martes, 7 de marzo de 2023

Cosquillas y venganza en la oficina



Una vez, había un empleado llamado Juan que trabajaba en una oficina corporativa como asistente ejecutivo. Juan siempre había mantenido un aspecto impecable y elegante, pero un día, su jefe, el Sr. García, entró en la oficina y lo llamó. Juan se levantó y siguió al Sr. García hasta su despacho. Una vez dentro, el Sr. García le dijo que quería hablar con él sobre su apariencia personal.

"Juan, he notado que últimamente has estado luciendo un poco juvenil y quiero que empieces a parecer más maduro", dijo el Sr. Hernández.

Juan se sintió un poco incómodo con el comentario, pero trató de mantener la compostura. El Sr. Hernández continuó hablando y le explicó que una forma de lograr una apariencia más madura y masculina era dejando crecer su barba.

"Creo que una barba bien cuidada le daría a tu rostro un aspecto más definido y masculino, lo que sería beneficioso para tu carrera en esta industria", explicó el Sr. Hernández.

Juan no estaba contento con la idea, pero decidió obedecer las órdenes de su jefe. Al principio, intentó mantener su barba recortada y bien arreglada, pero pronto comenzó a disfrutar de la sensación de dejarse crecer la barba y decidió no recortarla más.

A medida que pasaban los días, la barba de Juan comenzó a crecer y a espesarse, y rápidamente se convirtió en una barba completa y gruesa. A pesar de que algunos de sus compañeros de trabajo lo admiraban por su nueva apariencia, otros se burlaban de él y lo llamaban "el leñador".

A pesar de esto, Juan estaba decidido a mantener su barba, y comenzó a aprender sobre los cuidados necesarios para mantenerla sana y limpia. Incluso comenzó a experimentar con diferentes estilos, desde una barba corta y recortada hasta una barba completa y desaliñada. Finalmente, el Sr. García se dio cuenta de que la nueva apariencia de Juan no era tan mala como pensaba, por lo que lo llamó a Juan a su oficina para hablar sobre su nuevo aspecto.

"Juan, te ves muy bien con esa barba. Realmente mejora tu apariencia y estoy seguro de que también te ayudará a destacar en tus proyectos", dijo el Sr. García mientras le daba un piquete en las costillas a Juan. Esto le causó cosquillas y Juan comenzó a reírse. El Sr. García se unió a él y ambos rieron juntos.

"Ya sabes, dicen que los hombres no pueden tener cosquillas", bromeó el Sr. García. "Pero no te preocupes, Juan, te ayudaré a superarlo".

El jefe, entonces, le pidió a Juan que se quitara la camisa. Juan se sintió un poco incómodo al principio, pero sabía que el Sr. García solo quería ayudarlo. Así que decidió seguir su sugerencia. El jefe, a continuación, dijo que quiso demostrar la resistencia de Juan con un desafío de cosquillas. Aunque Juan se sentía orgulloso de su barba y de su apariencia masculina, no estaba seguro de cómo se sentiría sobre un desafío así. Sin embargo, el Sr. García insistió en que era una forma de demostrar su lealtad y su resistencia, y Juan finalmente aceptó.

El jefe le ordenó a Juan poner los brazos tras su nuca y desafío de cosquillas comenzó con el Sr. García atacando las axilas peludas de Juan con sus dedos, causando que Juan se retorciera y se contorsionara con risas incontrolables. A medida que el tiempo pasaba, el sudor comenzó a gotear por la frente de Juan, pero él se negó a rendirse.

El jefe continuó atacando las axilas y las costillas de Juan con cosquillas implacables, pero Juan se resistió valientemente y luchó contra las risas. Después de 15 minutos de cosquillas, el Sr. García finalmente se detuvo, impresionado por la resistencia de Juan.

Juan se tomó unos minutos para recuperarse y respirar profundamente, sintiendo la humedad del sudor en su espalda y pecho. Aunque había sido un desafío difícil, Juan se sintió satisfecho por haber demostrado su resistencia y su valentía, y estaba más seguro que nunca.

Juan volvió a ponerse la camisa, pero se sintió incómodo al escuchar la siguiente petición del Sr. García de que se quitara los zapatos. ¿Sacarse los zapatos? ¿Cosquillas en los pies? Esto no era lo que había acordado. Pero, ¿cómo podría negarse ahora? Juan se sintió atrapado. El jefe parecía haber notado la renuencia de Juan, pero aun así le ordenó que se quitara los zapatos. Juan obedeció, tratando de ocultar sus pies lo mejor que pudo. El Sr. García no tardó en atacar, deslizando sus dedos por las plantas de los pies de Juan.

Juan inmediatamente estalló en risas, su cuerpo contorsionándose violentamente mientras trataba de liberarse de las cosquillas. El jefe no parecía tener piedad, alternando entre las plantas de los pies y los dedos de los pies de Juan, haciendo que este último se retorciera y se revolcara en el suelo. Juan descubrió que la base de sus dedos era particularmente sensible.

El sudor comenzó a empapar la camisa de Juan mientras continuaba riendo sin control, cada vez más débil y cansado. Finalmente, el Sr. García se detuvo, satisfecho con su victoria. Juan se quedó tendido en la silla, respirando con dificultad, tratando de recuperar el aliento.

El jefe se acercó y le dio una palmada en la espalda a Juan, como si estuviera felicitándolo. Pero Juan sabía que no era una victoria. Se sentía humillado, sin poder creer que había dejado que el jefe lo manipulara de esa manera. Juan decidió que tendría que hacer algo al respecto, y que nunca más permitiría que lo hicieran sentir así.

Juan esperó pacientemente su oportunidad de venganza contra el Sr. García. Sabía que no podía hacerlo en el trabajo, pero esperaría a que el momento fuera el adecuado.

Ese momento llegó unos meses después, cuando el Sr. García estaba en una importante videoconferencia con un cliente extranjero, que tenía al jefe nervioso. Juan sabía que era ahora o nunca. Se deslizó sigilosamente hacia la oficina del jefe, abrió la puerta sin hacer ruido y se acercó al escritorio.

Con cuidado, se agachó y se metió debajo del escritorio, gateó hasta las piernas del Sr. García y le quitó los zapatos, dejando al descubierto sus pies. El jefe estaba tan concentrado en la videoconferencia que al principio no se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Juan comenzó a deslizar sus dedos suavemente sobre las plantas de los pies del jefe, pero rápidamente aumentó la intensidad, aplicando presión con sus dedos.

"¡Juan, detente!", dijo el Sr. García entre dientes, resistiendo las cosquillas y tratando de parecer serio en la videollamada. El tema es que Juan le estaba haciendo cosquillas pasándose el pie de su jefe por su barba. Eventualmente, metió su lengua entre los dedos de sus pies, pese a que el su jefe intentaba en vano contraer sus dedos.

El Sr. García se movía en su silla, tratando de contener la risa y mantener su compostura frente al cliente extranjero, mientras Juan recorría con sus dedos ambos pies. Pero era inútil. Las cosquillas eran demasiado intensas y pronto se rió sin control. El cliente extranjero no sabía qué estaba sucediendo y parecía un poco confundido.

Finalmente, Juan se detuvo, se puso de pie y volvió a poner los zapatos del Sr. García en sus pies. Se acercó a la puerta y antes de salir, le dio una sonrisa malvada al jefe. "Eso es por las cosquillas que me hiciste hace unos días", dijo, y salió de la oficina.

El Sr. García estaba sin habla, tratando de recuperar el aliento y recuperar su compostura. Sabía que nunca volvería a subestimar a Juan y que las cosquillas eran un arma que podía volver en su contra. Desde ese día, el Sr. García nunca volvió a molestar a Juan y ambos siguieron adelante con sus trabajos.

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