viernes, 28 de abril de 2023
viernes, 14 de abril de 2023
Electricidad
Había una vez dos amigos de toda la vida, Juan y Gustavo. Juan vivía en una pequeña casa en la ciudad, mientras que Gustavo vivía en las afueras, en una casa más grande con jardín y patio trasero.
Un día, Gustavo decidió visitar a Juan en su casa. Al llegar, notó que algo no estaba bien. La casa parecía más oscura de lo habitual y se dio cuenta de que la lámpara del techo no estaba funcionando. Al preguntarle a Juan qué había pasado, éste respondió que había dejado de funcionar hace varios meses y no sabía cómo arreglarla.
Gustavo, que siempre había sido bueno en la reparación de cosas, ofreció su ayuda. Después de inspeccionar la lámpara, descubrió que el problema era simplemente un cable suelto. Con algunas herramientas y su habilidad, Pedro sería capaz de arreglar la lámpara en poco tiempo, de manera que emprendió aquello.
Luego de que Gustavo extendiera sus brazos y comenzara a arreglar la lámpara del techo, Juan notó que el vello de las axilas de su amigo estaba prolijamente recortado. Juan no pudo resistirse a la vulnerabilidad de su amigo en musculosa, aprovechó la oportunidad para hacerle una broma de cosquillas en las axilas, sabiendo que su amigo era especialmente sensible en esa zona. Gustavo se sacudió tratando de resistirse, pero Juan continuó insistiendo.
"¡Para, para!", exclamó Gustavo entre risas, tratando de alejarse de la mano de Juan. "¡Estoy transpirado, no hagas eso!"
Pero Juan no se dejó intimidar por la transpiración de su amigo y siguió con su broma, disfrutando del momento. "No importa si estás transpirado, ¡esto es muy divertido!", dijo entre risas.
Mientras Juan seguía haciendo cosquillas a Gustavo, este último intentaba resistirse y se retorcía tratando de escapar de las cosquillas, pero no podía por estar sosteniendo la lámpara.
"¡Para, para! ¡No puedo aguantar más!", exclamó Gustavo entre risas.
Pero Juan no parecía tener intención de detenerse. "¡Vamos, Gustavo, aguanta un poco más! Un hombre barbudo, que sabe de electricidad debería poder tolerar una simple broma de cosquillas", dijo Juan, sonriendo.
Gustavo intentó decir algo en respuesta, pero sus risas y respiración entrecortada lo hicieron imposible. Juan continuó haciendo cosquillas en las axilas de Gustavo, mientras este trataba de resistir las risas y contorsionarse para alejarse de su amigo.
De repente, Juan se detuvo y arrugó la nariz, haciendo una mueca de desagrado. "¿No has usado desodorante hoy, Gustavo?", preguntó, olfateando en el aire cierto olor a macho.
Gustavo se sintió avergonzado por un momento, pero luego se echó a reír. "Lo siento, olvidé ponérmelo esta mañana", admitió entre risas.
Juan también se rió y luego volvió a hacer cosquillas a Gustavo, sin importarle el olor que pudiera emanar. "No importa, eso no detendrá mi broma, mira esto", dijo y acto seguido metió su cara en la axila de Gustavo. Desde allí, Juan logró sentir todo el aroma de de su amigo, al mismo que con su lengua comenzó a lamer la zona con generosidad.
Gustavo intentó resistir nuevamente, pero las cosquillas de aquella lengua y nariz lo hicieron estallar en risas. "¡Detente, detente! ¡Me estás matando de risa!", exclamó.
Finalmente, Juan se detuvo y ambos amigos se echaron a reír. Gustavo siguió con el arreglo, tratando de recuperar el aliento. "¡Eres un cerdo!", dijo entre risas mientras trataba de recuperar la compostura.
"Lo siento, amigo, no pude resistirme", dijo Juan, todavía riendo, mientras se limpiaba la cara con el dorso de la mano.
"No te preocupes", respondió Gustavo, recuperando poco a poco la compostura. "Supongo que es el precio que hay que pagar por tener habilidades en la electricidad".
Gustavo terminó de arreglar la lámpara y encendió el interruptor. La luz iluminó la habitación y Juan agradeció a su amigo por su ayuda. Juan le dio unas palmadas en la espalda a Pedro. "Lo siento, amigo, no pude resistirme. Pero en serio, gracias por arreglar mi lámpara, no sabía cómo hacerlo sin tu ayuda".
La visita terminó con la lámpara arreglada y Juan sintiéndose agradecido de tener a un amigo como Pedro en su vida. A partir de ese día, Juan se comprometió a aprender más sobre cómo arreglar cosas en su hogar, sabiendo que si alguna vez necesitaba ayuda, su amigo Gustavo estaría allí para él. Y a Gustavo se le quedó una sonrisa en la cara, sabiendo que siempre podría contar con su amigo Juan para hacerle cosquillas.
Bonus: Imágenes creadas con inteligencia artificial:
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