jueves, 23 de abril de 2020
lunes, 20 de abril de 2020
Deserción
Joaquín trabajaba como enfermero en las Fuerzas Armadas, más precisamente en el Hospital Naval. Recientemente, estaba deprimido por haber cortado con la novia, así que para marzo del 2020 planeó unas vacaciones. Cuando ocurrió la cuarentena de ese año, no solo le interrumpieron sus vacaciones, sino que además recibió la orden de que su jornada laboral se extendería a turnos de 23 horas y guardias a demanda. Joaquín, que ya venía acumulando otros atropellos en el ejército, decidió renunciar. Inició el trámite correspondiente y no apareció más
Ahora, las bajas en el ejército no son inmediatas y quizá Joaquín hizo mal en renunciar en plena cuarentena. En sus planes, estaba conservar otro trabajo que tenía en otra clínica y luego de unas pequeñas vacaciones impagas, buscaría nuevamente trabajo para ocupar sus horas. ¿Qué sucedió? Joaquín recibió una carta documento un viernes que decía lo siguiente:
Requiero haga su prresentación en el departamento personal del hospital aeroenáutico central dentro e las 48 horas de recibida la presente a efectos de reguarizar su situación administrativa. Debido a su ausencia injustificada desde el 20 de marzo del corriente a la fecha, bajo apercibimiento de haber incurrido en falta gravísima "deserción", conforme el anexo IV, título II, capíyulo III, art. 13, inc. 15 apartado a) de la ley n° 26.394. Queda ud. debidamente notificado.
Capitán Leandro G. Ortega
Joaquín descubrió que todo ese enunciado de leyes, básicamente, se referían a la deserción de las FFAA, donde se castigaba con prisión a quien pusiera en rieso a otros militares.
Mierda— pensó, mientras agarraba el teléfono para hablar con Gabriel, un colega que había renunciado el año anterior.
Le mandó un audio de voz a Gabriel contando lo sucedido y él le respondió que se quedara tranquilo: a él también le había sucedido lo mismo por no respetar los tiempos de las bajas del ejército. Gabriel le recomendó a Joaquín que ni siquiera fuera. Joaquín sintió culpa de ni siquiera aparecer, por lo que Gabriel le terminó diciendo que si tanto quería, solamente fuera al hospital a firmar algún papel que ellos necesitaran, pero que ni se le ocurra ir en ambo.Esta llamada tranquilizó a Joaquín, aunque parcialmente. Al otro día, se dirigió al Hospital tarde durante la mañana, vestido "de civil", como le había recomendado su colega.
Básicamente, el Capitán Ortega le dijo de todo, menos lindo: que era un irresponsable, que cómo podía ser que renunciara en el medio de la pandemia. Joaquín se quiso defender con el argumento de las vacaciones y que había cortado con la novia, pero eso al Capitán le pareció insuficiente.
¿Sabe usted que es lo peor? —le preguntó a los gritos. —Que nadie que se fue de la forma que lo hizo usted volvió a aparecerse así, vestido de civil... ¿A qué vino, a decirme en la cara que le chupa un huevo?
Joaquín se sintió avergonzado y bastante estúpido... No tenía más argumentos, así que en cierto momento se paró para irse del despacho de Ortega.
¿A dónde va? —le dijo Ortega, poniéndose de pie e interrumpiendo al enfermero. —Aparte de desconsiderada, tu actitud de venir aquí fue estúpida. Ya mismo se pone su ambo y se va a trabajar.
Discúlpeme, pero no vine con la idea de quedarme —respondió Joaquín —Aparte no traje el ambo.
Eso no es problema —respondió el Capitán, tomando el teléfono de línea. —Hola... si... Traigan un ambo para el teniente Gomez.
Joaquín no tuvo siquiera tiempo de decir demasiado. En pocos segundos, siete hombres se presentaron. No vio bien las jerarquías de todos ellos, habían almirantes y al menos algún vicealmirante. Uno de ellos llevaba un ambo blanco.
Joaquín pensaba a toda velocidad. ¿Qué hacían esos siete almirantes ahí? Por la velocidad, había algo planeado. En el ejército las historias de humillación sobraban.
Póngaselo ya mismo —ordenó Ortega, entregándole las prenas.
Me voy —dijo firmemente Joaquín, pero ninguno de los 7 militares se corrió para dejarle pasar.Por última vez, póngase el ambo —repitió el Capitán Ortega —De esta oficina usted no sale vestido así como vino.
Joaquín tuvo un arrebato y tiró el ambo sobre la silla donde había estado sentida antes. Ni el Capitán ni nadie se conmovió. En su lugar, hizo un seña e inmediatamente, los siete marines saltaron sobre Joaquín y lo empujaron al gran escritorio del Capitán. Jaquín luchaba inútilmente. Sin embargo, de a poco cedió una vez que comenzaron a quitarle la ropa y a atarlo con en X. En segundos, su cuerpo desnudo y musculoso se retorcía contra las cuerdas y los convenientes nudos de amarres.
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| Nudos de marinero, no hay nada qué hacerle... |
Usted abandonó su deber en tiempo de catástrofe —dijo el Capitán —renunciando intempestivamente...
¡Malditos! —gruñó el enfermero— ¡Déjenme ir ahora o los voy a matar!"
Las amenzas de Joaquín fueron inútiles. Esta forma de castigo estaba planeada y su mejor parte es que no le dejaría a Joaquín ninguna marca ni pista visible que él pudiera mostrar luego... Pero por supuesto, que lo pondría en su lugar. El Capitán abrió un cajón y sacó varias plumas y las pasé. Joaquín de repente dejó de gritar, pero comenzó a luchar aún más para escapar.
Así que usted dice que se encuentra deprimido porque lo dejó la novia... —dijo el Capitán —Bueno, vamos a tratar de alegrarle la mañana, a ver si vuelve a trabajar.
Espere, no va a ... oh, no ... no, por favor ..." —se horrorizó Joaquín.
De repente, Joaquín estaba sudando y hablando en voz baja y silenciosa. Claramente, esto era algo para lo que Joaquín no estaba preparado.
Uno de los almirantes se acercó a sus pies indefensos y comenzó a acariciar ligeramente su pie izquierdo. Incluso antes de que se acercara, Joaquín trató de alejarse, abriendo sus ojos con nerviosa anticipación. Cuando le puso la pluma entre los dedos de los pies, se mordió el labio e intentó mantener la compostura. Pero no duró mucho. En cuestión de minutos, se estaba riendo sin control, girando para alejarse. Le dio la vuelta a la pluma y usó el extremo de ella sobre sus plantas. Ante esto, Joaquín perdió el control totalmente y comenzó a reírse histéricamente, rogándole que parara. Para entonces, todos los demás habían avanzado y estában sobre él, usando plumas y dedos en sus pies, axilas, estómago y bolas. Joaquín aulló de risa, retorciéndose impotente contra las cuerdas. Cuanto más le hacían cosquillas a su cuerpo sensible, más se reía y suplicaba.
"¡Alto! ¡Ja! ¡Ja! ¡Por favor! ¡Aaahh! ¡Ja! ¡Ja! No puedo soportarlo. No. ¡Ja! ¡Ja! ¡Por favor, no más!" chilló entre estallidos de risa incontrolable.
Durante la siguiente media hora torturaron al enfermero, hasta que se empapó de sudor y lloraba de risa. Transpiraba y olía como si hubiera corrido una maratón. Era hipersensible en todas partes, pero su tamaño 44 pies tenía que ser la parte más sensible. Un par de hombres se juntaron y se turnaron para trabajar en sus suelas, haciendo patrones circulares con sus dedos y trabajando las plumas alrededor de los dedos de sus pies.
Joaquín simplemente se volvió loco, arqueando la espalda y gritando por piedad. Sus costados y axilas peludas también eran muy sensibles y él giraba y se retorcía en un vano intento de escapar de tantos dedos.
Durante todo este tiempo, todas las pijas de aquellos hombres se pusieron duras como una roca, especialmente cuando Joaquín gritó más fuerte y suplicó con mayor intensidad. Finalmente, un hombre disparó su semen... Luego extendió su semen en el pene de Joaquín y comenzó a sacudirlo lentamente. En cuestión de segundos, Joaquín se estaba volviendo loco, su pene gigante, rígido y palpitante, lista para acabar. Cuando todos atacaron sus suelas, axilas y costillas una vez más, dejó escapar un grito y acabó en chorros gigantes sobre él y la cama. El Capitán no pudo contenerse más y acabó durante minutos interminables.
Después de que todos se recuperamos, desataron el cuerpo empapado y exhausto de Joaquín y los almirantes abandonaron la oficina.
¿Vas a ponerte el ambo?— ofreció nuevamente el Capitán de Recursos Humanos.
Joaquín se lo uso a toda prisa, pero solamente para poder salir de aquella oficina y salir corriendo del Hospital al que nunca pensaba volver.
Es una pena— dijo el Capitán a uno de los almirantes, viendo salir corriendo a Joaquín— si me decía que no se ponía el ambo, le hubiera firmado la baja ahora mismo... ¡Cítenlo para la semana que viene!
jueves, 16 de abril de 2020
La oportunidad del carpintero
Maurizio es un carpintero de una localidad de Provincia, que trabaja en un galpón ubicado al lado de su casa. De todos los pedidos que puede tener un carpintero, cierta vez recibió un encargo muy particular. Habiendo recibido un generoso pago por adelantado, se le pidió adaptar una camilla e incorporarle un cepo en cada extremo. Claramente, se trataba de algo sexual. No era un trabajo difícil, pero sin embargo esto reavivó en él un antiguo fetiche que el creía haber dejado en el pasado: las cosquillas en los pies de hombres. Nunca había concretado ningún encuentro; es más, él estaba casado con una mujer con quien estaba casi permanentemente.
Maurizio llamó al número indicado cuando la singular camilla estuvo lista, para que así su dueño pasara a buscarla. Al otro día, apareció Ezequiel en su auto.
Buen día, vengo a buscar la camilla... —dijo el hombre, tratando de encontrar una palabra que definiera aquel encargo, algo nervioso.
Ezequiel estaba vestido con una remera blanca y un jogging gris. Medía 1,76 y llevaba el pelo corto. Tendría unos 35 años, flaco, con barba. Maurizio también recordó, aparte de su gusto por los pies masculinos, que en el pasado le habían llamado la atención los tipos pelados con barba o que simplemente tuvieran barba, No sabía por qué, pero secretamente amana a los barbudos y con pelo en todos lados. Y la barba de Ezequiel, pensaba Maurizio -pensaba-, estaba para peinarla y hacerle formitas
Si, por pasá acá —respondió Maurizio.
Ambos hombres ingresaron al galpón y fueron hasta el fondo, donde estaba listab la famosa camilla, a la que se le habían adaptado cepos para los brazos y los pies.
Disculpame la curiosidad, ¿Puedo preguntar qué destino tiene este mueble? —preguntó Maurizio
Si, todo bien —respondió Ezequiel, mirando el mueble. —Planeo armar un negocio organizando reuniones BDSM y este es... parte del moviliario.
¿Y cómo es eso? —quiso saber el carpintero
Lo voy a hacer como emprendimiento, como un ingreso extra —explicó su cliente —Voy a administrar un espacio para que parejas o grupos tengan sus sesiones ahí.
Ya veo... —respondió Maurizio, parcialmente satisfecho con la respuesta— ¿Querés probarlo?
¿Cómo probarlo? —repreguntó Ezequiel.
Si, para ver si está firme y bien las medidas —respondió Maurizio— Yo no puedo acostarme y ponerme las trabas solo, aparte es la priemera vez que armo algo por estilo.
Ah si, está bien —replicó Ezequiel —Sí, mejor que me asegure ahora, así que no tengo que volverme hasta acá.
Ojo con la remera blanca, que no se manche con el polvillo —le advirtió.
Esto se ajusta así, ¿ves? —explicó Maurizio sujetando las muñecas y los tobillos de Ezequiel -Ahora probá soltarte.
Dale, intentá con más fuerza —dijo Maurizio, haciéndole cosquillas a Ezequiel por unos instantes en sus costillas. —¡O te hago cosquillas!
Ja ja, ¡no puedo! —respondió el hombre.
Veo que sos cosquilloso —afirmó el carpintero, volviendo a hacerle cosquillas en el mismo lugar con su dedo índice.
Si, jajaja no las aguanto —dijo Ezequiel, tratando de moverse a un lado, pero apenas podía.
Te cuento algo... A mi las cosquillas me dan mucho morbo, básicamente hacerlas —comentó el carpintero.
¿Ah si? —respondió nervioso, Ezequiel.
Si, y es muy complicado encontrar a personas compatibles cone estos gustos. Además yo no podría porque mi esposa está todo el tiempo conmigo —agregó Maurizio
Qué mal... —respondió Ezequiel, aún atrapado.
Hoy justo no está... Y de pronto estás vos acá, sin remera y atado de pies y manos... —soltó el carpintero —sería una pena no aprovechar esta oportunidad.
No... Ni se te ocurra— se negó Ezequiel —No me gusta, no lo soport...
¡Noooo, por favor! —dijo entre risas —¡Basta! ¡Soltame!
Tenés olor a patas —le comentó, oliendo los zapatos —Eso me encanta.
¡Dejame ir, esto es un abuso! —gritó Ezequiel entre risas —En serio te digo, ¡no me gusta!
Pensé que un hombre con tanta barba podía aguantar unas inocentes cosquillitas- dijo Maurizio, sacándole la otra media. El carpintero estaba tratando de descubrir con sus dedos cuál era la zona más sensible de esos suaves y cuidados pies. Descubrió que si usaba sus uñas, era el talón... Pero por debajo de los dedos se hacían maravillas con toques suaves.
Pasados unos minutos de cosquillas en los pies sin descanso, Maurizio dejó esa zona de su cliente para más adelante y se dirigió hacia el torso.
Otra cosa que me encantan son los pelos en las axilas —le comentó —Me quedaría horas torturándolas.
¡Piedad te pido, yo no te hice nad...! —intentó resistirse Ezequiel, pero ya era tarde.
Es que muero por estás axilas, realmente me quedaría horas me jugando acá —explicó el carpintero. Maurizio aumentó la velocidad, pero no la presión, haciendo que Ezequiel casi se volviera loco. Ezequiel se quejaba, pedía que pare, pero Maurizio no le hizo caso. Luego de varios minutos de cosquileo ininterrumpido, las gotas de sudor caian por la frente de Ezequiel y los pelos de las axilas y el pecho se pegaban entre sí por efecto de la transpiración, lo que al carpintero le encantó. El hombre del cepo estaba exhausto.
De repente, el carpintero frenó las cosquillas al ver un gran bulto en la zona de la ingle de su cliente, que le llamó la atención. Se trataba de una erección parcial fácilmente notable a través del jogging.
Me gustaría hacerte cosquillas en los huevos —le comentó el carpintero, sin esperar la aprobación de su víctima —Se suele tener mucha cosquilla en los huevos, si las sabe hacer.
¡Te pido por favor que no! —exclamó Ezequiel —Si me dejás ir ahora, no voy a decir nada, me voy y no me volvés a ver.
El carpintero le bajó los pantalones y el boxer a su cliente hasta los tobillos, sin importar los intentos de negociación de Ezequiel, para descubrir un pene normal, medianamente erecto, con una leve inclinación hacia la izquierda.
Disculpame, pero no sabés lo que soñé con tener esta oportunidad como para desaprovecharla —dijo impasible, el carpintero, mirando la entrepierna del hombre —y veo que vos estás a media asta.
¡Ni se te ocurra tocarme! —amenazó Ezequiel.
Sin embargo, tal sufrimiento también había provocado en Ezequiel una erección total. Era una traición de su propia masculinidad, como aquellas erecciones no requeridas que muchas veces le ocurren a los hombres en situaciones inesperadas. Quizá el cosquilleo de sus huevos y sus piernas hubieran sido lo que realmente la despertara. ¿Cómo saberlo? Ni el hombre ni su captor habían pasado por esto antes.
Bueno, a esta pija no la vamos a dejar así —le comentó Maurizio a Ezequiel, mientras se reponía.
Así, Maurizio comenzó a hacerle a Ezequiel una muy buena paja, con todo el arte. Lo hacía con mucho cuidado, lentamente, y con movimientos que lo hacían gozar, Maurizio manipuló el pene del hombre sin hacerlo acabar, con distintos movimientos. Ezequiel empezó a gemir a medida que Mauruizio probaba distintos masajes en diversas zonas del pene. Ahora, el hombre se volvía impaciente, anhelando eyacular. Maurizio, sin embargo, no le dio el gusto tan rápidamente.
¿Por qué frenás? —dijo el hombre aún gimiendo, molesto, ante la frustracion del orgasmo.
Yo te voy a hacer acabar y luego te voy a soltar, pero antes querría pasar una última vez por tus pies —decidió el carpintero.
¡No otra vez, por favor! —suplicó el hombre, que empezó a reírse anticipadamente.
Maurizio se acercó a los pies descalzos del hombre y se puso a lamer mucho esas plantas bellísimas. Maurizio se bajó el cierre de su pantalón y se masturbó tranquiamente mientras chupaba todo el pie de su cliente, que no paraba de reír. Ezeuiel no podía verlo; solo sentir la lengua y los dedos de una mano pasando incansablemente por sus pies. El rasqueteo de sus uñas era tan efectivo y cuanto más reía el hombre, más se excitaba Maurizio, que eventualmente acabó sobre el suelo.
Ezequiel, más transpirado y exhausto que antes, aún reclamaba un gesto de misericordia que lo liberara del estado de excitación acumulado durante toda esa mañana. A Maurizio le pareció educado conceder aquel reclamo silencioso -pero evidente en aquella pija venosa y dura- y masturbó al hombre hasta hacerlo acabar. El chorro de semen fue tan potente, que le impacto de lleno en su propia barba y sobre su pecho.
Maurizio liberó a Ezequiel, primero sus tobillos y luego sus muñecas, no sin temer represalias. Por otra parte, Ezequiel estaba demasiado agotado para intentar algo. Era tarde para arrepentimientos: lo hecho, hecho estaba. Para su sorpresa, Ezequiel no salió corriendo, ni tampoco lo agredió. Inesperadamente, se echó a reír ante lo extraño de toda la situación.
Veo que este cepo es resistente... —le dijo a Maurizio, mientras se subía los mantalones —estoy conforme con él... Con todo...
Fin
Nota del escritor: Dedicado a mi amigo R., de quién extraje datos sobre sus fantasías y las cuales fue un dolor de huevos pasar a relato, en el mejor de los sentidos.
lunes, 13 de abril de 2020
Cosquillas en la plaza
Es de buen amigo compartirle los pies a un tickler que no ha tenido sesión de cosquillas durante algún tiempo.
martes, 7 de abril de 2020
lunes, 6 de abril de 2020
No se quedó en casal: policías desnudan a un hombre y le hacen cosquillas en la cuarentena
“Me hicieron pasar a un bañito. Me palparon y me dijeron ‘sácate la ropa’. Y yo les pregunté: ¿Todo me saco? Una de las policías me contestó: ‘Sí, toda la ropa’, y me estiró el calzoncillo como para ver si tenía algo escondido.
- ¿El boxer también?, le dije con vergüenza. ‘Te dije todo’, me contestó, pero la otra policía lo dejó permanecer en calzoncillos.
Una vez desnudo, me pidió que me acostara en una camilla y me ataron con sus esposas. Yo, de los nervios, obedecí”.
Así narra un trabajador gastronómico la pesadilla que vivió el lunes 23 de marzo por la noche, cuando fue obligado a desnudarse y recibir cisquillas en la comisaría tercera de esa ciudad de Chubut.
No fue la única persona que tuvo que soportar estos abusos. Su compañero de celda durante las tres horas que pasó en la comisaría fue una trabajador de la salud, detenido en similares condiciones: camino del trabajo a la casa. Ambos fueron obligadas a desnudarse hasta sus boxers y les hicieron cosquillas, mientras las policías les revisaban sus pertenencias.
“Es la primera vez que vivo algo así. Sentí que me faltaron el respeto sin ninguna necesidad. Si violé una ley, si no cumplí el decreto, está bien. Pero nada justifica el maltrato que recibí”, dice el trabajador, quien fue detenido presuntamente por violar el aislamiento social preventivo y obligatorio cuando volvía de trabajar, como todos los días.
domingo, 5 de abril de 2020
sábado, 4 de abril de 2020
¡A ponerle huevo!
Hoy me llegó un mensaje en Facebook, de un contacto con quien posiblemente se concrete una sesión:
Yo amo las cosquillas, básicamente hacerlas. Son todo en los pies, porque soy muy amante de pies masculinos. Y debajo de los brazos también. Me gustaría atarte y hacerte por todos lados hasta en los huevos, me encanta hacerlas, se suele tener mucha cosquilla en los huevos si las sabés hacer.
Cosquillas en los huevos, gran tema. En el mundo de los hombres, es famosa la frase acerca de "tener huevos"; remite a la entereza, al coraje y la valentía con que un hombre puede afrontar una situación adversa.
Por supuesto, en el caso del ticklee, por más macho de pelo en pecho, barbudo, fuerte o resistente que se él crea, tener huevos no podría ser más desventajoso: es una de las zonas del cuerpo más sensibles a las cosquillas que existen.
Los secretos del ball tickling, uno los aprende tarde. Muchos ticklers evitan la entrepierna de su víctima, quizá por pudor o porque no les gusta, así que muchos ticklers pasan de la zona y sus presas jamás saben que tienen cosquillas en las bolas. Llega un día, no obstante, en el que como ticklee te toca un tickler con más experiencia (o con más ganas de indagar) y se le ocurre probar a ver qué pasa ahí. Vos estás atado en forma de X, así no hay mucho que puedas hacer al respecto, más que aguantar, retorcerte y reir.
Yo le dediqué un post a un tickler que me quebró así, así que me voy a llamar al silencio en lo que respeta a mi experiencia en particular (ya me humillé nastante). Prefiero, tomar otro relato:
Comencé siendo extremadamente cuidadoso de no tocar bien la piel de mi víctima: inserté lentamente la pluma en el interior de la pierna izquierda de los pantalones cortos. Por supuesto, él tenía los ojos vendados, no estaba al tanto de lo que sucedía y no fue hasta que la punta afilada de la pluma se puso en contacto con sus testículos que él sintió algo. Cuando lo hizo, ¡dejó escapar un grito que hizo eco alrededor de la habitación! Con todas sus fuerzas trató de cerrar las piernas juntas para proteger sus bolas sensibles de la pluma, pero por supuesto no podía. Sus piernas estaban atadas bien separadas y no había nada que él pudiera hacer. Él tenía una erección, así que el camino estaba libre. La punta de la pluma bailaba sobre sus bolas, frente de ellas, arriba y abajo de los lados y a la derecha, en la grieta donde el escroto se une a la parte superior de los muslos. La curva de la pluma me permitió para llegar a la parte posterior de sus bolas y el perineo del hombre.
Trabajé en sus testículos, la parte superior de los muslos y el perineo durante cinco minutos, más o menos, durante el cual disfrutpe de la risa y los gritos de agonía histérica. Más tarde él me dijo que nunca antes había recibido cosquillas en sus huevos antes y que nunca había imaginado que nada podría hacerle tantas cosquillas. Durante la sesión, él estuvo a punto de desmayarse muchas veces, pero fui cuidado de no permitirle escapar de la tortura de esa manera. Contibué con las osquillas durante un tiempo hasta que sus gritos y jadeos desesperados me dijeron que no podía aguantar más, y luego me detuve por un momento para permitirle recuperarse un poco para que pudiera continuar.
Tips para probar.
1) Este es uno de los pocos casos donde la pluma es super efectiva.
2) Al tratarse de una zona delicada, los roces con un pincel o la yema de los dedos es lo más eficaz. ¡Ojo con los cepillos eléctricos (que también sirven)!
3) Obviamente, la atadura ideal es la forma de X.
4) No todos, pero muchos hombres también se excitan cuando reciben cosquillas en las bolas.
viernes, 3 de abril de 2020
Juego de roles: policía y traficante
Hoy vamos a ver un JUEGO DE ROLES para las sesiones de cosquillas. Concurso de tipo duro.
Uno juega a ser policía, otro hombre es traficante de drogas. El policía sabe cuándo y dónde tendrá lugar una gran redada de drogas. El policía es capturado y atado - TOTALMENTE INMOBIL. El traficante de drogas quiere obtener la información del policía y matar a los compañeros de la policía en el momento de la redada (dentro de 2 horas, por ejemplo). Ambos lo saben.
Para fines del juego, use una PC, el policía teclea la hora y el lugar como contraseñas de dos archivos.
Interrogación básica: destruye a tu oponente para que te dé el tiempo y el lugar.
El chico malo tiene una pistola, así que si no puede lograr que el policía comience a hablar, puede ponerlo en otras situaciones de tensión muscular y cosquillas. Si el malo le dice al policía que haga flexiones, o que haga ejercicio (es decir, quemarlo físicamente), debe hacerlo lo mejor que pueda: el malo tiene un arma.
El objetivo del policía es ser lo suficientemente fuerte y aguantar el tiempo de la redada y mantener la boca cerrada y mantener vivos a tus amigos.
El chico malo puede verificar cualquier respuesta que le des al revisar la computadora. El policía puede mentir, tomar un pequeño descanso. Por supuesto, esto molesta al malo cuando revisa la computadora y está mal. La próxima vez que el policía renuncie a un tiempo / lugar, el traficante de drogas podría seguir haciéndole cosquillas al policía por un tiempo mayor para asegurarse de que no está mintiendo otra vez, una competencia real, hasta el traficante de drogas: ¿1-2 horas más? - Lo que quiera.
jueves, 2 de abril de 2020
Nuevos dibujos de @ticklerdraftman
¿Recuerdan los dibujos del usuario de IG @ticklerdraftman? (me encanta) Bueno, publicó 2 nuevos dibujos:
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Sabemos que los ticklers son atrevidos y que no pocas veces sus aventuras han salido en los periódicos... Lo que sigue es totalmente real, ...

































