todas las medidas necesarias y Juan se fue de la tienda con la promesa de que su traje estaría listo para la boda.

En la boda, Juan recibió muchos cumplidos por su traje a medida, y aunque no pudo evitar recordar la experiencia de las cosquillas en las axilas cada vez que se lo ponía, estaba contento con el resultado final. Desde entonces, Juan siempre se reía al recordar la anécdota de las medidas de su traje y el sastre que le hizo cosquillas en las axilas.


martes, 7 de marzo de 2023

Cosquillas y venganza en la oficina



Una vez, había un empleado llamado Juan que trabajaba en una oficina corporativa como asistente ejecutivo. Juan siempre había mantenido un aspecto impecable y elegante, pero un día, su jefe, el Sr. García, entró en la oficina y lo llamó. Juan se levantó y siguió al Sr. García hasta su despacho. Una vez dentro, el Sr. García le dijo que quería hablar con él sobre su apariencia personal.

"Juan, he notado que últimamente has estado luciendo un poco juvenil y quiero que empieces a parecer más maduro", dijo el Sr. Hernández.

Juan se sintió un poco incómodo con el comentario, pero trató de mantener la compostura. El Sr. Hernández continuó hablando y le explicó que una forma de lograr una apariencia más madura y masculina era dejando crecer su barba.

"Creo que una barba bien cuidada le daría a tu rostro un aspecto más definido y masculino, lo que sería beneficioso para tu carrera en esta industria", explicó el Sr. Hernández.

Juan no estaba contento con la idea, pero decidió obedecer las órdenes de su jefe. Al principio, intentó mantener su barba recortada y bien arreglada, pero pronto comenzó a disfrutar de la sensación de dejarse crecer la barba y decidió no recortarla más.

A medida que pasaban los días, la barba de Juan comenzó a crecer y a espesarse, y rápidamente se convirtió en una barba completa y gruesa. A pesar de que algunos de sus compañeros de trabajo lo admiraban por su nueva apariencia, otros se burlaban de él y lo llamaban "el leñador".

A pesar de esto, Juan estaba decidido a mantener su barba, y comenzó a aprender sobre los cuidados necesarios para mantenerla sana y limpia. Incluso comenzó a experimentar con diferentes estilos, desde una barba corta y recortada hasta una barba completa y desaliñada. Finalmente, el Sr. García se dio cuenta de que la nueva apariencia de Juan no era tan mala como pensaba, por lo que lo llamó a Juan a su oficina para hablar sobre su nuevo aspecto.

"Juan, te ves muy bien con esa barba. Realmente mejora tu apariencia y estoy seguro de que también te ayudará a destacar en tus proyectos", dijo el Sr. García mientras le daba un piquete en las costillas a Juan. Esto le causó cosquillas y Juan comenzó a reírse. El Sr. García se unió a él y ambos rieron juntos.

"Ya sabes, dicen que los hombres no pueden tener cosquillas", bromeó el Sr. García. "Pero no te preocupes, Juan, te ayudaré a superarlo".

El jefe, entonces, le pidió a Juan que se quitara la camisa. Juan se sintió un poco incómodo al principio, pero sabía que el Sr. García solo quería ayudarlo. Así que decidió seguir su sugerencia. El jefe, a continuación, dijo que quiso demostrar la resistencia de Juan con un desafío de cosquillas. Aunque Juan se sentía orgulloso de su barba y de su apariencia masculina, no estaba seguro de cómo se sentiría sobre un desafío así. Sin embargo, el Sr. García insistió en que era una forma de demostrar su lealtad y su resistencia, y Juan finalmente aceptó.

El jefe le ordenó a Juan poner los brazos tras su nuca y desafío de cosquillas comenzó con el Sr. García atacando las axilas peludas de Juan con sus dedos, causando que Juan se retorciera y se contorsionara con risas incontrolables. A medida que el tiempo pasaba, el sudor comenzó a gotear por la frente de Juan, pero él se negó a rendirse.

El jefe continuó atacando las axilas y las costillas de Juan con cosquillas implacables, pero Juan se resistió valientemente y luchó contra las risas. Después de 15 minutos de cosquillas, el Sr. García finalmente se detuvo, impresionado por la resistencia de Juan.

Juan se tomó unos minutos para recuperarse y respirar profundamente, sintiendo la humedad del sudor en su espalda y pecho. Aunque había sido un desafío difícil, Juan se sintió satisfecho por haber demostrado su resistencia y su valentía, y estaba más seguro que nunca.

Juan volvió a ponerse la camisa, pero se sintió incómodo al escuchar la siguiente petición del Sr. García de que se quitara los zapatos. ¿Sacarse los zapatos? ¿Cosquillas en los pies? Esto no era lo que había acordado. Pero, ¿cómo podría negarse ahora? Juan se sintió atrapado. El jefe parecía haber notado la renuencia de Juan, pero aun así le ordenó que se quitara los zapatos. Juan obedeció, tratando de ocultar sus pies lo mejor que pudo. El Sr. García no tardó en atacar, deslizando sus dedos por las plantas de los pies de Juan.

Juan inmediatamente estalló en risas, su cuerpo contorsionándose violentamente mientras trataba de liberarse de las cosquillas. El jefe no parecía tener piedad, alternando entre las plantas de los pies y los dedos de los pies de Juan, haciendo que este último se retorciera y se revolcara en el suelo. Juan descubrió que la base de sus dedos era particularmente sensible.

El sudor comenzó a empapar la camisa de Juan mientras continuaba riendo sin control, cada vez más débil y cansado. Finalmente, el Sr. García se detuvo, satisfecho con su victoria. Juan se quedó tendido en la silla, respirando con dificultad, tratando de recuperar el aliento.

El jefe se acercó y le dio una palmada en la espalda a Juan, como si estuviera felicitándolo. Pero Juan sabía que no era una victoria. Se sentía humillado, sin poder creer que había dejado que el jefe lo manipulara de esa manera. Juan decidió que tendría que hacer algo al respecto, y que nunca más permitiría que lo hicieran sentir así.

Juan esperó pacientemente su oportunidad de venganza contra el Sr. García. Sabía que no podía hacerlo en el trabajo, pero esperaría a que el momento fuera el adecuado.

Ese momento llegó unos meses después, cuando el Sr. García estaba en una importante videoconferencia con un cliente extranjero, que tenía al jefe nervioso. Juan sabía que era ahora o nunca. Se deslizó sigilosamente hacia la oficina del jefe, abrió la puerta sin hacer ruido y se acercó al escritorio.

Con cuidado, se agachó y se metió debajo del escritorio, gateó hasta las piernas del Sr. García y le quitó los zapatos, dejando al descubierto sus pies. El jefe estaba tan concentrado en la videoconferencia que al principio no se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Juan comenzó a deslizar sus dedos suavemente sobre las plantas de los pies del jefe, pero rápidamente aumentó la intensidad, aplicando presión con sus dedos.

"¡Juan, detente!", dijo el Sr. García entre dientes, resistiendo las cosquillas y tratando de parecer serio en la videollamada. El tema es que Juan le estaba haciendo cosquillas pasándose el pie de su jefe por su barba. Eventualmente, metió su lengua entre los dedos de sus pies, pese a que el su jefe intentaba en vano contraer sus dedos.

El Sr. García se movía en su silla, tratando de contener la risa y mantener su compostura frente al cliente extranjero, mientras Juan recorría con sus dedos ambos pies. Pero era inútil. Las cosquillas eran demasiado intensas y pronto se rió sin control. El cliente extranjero no sabía qué estaba sucediendo y parecía un poco confundido.

Finalmente, Juan se detuvo, se puso de pie y volvió a poner los zapatos del Sr. García en sus pies. Se acercó a la puerta y antes de salir, le dio una sonrisa malvada al jefe. "Eso es por las cosquillas que me hiciste hace unos días", dijo, y salió de la oficina.

El Sr. García estaba sin habla, tratando de recuperar el aliento y recuperar su compostura. Sabía que nunca volvería a subestimar a Juan y que las cosquillas eran un arma que podía volver en su contra. Desde ese día, el Sr. García nunca volvió a molestar a Juan y ambos siguieron adelante con sus trabajos.

La despedida de soltero

Esta historia se redactó teniendo en cuenta le entrada: Investigación: ¿Cosquillas en las bodas mexicanas?

Había un hombre llamado Juan, que se casaba pronto con el amor de su vida. Antes de la boda, sus amigos Andrés, Martín, Federico y Matías organizaron una despedida de soltero para celebrar y pasar un buen rato juntos. Sin embargo, las cosas se pusieron un poco intensas durante la noche.

Después de unas cuantas bebidas, los amigos de Juan comenzaron a hacerle cosquillas. Al principio, era divertido, pero después de unos minutos, la situación se salió de control.

Mientras los amigos de Juan se reían y celebraban, decidieron que era hora de comenzar a hacerle cosquillas. Lo agarraron y lo colocaron en una silla, sujetando firmemente sus brazos y piernas. Andrés comenzó haciendo cosquillas en los pies de Juan, y rápidamente se unieron los demás amigos.

Juan intentó liberarse de sus amigos, pero se encontraba rodeado de ellos, quienes seguían atacándolo con cosquillas sin piedad. Sus amigos lo mantenían sujeto con fuerza. Matías comenzó a hacer cosquillas en sus axilas, mientras que Federico se centró en su cuello. La risa de Juan se intensificaba y era cada vez más difícil para él respirar. Sus amigos parecían no tener piedad y continuaron con la broma por media hora.Para Juan, los minutos parecían eternos y la situación se estaba volviendo insoportable. Por momentos se sentía humillado y expuesto ante sus amigos, pero a la vez no podía evitar reír y llorar a la vez. La broma de las cosquillas se había salido de control, y aunque no quería que sus amigos dejaran de divertirse, ya no sabía cómo pedirles que detuvieran la broma.

Finalmente, la broma terminó cuando sus amigos lo masturbaron, haciéndolo acabar, y Juan pudo por fin recuperar el aliento. Aunque sus amigos estaban felices por haberle hecho pasar un buen rato, Juan no podía evitar sentirse un poco decepcionado por lo sucedido. Sabía que sus amigos no tenían malas intenciones, pero en el fondo se sentía un poco avergonzado y humillado por lo sucedido.

La boda de Juan fue un éxito y él y su esposa vivieron felices para siempre. Sin embargo, nunca olvidaría su despedida de soltero y la broma que sus amigos le hicieron con las cosquillas. A partir de ese día, Juan decidió que prefería mantener los pies en la tierra y no dejarse llevar por las bromas pesadas, prefiriendo disfrutar de la compañía de sus amigos sin llegar al extremo.

lunes, 6 de marzo de 2023

Cosquillas en el subte


Fabio se pavoneaba por el gimnasio como si fuera el dueño del lugar. No solo acaparaba las máquinas y las colchonetas, sino que también se olvidaba de limpiar el sudor después de cada uso. Además, tenía la costumbre de criticar a los demás miembros del gimnasio por sus habilidades y apariencia física.

Un día, mientras hacía su rutina en la bicicleta estática, Fabio notó a una joven que se acercaba a la máquina que estaba utilizando. "Lo siento, pero todavía la estoy usando", dijo Fabio de manera brusca. La chica se retiró, claramente frustrada.

Después de su entrenamiento, Fabio se dirigió a los vestuarios y se topó con otro miembro del gimnasio. "¿Qué te pasa? ¿No puedes levantar más peso?" dijo Fabio con una risa burlona. El otro hombre simplemente lo ignoró y siguió su camino.

Cuando Fabio entró en la ducha, el olor corporal era tan fuerte que uno de los otros miembros se quejó al personal del gimnasio. El gerente del gimnasio se acercó a Fabio y le dijo que necesitaba usar desodorante ya que algunos miembros se habían quejado del fuerte olor que desprendía. Pero Fabio se defendió de inmediato, alegando que así olían los hombres de verdad y que no iba a cambiar por los caprichos de unos cuantos miembros.

"¿Cómo te atreves a cuestionarme?", dijo Fabio con tono desafiante. "Soy un influencer con miles de seguidores, y muchas personas vienen a este gimnasio gracias a mis recomendaciones. No voy a cambiar mi olor por el capricho de unos cuantos miembros molestos".

El gerente del gimnasio se sintió atrapado, sabiendo que Fabio tenía cierta influencia en el gimnasio y no queriendo perder su membresía. Pero también sabía que tenía que hacer algo para abordar la situación.

Fabio era conocido en el gimnasio por su comportamiento inadecuado, especialmente con los nuevos miembros. Él solía hacer comentarios ofensivos y acaparar las máquinas cuando alguien nuevo ingresaba al lugar.

Joaquín era uno de los nuevos miembros del gimnasio y no había pasado mucho tiempo desde su llegada cuando Fabio comenzó a molestarlo. Él se acercó a Joaquín mientras hacía su rutina y comenzó a hacer comentarios despectivos sobre su forma de hacer ejercicio.

"¿Qué estás haciendo?", dijo Fabio con tono burlón. "Así no se hacen las cosas en este gimnasio. Deberías seguir mi rutina si quieres ver resultados".

Joaquín se sintió humillado y no sabía cómo responder a los comentarios de Fabio. Trató de ignorarlo y continuar con su entrenamiento, pero Fabio seguía acosándolo. Finalmente, Joaquín se detuvo y se enfrentó a su acosador.

"Deja de molestarme", dijo Joaquín enojado. "Solo quiero hacer mi entrenamiento en paz".

Pero Fabio no se detuvo. Continuó molestando a Joaquín durante el resto del entrenamiento, poniendo la música de su celular en un inadecuado volumen y haciendo comentarios ofensivos.

Fabio estaba en el vestuario ordenando su locker cuando Joaquín llegó. Se sentía un poco incómodo en presencia de Joaquín después de haber sido llamado la atención por su comportamiento inadecuado en el gimnasio.

Mientras Fabio estaba de espaldas con las manos levantadas, Joaquín aprovechó la oportunidad para hacerle cosquillas en las peludas axilas del hombre. Fabio se retorció y se rió, pero al mismo tiempo se sintió un poco avergonzado por la situación.

"¿Qué estás haciendo?", preguntó Fabio entre risas.

"Solo quería demostrarte que no eres tan rudo como pareces", respondió Joaquín.

Fabio se puso a la defensiva y amenazó a Joaquín.

"No te atrevas a decirle a nadie que tengo cosquillas", dijo Fabio con un tono amenazante. "Te arrepentirás".

Joaquín se sorprendió por la reacción de Fabio. "No te preocupes, no le diré a nadie", dijo Joaquín tratando de calmar la situación.

Fabio, por su parte, no aprendió nada de la situación y continuó con su comportamiento inadecuado en el gimnasio, acaparando las máquinas y siendo agresivo con otros miembros. Un día, Fabio se rio le preguntó a Joaquín si quería una toalla para secarse el sudor. Joaquín aceptó la toalla y se la pasó por la cara, agradecido.

Pero cuando Joaquín se secó la cara, notó que algo estaba mal. Fabio había usado esa misma toalla para limpiar el sudor de su cuerpo y le había dejado restos de sudor en la cara de Joaquín. Joaquín se sintió asqueado y se enojó con Fabio.

Fabio se rió de la broma y trató de disculparse, pero Joaquín estaba furioso. Le gritó y le dijo que no quería volver a hablar con él.

Una día, Joaquín se sorprendió de ver a Fabio en el mismo vagón de subte que él. A pesar de las malas experiencias que había tenido con Fabio en el gimnasio, decidió no hacer nada y simplemente mantener su distancia. Sin embargo, el hombre se dio cuenta de la presencia de Joaquín en el vagón y comenzó a mirarlo con desprecio. "¿Qué haces aquí?", preguntó Fabio con tono de burla.

Joaquín se sintió incómodo ante la actitud de Fabio, pero decidió no darle la satisfacción de una respuesta. En lugar de eso, decidió alejarse un poco y mezclarse con la multitud de gente en el vagón.

A medida que el subte avanzaba, Joaquín notó que Fabio seguía mirándolo con desprecio y se dio cuenta de que la situación se estaba volviendo tensa. Decidió que lo mejor era bajarse en la próxima parada y evitar cualquier confrontación con Fabio.

Pero justo cuando el subte se detuvo en la siguiente estación, la puerta del vagón se atascó y no se abrió. La gente comenzó a empujar y a ponerse ansiosa, y Joaquín se dio cuenta de que estaba atrapado en el mismo vagón que Fabio por un tiempo más.

Fabio, aprovechando la situación, comenzó a burlarse de Joaquín y a provocarlo con comentarios despectivos. Joaquín se sintió frustrado y molesto por la actitud de Fabio, pero decidió mantener la calma y esperar a que la puerta del vagón se abriera.

Finalmente, después de unos minutos de tensión, la puerta del vagón se abrió y Joaquín pudo salir del subte. Se sintió aliviado de estar fuera del vagón y de haber evitado cualquier confrontación con Fabio.

Al día siguiente, Joaquín decidió seguir a Fabio hasta el subte, pero esta vez sin que él se diera cuenta. Estaba determinado a enfrentarlo por su comportamiento inadecuado en el gimnasio y demostrarle que no estaba dispuesto a tolerar más sus provocaciones.

Cuando ambos se metieron en el mismo vagón, Joaquín se aseguró de mantener su distancia y no llamar la atención de Fabio. Esta vez, Fabio no se dio cuenta de que Joaquín estaba justo detrás de él al ingresar en el subte. El vagón estaba lleno de gente y Fabio tuvo que subir los brazos para dar lugar a la gente que entraba. Fabio, que estaba usando una musculosa gris, le brindó a Joaquín la oportunidad perfecta al exponer sus axilas peludas y parcialmente sudadas..

De repente, Joaquín aprovechó el momento en que Fabio tenía los brazos levantados para hacerle cosquillas en las axilas, tal como lo había hecho en el vestuario del gimnasio. Fabio se sorprendió pero evitó reírse, intentando liberarse de la mano de Joaquín. El hombre comenzó a moverse, contenido la risa, pero había tanta gente que no había hacia dónde ir.

Fabio intentó bajar los brazos para evitar el ataque de cosquillas de Joaquín, pero esto enojó a otro pasajero, quien le pidió que subiera los brazos nuevamente.

"¿Por qué bajas los brazos? ¡Hay que dar espacio para que la gente entre!" le dijo el hombre, molesto.

Fabio, un poco incómodo y avergonzado, levantó nuevamente los brazos para permitir que la gente recuperara lugar dentro del vagón. Sin embargo, Joaquín seguía haciendo cosquillas en sus axilas, y Fabio no podía contener su risa.

El subte se frenó de repente y se cortó la luz. La gente comenzó a quejarse y a mirar hacia las puertas, esperando que alguien les informara qué estaba pasando. Fabio se quedó quieto, intentando mantener la calma en la oscuridad, cuando de repente siente unas cosquillas en las axilas y las costillas.

"¡No puede ser!" exclamó Fabio, intentando evitar reírse. "¿De nuevo?"

"Si, el servicio en un desastre", dijo el pasajero a su lado, pensando que se refería al percance.

Joaquín supo aprovechar el tiempo. Se puso a buscar las tetillas tanteando el peludo pecho de Fabio, rozándolas y pellizcándolas alternativamente. Joaquín evitaba estallar carcajadas en la oscuridad, mientras siguió atacando al hombre con cosquillas en las zonas más sensibles de su cuerpo. Fabio intentó controlarse, pero el sudor comenzó a correr por su frente y su ropa comenzó a empaparse.

Fabio intentó moverse y evitar las cosquillas de Joaquín, pero una señora mayor lo reprendió.

"Joven, por favor, tenga un poco de respeto por los demás pasajeros", dijo la señora enojada. "No es momento para estar haciendo ese tipo de juegos".

Fabio se sintió un poco avergonzado y le pidió disculpas a la señora, pero no se animó a explicar que estaba siendo atacado con cosquillas y estimulado en sus tetillas.

Joaquín decide meterle la mano por dentro del pantalón y hacerle cosquillas a Fabio en la cabeza del pene, que a estas alturas ya se encontraba erecto. Fabio intentó controlar su risa y sus movimientos cuando los dedos de Joaquín comenzaron a frotar su sensible glande. El hombre trató de evitar el ataque moviendo la cintura, pero Joaquín fue persistente y logró continuar con su tarea. Los dedos de Joaquín se movían con facilidad por el glande de Fabio, ahora lubricado por su presemen. Joaquín tuvo la chance de explorar los grandes testículos de Fabio.

El aguante de Fabio ante esta situación empezó a flaquear, sobre todo cuando Joaquín empezó directamente a masturbarlo. La gente a su alrededor comenzó a mirarlos con sospecha y molestia, y algunos incluso empiezan a murmurar. Fabio evitaba gemir y trataba de detener a Joaquín, pero este siguió masturbándolo y estimulando su glande, hasta que eventualmente Fabio eyaculó.

Tras ese instante, el cuerpo de Fabio se volvió hipersensible. Joaquín aprovechó un momento para hacerle cosquillas en la panza. El hombre trató de contener la risa, pero fue imposible y estalló en carcajadas, lo que soprendió a todo el vagón.

Finalmente, el subte llegó a su destino y Fabio se bajó, aún riendo. Joaquín se disculpó por la broma y Fabio le dijo que estaba bien, aunque todavía estaba un poco incómodo por lo que había pasado.

Joaquín trató de explicarle que solo quería hacerle una broma y que no tenía intención de ofenderlo. Fabio lo escuchó, pero no parecía muy convencido.

Después de ese día, las cosas entre Fabio y Joaquín nunca volvieron a ser las mismas. Fabio seguía yendo al gimnasio y haciendo sus cosas, pero evitaba a Joaquín y se aseguraba de no dejarlo acercarse demasiado. Joaquín, por su parte, se alejó un poco y trató de hacer amigos entre los demás miembros del gimnasio, pero nunca volvió a acercarse a Fabio.

sábado, 4 de marzo de 2023

Pelea de cosquillas por el título de "macho alfa"

Ramiro y Daniel habían sido amigos desde la infancia y siempre habían sido muy competitivos entre ellos. Un día, mientras estaban sentados en el parque, Ramiro tuvo una idea.

Ramiro: "Oye, ¿qué te parece si hacemos una carrera? El que pierda tiene que recibir un ataque de cosquillas del otro."

Daniel: "¿En serio? No sé si eso es una buena idea."

Ramiro: "¡Vamos, no seas aburrido! Será divertido."

Daniel: "Está bien, pero ¿cuándo sería la carrera?"

Ramiro: "Mañana por la tarde, en el parque."

Al día siguiente, Ramiro y Daniel llegaron al parque y se prepararon para la carrera.

Ramiro: "¡Listos! ¿Estás preparado para perder?"

Daniel: "No creo que pierda, pero estoy listo para la carrera."

La carrera comenzó y los dos corrieron tan rápido como pudieron. Fue una carrera muy reñida, pero finalmente Daniel cruzó la línea de meta antes que Ramiro.

Daniel: "¡Gané!"

Ramiro: "¡No puede ser! ¡Te dejé ganar!"

Daniel: "Jajaja, no creo que lo hayas hecho. Ahora tienes que pagar la apuesta."

Ramiro: "Está bien, está bien. Pero ¿cuándo me cobrarás?"

Daniel: "Hmm, ¿qué te parece si lo hacemos el próximo fin de semana en mi casa?"

Ramiro: "De acuerdo, pero asegúrate de tener una almohada cerca para que no pueda moverme."

Daniel: "Jajaja, no te preocupes. Será una venganza muy dulce."

Ramiro y Daniel se rieron juntos, emocionados por el próximo fin de semana en el que se verían para cobrar la apuesta.

Llegó el día de la venganza de Daniel y Ramiro se presentó en su casa con cierto temor. Daniel estaba esperándolo con una sonrisa malvada en el rostro.

Daniel: "¿Estás listo para pagar tu deuda?"

Ramiro: "Sí, pero antes de empezar, debo bañarme. He estado haciendo ejercicio y tengo olor a chivo."

Daniel: "No importa, Ramiro. Quiero que pagues ahora mismo, así que quítate la remera."

Ramiro se sintió incómodo por la insistencia de Daniel, pero finalmente cedió y se quitó la remera. Daniel lo miró de arriba abajo y comenzó a reír.

Daniel: "Jajaja, parece que tienes unas buenas reservas de cosquillas en esa pancita."

Ramiro se sintió aún más incómodo, pero no quiso mostrar debilidad frente a su amigo.

Ramiro: "De acuerdo, Daniel. Puedes empezar cuando quieras."

Daniel se acercó a Ramiro y comenzó a cosquillearlo sin piedad en sus costillas. Ramiro intentó resistir, pero pronto se echó a reír con fuerza.

Ramiro: "¡Para, para! No puedo más, me duele el estómago."

Daniel finalmente se detuvo y se rió al ver a su amigo en el suelo, jadeando y riendo al mismo tiempo.

Daniel: "Jajaja, eso fue divertido. ¿Te sientes mejor ahora?"

Ramiro: "Sí, gracias. Pero no vuelvo a hacer una apuesta así contigo."

Daniel: "No te preocupes, Ramiro. Siempre podemos hacer otra apuesta en el futuro."

Ramiro se levantó del suelo y se puso la remera.

Ramiro: "Supongo que sí. Pero la próxima vez, asegúrate de que me haya bañado antes de cualquier cosa."

Daniel: No te preocupes, no hueles distinto a cualquier otro hombre.

Después de la venganza de Daniel, Ramiro no podía dejar de pensar en si su amigo también era cosquilloso. La curiosidad lo llevó a preguntarle.

Ramiro: "Oye, Daniel. ¿Tú eres cosquilloso también?"

Daniel: "¿Por qué lo preguntas? ¿Tienes alguna idea para una nueva apuesta?"

Ramiro: "No, no tengo nada en mente. Simplemente estoy curioso."

Daniel: "Bueno, no soy tan cosquilloso como tú, pero sí, tengo algunas zonas que me hacen reír."

Ramiro: "¿De verdad? ¿Cuáles son?"

Daniel: "Eso es un secreto, Ramiro. A menos que quieras apostar por ello."

Ramiro pensó por un momento, pero decidió no hacerlo.

Ramiro: "No, gracias. Solo estaba curioso. Pero espera un segundo..."

Daniel se quitó la remera, revelando su pecho cubierto de vello.

Ramiro: "¿Tú también tienes tanto pelo en el pecho?"

Daniel miró a Ramiro sorprendido.

Daniel: "Sí, ¿por qué?"

Ramiro: "No lo sé, solo me llamó la atención. Nunca te había visto sin camisa antes."

Daniel: "Jajaja, pues sí, también tengo bastante vello en el pecho. Supongo que es normal en los hombres."

Ramiro: "Sí, supongo que sí. Pero qué curioso, nunca lo había notado antes."

Ramiro se sentía aún más curioso y quería saber si Daniel era realmente tan resistente a las cosquillas como decía. Así que decidió hacerle una nueva propuesta.

Ramiro: "Oye, Daniel. ¿Te animarías a hacer otra apuesta?"

Daniel: "Depende de qué se trate. Ya me hiciste pagar mi deuda de la última vez."

Ramiro: "No, no es una apuesta para que pagues nada. Solo quiero ver si eres tan resistente a las cosquillas como dices."

Daniel: "¿Y qué propones?"

Ramiro: "Pon tus brazos detrás de la cabeza y aguanta cinco minutos de cosquilla sin bajarlos. Si lo logras, te doy cinco dólares."

Daniel se mostró indeciso al principio, pero finalmente aceptó el desafío.

Daniel: "Está bien, Ramiro. Lo haré. Pero aviso que no será fácil."

Ramiro se acercó a Daniel y comenzó a hacerle cosquillas en las axilas. Al principio, Daniel logró aguantar sin bajar los brazos y sin reírse, pero a medida que pasaban los minutos, comenzó a temblar y a jadear.

Ramiro: "¿Te estás rindiendo ya, Daniel?"

Daniel: "No... no puedo... aguantar... más..."

Finalmente, Daniel no pudo aguantar más y bajó los brazos, riéndose a carcajadas.

Daniel: "Jajaja, lo siento, Ramiro. No pude aguantar más."

Ramiro se rió junto a su amigo y le entregó los cinco dólares prometidos.

Ramiro: "Bueno, al menos lo intentaste. Eres bastante resistente, pero no tanto como decías."

Daniel: "Jajaja, eso creo. Pero valió la pena intentarlo. Siempre es divertido hacer este tipo de cosas con amigos como tú."

Ramiro se rio junto a su amigo, pero decidió contestarle con una broma, diciéndole que de los dos él siempre fue el macho alfa y que por eso aguanta mejor las cosquillas que Ramiro.

Ramiro: "Jajaja, ¿tú el macho alfa? No me hagas reír, Daniel. Siempre he sido yo quien ha ganado en nuestras apuestas de cosquillas."

Daniel se mostró sorprendido por la respuesta de Ramiro.

Daniel: "¿Cómo te atreves a decir eso, Ramiro? ¿No te acuerdas que te hice rendirte la última vez?"

Ramiro: "Sí, pero no olvides que yo también te hice rendirte en otras ocasiones. Y recuerda que siempre he sido el campeón de las cosquillas en nuestra pandilla."

Daniel se quedó pensando en lo que Ramiro decía y finalmente asintió, reconociendo su victoria.

Daniel: "Tienes razón, Ramiro. Tú siempre has sido el mejor en esto. Pero no te preocupes, algún día te venceré."

Ramiro estaba decidido a demostrarle a Daniel quién era el verdadero "macho alfa" en lo que se refiere a las cosquillas. Así que decidió lanzarle un desafío.

Ramiro: "Oye, Daniel. Si realmente quieres ver quién es el mejor en esto, ¿por qué no lo definimos de una vez por todas? Propongo una pelea de cosquillas sin remera. ¿Te animas?"

Daniel se mostró sorprendido por la propuesta de Ramiro, pero no quería quedar atrás en la competencia.

Daniel: "Está bien, Ramiro. Acepto tu desafío. Pero ten en cuenta que no será fácil para ti ganar."

Los dos amigos se quitaron las remeras y se prepararon para la pelea de cosquillas. Ramiro empezó atacando las costillas de Daniel, mientras que Daniel intentaba defenderse con sus brazos y piernas. Sin embargo, Ramiro demostró tener una gran habilidad en esto y logró hacer reír a Daniel con sus cosquillas.

Ramiro se preparó para la pelea de cosquillas y atacó las costillas de Daniel con fuerza. Daniel intentó defenderse con sus brazos y piernas, pero Ramiro parecía tener una habilidad especial para encontrar los puntos más sensibles en el cuerpo de su amigo.

Finalmente, Ramiro se enfocó en las axilas peludas de Daniel, sabiendo que esta zona era especialmente sensible para él. Comenzó a hacerle cosquillas en esta área, haciendo que Daniel riera y se retorciera de la risa.

Daniel: "Jajaja, para, Ramiro. No puedo aguantar más."

Ramiro se rió junto a su amigo, pero no estaba dispuesto a detenerse todavía. Continuó haciendo cosquillas en las axilas de Daniel, aprovechando cada oportunidad para hacerlo reír aún más.

Los dos amigos se retorcieron de risa mientras continuaban la pelea de cosquillas. Pronto, ambos estaban transpirados y agotados por la intensidad del juego.

Finalmente, Ramiro logró hacer reír a Daniel hasta el punto de que se rindió. Ramiro se detuvo y ambos se quedaron respirando fuerte, exhaustos por la pelea.

Ramiro: "Lo siento, Daniel. Pero te dije que no sería fácil para ti."

Daniel: "Sí, tienes razón. Eres el mejor en esto."

Ramiro se sintió satisfecho por su victoria, pero sabía que lo más importante era la amistad que compartía con Daniel.

Ramiro: "Bueno, no importa quién es el mejor en esto. Lo importante es que nos divertimos juntos y que seguimos siendo buenos amigos."

Daniel asintió, feliz de haber compartido un momento divertido con su amigo.

Daniel: "Sí, tienes razón. Y siempre será así, pase lo que pase."

Los dos amigos se abrazaron y continuaron disfrutando de su día juntos, sabiendo que la competencia no era lo más importante, sino su amistad y el disfrute mutuo de sus travesuras.

Leandro entró a la habitación y se sorprendió al ver a Daniel y Ramiro sin remera y sudados.

Leandro: "¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué están sin remera y sudados?"

Daniel: "Bueno, Ramiro y yo estábamos teniendo una pelea de cosquillas."

Ramiro: "Sí, fue una apuesta que hicimos y yo gané, así que estábamos celebrando."

Leandro se rió ante la explicación y se unió a la conversación.

Leandro: "Bueno, parece que se divirtieron bastante. Quizás debería unirme a la próxima pelea de cosquillas."

Ramiro: "¡Claro, por supuesto! Será divertido tener a un nuevo competidor."

Daniel: "Pero aviso de antemano, Leandro, Ramiro es muy hábil en hacer cosquillas. Así que prepárate para reírte mucho."

Leandro se rió ante la explicación de la pelea de cosquillas y les dijo a sus amigos que eso no era una forma muy madura de determinar quién era el "macho alfa".

Leandro: "Chicos, ¿en serio piensan que el tener más vello corporal o músculos los hace el macho alfa? Eso es una tontería. Yo soy el verdadero macho alfa aquí, no por mi barba o mis músculos, sino por mi inteligencia y habilidades sociales".

Ramiro, sintiéndose un poco retado por las palabras de Leandro, decidió desafiarlo a una pelea de cosquillas.

Ramiro: "¿Ah sí? ¿Estás tan seguro de que eres el macho alfa? Demuéstralo aguantando un ataque de cosquillas".

Leandro se rió y aceptó el desafío, quitándose la camisa para estar a la par con los demás.

Leandro: "De acuerdo, acepto el desafío. ¿Cuáles son las reglas?"

Ramiro: "Las mismas que la última vez. Tienes que aguantar 5 minutos de cosquillas sin bajar los brazos. Si los bajas, pierdes".

Leandro asintió y se preparó para la pelea de cosquillas. Daniel se encargó de contar los 5 minutos y Ramiro se encargó de hacer cosquillas a Leandro.

A pesar de sus músculos y su barba, Leandro resultó ser muy sensible a las cosquillas y no pudo aguantar los 5 minutos.

Leandro se preparó para la pelea de cosquillas, pero no esperaba que Ramiro fuera tan hábil con sus dedos. Ramiro comenzó haciendo cosquillas en las costillas de Leandro, pero cuando éste se empezó a mover demasiado, Daniel intervino y le sostuvo los brazos por detrás de la cabeza.


Con los brazos de Leandro sujetos, Ramiro aprovechó para hacerle cosquillas en las axilas, donde sabía que era especialmente sensible. Leandro intentó aguantar, pero las cosquillas eran demasiado intensas y no pudo evitar soltar risas.

Ramiro: "¿Quién es el macho alfa ahora, Leandro?"

Leandro: "¡Para, por favor, por favor!"

Daniel: "Vamos, aguanta un poco más. Sólo te quedan unos segundos."

Pero Leandro no pudo aguantar más y finalmente bajó los brazos, perdiendo el desafío.

Leandro: "¡No puedo más, no puedo más! ¡Ganaste, Ramiro!"

Ramiro y Daniel soltaron a Leandro y se rieron mientras recuperaban el aliento.

Leandro: "¡Lo siento chicos! No pude aguantar las cosquillas. Creo que tendré que resignarme a no ser el macho alfa después de todo".

Ramiro y Daniel se rieron y le dijeron que no importaba, que lo importante era divertirse y pasar tiempo juntos como amigos. Los tres se abrazaron y se prometieron seguir siendo amigos y haciendo locuras juntos. Después de la pelea de cosquillas, los amigos se sentaron en el sofá para descansar y empezaron a hablar sobre lo divertido que había sido el desafío.

Daniel: "No puedo creer lo divertido que fue todo esto. Me he reído más hoy que en todo el mes."

Leandro: "Sí, fue muy divertido. Pero no creo que haya muchas personas dispuestas a hacer lo que acabamos de hacer."

Ramiro: "Bueno, quizás podríamos organizar un torneo de cosquillas. Podría ser una forma de ganar dinero y de que más personas disfruten de la diversión."

Daniel: "Eso suena interesante. ¿Cómo podríamos hacerlo?"

Leandro: "Podríamos organizar un evento donde la gente se inscriba para competir. Podríamos establecer diferentes categorías, como por ejemplo, las axilas, las costillas, las plantas de los pies, etc. Y el ganador de cada categoría recibiría un premio en efectivo."

Ramiro: "¡Eso es genial! También podríamos vender boletos para el evento y tener un par de comentaristas para animar a la multitud."

Daniel: "Y, por supuesto, tendríamos que asegurarnos de que todo el mundo respete las reglas y los límites personales de los competidores."

Leandro: "Exacto. No queremos que nadie se lastime o se sienta incómodo."

Los amigos siguieron hablando sobre los detalles del torneo de cosquillas y se emocionaron con la idea de organizar un evento tan divertido y novedoso. Sabían que tendrían que trabajar duro para hacer realidad su idea, pero en realidad no estaban dispuestos a hacerlo y el proyecto terminó ahí.

Después de hablar sobre el torneo de cosquillas, los amigos decidieron seguir divirtiéndose con el tema y comenzaron a idear otro juego más posible de realizar con cosquillas y dados. Así fue como crearon el juego "Cosquillas explosivas", que anotaron en un papel.

Reglas del juego:
  • El juego se juega con dos o más jugadores.
  • Cada jugador debe poner las manos detrás de la espalda y cerrar los ojos.
  • En cada turno, el jugador activo lanza un dado de seis caras.
  • Si el jugador saca un número par, el jugador a su izquierda tiene que hacerle cosquillas en una parte del cuerpo elegida por el jugador activo. Si el jugador saca un número impar, el jugador a su derecha debe hacerle cosquillas.
  • El jugador activo tiene que aguantar las cosquillas durante el tiempo que el dado indica. Por ejemplo, si saca un 2, tiene que aguantar las cosquillas durante 2 segundos.
  • Si el jugador activo no puede aguantar las cosquillas, pierde el turno y debe recibir una penalización, como por ejemplo, hacer 10 flexiones de brazos o pagar una prenda.
  • Si el jugador activo logra aguantar las cosquillas, el turno pasa al siguiente jugador en sentido horario.
  • El juego continúa hasta que uno de los jugadores llega a un número preestablecido de puntos, como por ejemplo, 20.

Los amigos probaron el juego entre ellos y se divirtieron mucho con las cosquillas y las risas. Luego decidieron que podrían hacer tarjetas especiales con diferentes tipos de cosquillas para agregar más diversión al juego. Estaban emocionados por la idea de jugar este juego con más amigos y ver quién sería el campeón de las cosquillas explosivas.

Los amigos llamaron a Santiago, otro amigo que estaba aburrido y quería organizar algo. Los tres hombres le contaron todo y Daniel quiso jugar.

Ramiro: ¡Vamos a jugar! Yo empiezo tirando el dado.

Los otros tres asientieron y se acomodaron en el sofá).

Ramiro: ¡Ja! ¡Un cinco! ¡Eso significa que le toca a Daniel!

Daniel: (riendo) Bueno, que sea lo que sea, yo estoy listo.

Ramiro: (preparándose) ¡Aquí voy!

Ramiro se lanzó sobre Daniel, atacándolo con cosquillas en las axilas y las costillas, mientras Daniel se retorcía y reía sin poder controlarse.

Daniel: (riendo histéricamente) ¡Detente! ¡Detente!

Leandro: (riendo) Eso fue brutal, Ramiro.

Santiago: (riéndose) Sí, parece que Daniel está derrotado.

Daniel: (tratando de recuperar el aliento) No, no estoy derrotado todavía.

Después, Daniel sacó un 2 en el dado y decidió atacar a Leandro, quien se defendió con fuerza, (ataca a Leandro en las axilas y las costillas

Leandro: Adelante, demuéstrame lo que tienes.

Finalmente se rindió ante las cosquillas en sus axilas.

Leandro: (riendo a carcajadas) ¡Ah! ¡Es demasiado! ¡Basta!

Ramiro: (riendo) Eso es lo que sucede cuando te crees el macho alfa.

Sí, parece que Ramiro es el ganador - dijo Santiago, riendo.

Leandro: (riéndose) Bien jugado, Ramiro. Pero todavía creo que puedo vencerlos en la próxima partida.

Daniel: (riendo) Oh, sí, eso lo veremos.

Daniel: ¿Se dieron cuenta de algo interesante en esta partida de cosquillas explosivas?

Santiago: ¿A qué te refieres?

Daniel: Noté que los hombres con el pecho peludo fueron los más cosquillosos. Ramiro y Leandro perdieron rápidamente.

Santiago: Bueno, eso es cierto, vos también tenés pelo en el pecho y ganaste. Pero también creo que es una cuestión de resistencia. No todos podemos aguantar las cosquillas por mucho tiempo.

Leandro: Sí, es verdad. Yo tengo barba y músculos, pero no pude aguantar las cosquillas en las axilas.

Ramiro: Yo tengo mucho pelo en el pecho, pero no sirvió de nada para resistir las cosquillas.

Daniel: Bueno, independientemente de quién ganó y quién perdió, fue una partida muy divertida. Deberíamos hacerlo más seguido.

Daniel: Definitivamente. Y tal vez podríamos agregar algunas reglas nuevas para la próxima vez.

Santiago: Sí, y también podríamos invitar a más amigos a jugar.

Leandro: Bueno, pero la próxima vez asegurémonos de tener algún premio para el ganador. Como una cena gratis o algo así.

Daniel resaltó que los perdedores debían recibir su prenda. Él y Santiago decidieron que después de perder la partida de "Cosquillas explosivas", Leandro y Ramiro debían enfrentarse en un duelo final. Ambos se sentaron en el suelo, frente a frente y sin remera, y comienzan a atacarse mutuamente con cosquillas en diferentes partes del cuerpo.

Leandro comenzó haciéndole cosquillas en las costillas de Ramiro, mientras éste se retorcía de risa y trataba de defenderse. Ramiro logró zafarse y atacó las axilas de Leandro, haciendo que éste se riera a carcajadas y tratara de protegerse. La batalla de cosquillas continuó, con ambos hombres transpirando y sin poder contener la risa.

Finalmente, Ramiro logró hacerle cosquillas en los pies de Leandro, lo que lo hizo retorcerse y estallar en carcajadas. Leandro no pudo aguantar más y se rindió, reconociendo que Ramiro es el vencedor del duelo de cosquillas.

Los amigos se abrazan y rieron, contentos por el entretenido juego que han creado. Ramiro se burló de Leandro por ser el "macho alfa" pero haber perdido en el duelo de cosquillas, mientras que Daniel se rió de todos, asegurando que él es el verdadero ganador por no haber perdido ningún duelo. Juntos, planearon organizar un próximo torneo de cosquillas y se despidieron con una sonrisa en el rostro.

De repente, Leandro hizo un comentario: "¡Santiago no fue cosquilleado por nadie!" Los amigos se miraron y no faltó más para que los tres amigos se le tiraran encima. No fue difícil someterlo, teniendo en cuenta que Santiago estaba sin remera. Santiago no pudo evitar soltar una carcajada cuando Leandro comenzó a cosquillearlo.

Ramiro: Jajaja, parece que guardamos lo mejor para el final.

Ramiro comenzó a hacer cosquillas en las costillas de Santiago, haciendo que se riera y se contorsionara. Pero luego, Ramiro bajó las manos a las axilas de Santiago y comenzó a hacer cosquillas allí.

Santiago: Jajaja, no, no, por favor, jajaja.

Daniel: Jajaja, ¡parece que las axilas de Santi son su punto débil!

Leandro: Jajaja, definitivamente.

Ramiro continuó haciendo cosquillas en las axilas de Santiago, quien comenzó a sudar profusamente mientras se reía a carcajadas. Los otros amigos se rieron mientras Ramiro seguía haciendo cosquillas en Santiago, quien luchaba por mantener la compostura.

Santiago: Jajaja, para, para, jajaja.

Ramiro: Jajaja, ¿te estás divirtiendo?

Santiago: Jajaja, no tanto como tú, jajaja. Jajaja, para, para, jajaja, ¡estoy sudando!

Ramiro: Jajaja, lo siento, amigo, pero no puedo parar ahora. Tienes demasiado pelo, ¡es demasiado tentador!

Ramiro comenzó a hacer cosquillas en las costillas de Santiago, mientras Santiago intentaba resistir la risa. Pero entonces, Daniel se unió y comenzó a hacerle cosquillas en los pies. La combinación de las cosquillas en las costillas y los pies hizo que Santiago se retorciera en la silla, sudando profusamente mientras luchaba por contener la risa.

Santiago: Jajaja, para, para, no puedo respirar.

Daniel: Jajaja, esto es divertido, ¿no creen chicos?

Leandro: Jajaja, definitivamente es entretenido ver a Santiago reaccionar así.

Ramiro: Jajaja, ¿te rindes ya, Santiago?

Santiago: ¡Eso nunca!

Leandro vio un generoso bulto en los pantalones de Santiago, cosa que sus amigos también habían notado. Como nadie había detenido cosquillas a Santiago, Leandro se unió a la diversión. Se acercó a Santiago, le bajó el short y el boxer de un solo tirón, liberando a su erecto pene y le hizo cosquillas en las bolas, una zona especialmente sensible para él.

Santiago: ¡Ahhh! Jajaja, ¡Leandro, para, para!

Leandro: Jajaja, ahora es mi turno de unirme a la diversión.

Daniel y Ramiro se rieron mientras Leandro continuaba haciendo cosquillas en las bolas y la entrepierna de Santiago. A pesar de que Santiago intentaba resistir la risa, sus cosquillas eran demasiado intensas y no podía evitar reírse. Santiago intentaba aguantar las cosquillas de sus amigos, pero era más de lo que podía soportar. La risa lo hiperventilaba y sentía que se le escapaba el aire de los pulmones.

Santiago: ¡Jajaja, por favor, deténganse! ¡Ya no puedo más!

Daniel: ¡Jajaja, esto es demasiado divertido!

Ramiro: ¡Jajaja, aún no hemos terminado contigo, Santi!

Pero justo cuando Ramiro se acercó para hacerle cosquillas en las costillas, Santiago acabó. Fue una acabada fuerte y repentina que tomó a todos por sorpresa. Santiago se detuvo de repente y se tocó el pene, sorprendido por lo que acababa de pasar.

Santiago: ¿Qué demonios acaba de pasar?

Leandro: Jajaja, parece que has acabado, Santiago.

Ramiro: Jajaja, quizás deberíamos haber usado pañuelos antes de empezar con las cosquillas.

Después de unos minutos, Leandro finalmente se detuvo y los cuatro amigos se recostaron en el sofá, cansados pero felices.

Santiago se disculpó con sus amigos por tener que retirarse, pero explicó que se sentía sudado y que prefería tomar una ducha para refrescarse.

Santiago: Chicos, no me tomen a mal, pero creo que debería ducharme. Estoy chivado y apesta un poco.

Daniel: Jajaja, no hay problema, Santi. Eso solo significa que nos divertimos demasiado.

Ramiro: Sí, definitivamente fue una noche divertida. Gracias por ser parte de esto, Santiago.

Leandro: Totalmente de acuerdo. ¡Gracias por hacer esto posible, Santiago!

Santiago sonrió y se despidió de sus amigos antes de dirigirse al baño. Mientras se quitaba la ropa, no podía dejar de pensar en lo bien que lo había pasado. A pesar de que se sentía agotado, también se sentía feliz y agradecido por tener amigos como DanielRamiro y Leandro.

Después de tomar una ducha refrescante, Santiago se unió a sus amigos en la sala de estar y continuaron charlando y riendo juntos. Aunque la noche de cosquillas había terminado, los lazos de amistad entre los cuatro amigos se habían fortalecido aún más.

jueves, 2 de marzo de 2023

La broma de las cosquillas en el parque de anillas.

Miguel que era un apasionado de la calistenia y le encantaba hacer ejercicio con sus anillas en el parque cercano a su casa. Cada mañana, sin falta, Miguel se dirigía al parque para hacer su rutina de entrenamiento.

Un día, mientras estaba colgado de las anillas haciendo una serie de ejercicios, sintió algo extraño en sus costillas. Al principio, pensó que era solo el sudor que le caía por el cuerpo, pero luego se dio cuenta de que alguien estaba haciéndole cosquillas y que se trataba de manos. Dos manos que lo atacaban con cosquillas implacablemente, ahora en sus axilas.

Miguel se giró para ver quién estaba detrás de la broma, pero no había nadie. Solo se escuchaban risas y risitas provenientes de algún lugar cercano. Miguel intentó concentrarse en su entrenamiento, pero las cosquillas no paraban, cada vez eran más intensas y Miguel no podía controlar sus risas y su cuerpo temblaba.


Finalmente, Miguel cayó de las anillas al suelo, completamente agotado y rendido. Cuando logró recuperar el aliento, se dio cuenta de que su pequeño hermano se había escondido detrás de un árbol cercano y le había cosquillas mientras él hacía ejercicio.

Ella se rió y dijo: "¡Tu cuerpo musculoso y peludo es demasiado irresistible!". Miguel se unió a su risa y se dio cuenta de lo mucho que amaba a su hermano por hacerlo reír y por ser tan espontáneo y divertida.

miércoles, 1 de marzo de 2023

Cosquilleado en el mar: La leyenda de Roberto y los peces.

Roberto era un nadador experimentado. Solía disfrutar de la sensación de libertad que sentía cuando estaba en el agua, y solía nadar en el mar todos los días.

Un día, mientras nadaba en el mar, Roberto notó que algunos pequeños peces comenzaron a rodearlo y a nadar a su alrededor. Al principio, esto no le pareció extraño, ya que a menudo veía peces mientras nadaba. Pero luego, los peces empezaron a picotearle el cuerpo.

Roberto trató de espantar a los peces, pero no parecía tener éxito. De repente, se dio cuenta de que los peces le estaban haciendo cosquillas, y no podía dejar de reírse. Los peces nadaban alrededor de él, picoteando sus axilas, costillas y el resto de su cuerpo, y Roberto se contorsionaba y reía sin control.
Roberto nadó hacia la orilla, pero los peces aún seguían detrás de él, haciendo cosquillas. Finalmente, Roberto logró salir del agua y se tumbó en la arena, tratando de recuperar el aliento. Los peces finalmente se alejaron de él, y Roberto se quedó en la playa riendo y tratando de sacudirse la sensación de cosquilleo.

Desde ese día, Roberto se convirtió en una leyenda en la playa, y la gente solía decir que si veías a los peces rodeando a un nadador y escuchabas risas en el mar, era porque Roberto estaba disfrutando de otro ataque de cosquillas.