viernes, 10 de marzo de 2023

Tras el peón rural: La trampa de Maurizio

Esta historia la escribí en base a lo que le sucedió a un miembro de nuestra hermosa comunidad de las cosquillas, el sr. Maurizio, quien ya ha aparecido en otra historia.

Mauri, quien vive en una ciudad del interior, le echó el ojo a Gabriel, un hombre casado que vive en una ciudad pequeña y trabaja en e campo, con quien ya había tenido algunos encuentros sexuales, que no pasaban de alguna paja ocasional o una chupada de pija. El tema es que Mauri también tenía este otro gusto que tanto nos apasiona: las cosquillas.

Un día, Gabriel estaba particularmente caliente y desesperado por la asistencia de Maurizio. Maurizio, por su parte, estaba reacio de volver a repetir los encuentros que habían tenido, de manera que se animó a pedirle una variante en el encuentro, como quien no quiere la cosa.

¿Te animás a que esta vez te ate a la cama? - Le escribió a Gabriel. Éste, tomado por la calentura, aceptó sin pensar demasiado en las implicancias. En definitiva, Maurizio era un conocido, ¿Qué podría pasar?

Gabriel estaba aprovechando un viaje de su familia que duraría tres días y que dejaría la casa sola para invitarlo a Maurizio, de manera que estarían bastante cómodos. Cuando Maurizio llegó, los hombres charlaron sobre temas generales y en cierto momento, Gabriel sugirió ir a la habitación.

Según le pregunté, resulta que Gabriel es peludo, blanco y tostado por el sol, cosa que él recuerda muy bien cuando vio que el hombre se comenzó a desvestir frente a él. Gabriel tenía, a sus cuarenta y pico, un cuerpo trabajado por el tipo de tareas que realizaba. No parecía que Gabriel esperara algo diferente a lo que siempre hacían entre ellos, por lo que Maurizio se puso firme e impuso sus condiciones.

¿Te da morbo verme atado? -le preguntó Gabriel.
Si, me encantaría probar esa experiencia -le respondió Maurizio, como quien estaba testeando un gusto por primera vez.

Fue así como Gabriel, ya desnudo, se acostó en la cama y se dejó atar sin ninguna resistencia. Maurizio se tomó su tiempo y notaba que Gabriel quería que la acción comenzara inmediatamente. Claro que la acción que él imaginaba que ocurriría distaba un poco de lo que Mauri tenía pensado.

Una vez que Maurizio se cercioró de que Gabriel estuviera bien atado, le hizo cosquillas en las costillas, haciéndolo estremecer.

Ehh, ¡Basta! - dijo Gabriel, sonriendo.
Es que estoy viendo que estés bien atado, ¿No podés moverte para nada? -le preguntó Maurizo
No- le respondió.
¿Ni siquiera si te hago cosquillas? -replicó Maurizio, volviendo a las costillas de Gabriel.
¡No, jajaja! ¡No puedo! -dijo Gabriel a carcajadas.

Maurizio fingió dejar el tema de las cosquillas lado y Gabriel supuso que ahora vendría el momento de acción que él había anhelado. Maurizio empezó a masturbarlo lentamente y Gabriel tuvo rápidamente una erección. De repente, Maurizio se detuvo y se dirigió hacia los pies de Maurizio y lo atacó haciéndole cosquillas con la yema de sus dedos.

¡Basta, por favor! -dijo Gabriel, intentando contener la risa. Pero Maurizio no lo escuchó y continuó. La risa de Gabriel era contagiosa y pronto Maurizio también estaba riendo a carcajadas.

Gabriel se retorció de risa y trató de alejar sus pies, pero no había a dónde ir. Maurizio tenía la ventaja y era persistente. Cada vez que Gabriel lograba deshacerse de Maurizio, éste volvía a la carga y le hacía cosquillas en otra parte de los pies.

Uf, jajajajaja ¡Pará!- exclamó Gabriel.
¿Tanto trabajo en el campo y no soportás unas cosquillitas? -le preguntó Maurizio. ¿También tenés cosquillas en otros lados?
Ni se te ocurra!!- dijo Gabriel, intentando parecer serio.

Pero Maurizio no le hizo caso. Esta vez Maurizio atacó las peludas axilas de Gabriel, lo cual hizo que éste se retorciera de la risa. Tras unos minutos en esa zona, Maurizio decidió lamerlas, lo que potenció el efecto cosquilloso. Pese a toda la agitación, Maurizio se alegró al descubrir que Gabriel estaba completamente limpio y hasta sintió el olor del jabón con el que el hombre se había aseado.

¡Soltame o te voy a cagar a trompadas!- logró articular Gabriel, sobreponiéndose a la risa.
Tranquilo, tranquilo... -le dijo Maurizio, quien emprendió una actividad manual sobre el miembro de Gabriel.

El hombre estaba enojado, pero no pudo resistirse al placer generado por los movimientos de la mano de Mauri y pronto comenzó a gemir. Pronto, Maurizio comenzó a practicarle sexo oral, lo que hizo que el hombre se contrajera. Nadie se lo hacía como Maurizio, quien también ahora lamía los grandes huevos del hombre, al tiempo que lo seguía masturbando lentamente.

De repente, una ocurrencia hizo a Maurizio detenerse... Él jamás podría amar a Gabriel, lo que lo llenó de una rabia inmediata que solo conocía una descarga: las cosquillas. Maurizio detuvo su actividad y volvió a dirigirse a los pies de Gabriel, esta vez lamiéndolos y modisqueándolos suavemente con los dientes, lo que lo hizo estallar nuevamente en carcajadas. Maurizio separaba los dedos de los pies con sus manos e introducía su lengua entre aquellos pies con olor a patas.

Eventualmente, Maurizio comenzó a agotarse y decidió sacarle la leche a Gabriel, que a estas alturas tenía los huevos que imploraban una descarga. Nuevamente, lo masturbó y no se necesitó de mucho para que el hombre finalmente eyaculara chorros de semen en diversas direcciones. Maurizio, no obstante, aprovechó la ocasión para una última maldad: Tomo el aún erecto pene de Gabriel y con el pulgar comenzó a frotarle el hipersensible glande, ayudado por la misma lubricación del semen que acababa de largar.

Gabriel no podía aguantar la intensidad de aquel estímulo.
¡Basta, por favor! -gritaba, aunque también se reía. -¡Es demasiado intenso, quiero que me desates!

La estimulación de glande duró tan solo unos dos minutos, pero a Gabriel le parecían horas. Su cuerpo estaba hipersensible a las cosquillas, como siempre ocurre después del orgasmo. Maurizio aprovechó para hacer una nueva pasada de cosquillas en los costados, axilas, cuello, piernas... Especial mención al roce con que trató a sus testículos, los cuales generaron hasta gritos y risas desesperados.

Gabriel quedó exhausto y fue ahí cuando Maurizio decidió por fin desatarlo. El hombre no pareció molesto en lo absoluto y no se enojó realmente con Maurizio ni tampoco concretó ninguna de las venganzas que había dicho que le haría. 

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