Fabio se pavoneaba por el gimnasio como si fuera el dueño del lugar. No solo acaparaba las máquinas y las colchonetas, sino que también se olvidaba de limpiar el sudor después de cada uso. Además, tenía la costumbre de criticar a los demás miembros del gimnasio por sus habilidades y apariencia física.
Un día, mientras hacía su rutina en la bicicleta estática, Fabio notó a una joven que se acercaba a la máquina que estaba utilizando. "Lo siento, pero todavía la estoy usando", dijo Fabio de manera brusca. La chica se retiró, claramente frustrada.
Después de su entrenamiento, Fabio se dirigió a los vestuarios y se topó con otro miembro del gimnasio. "¿Qué te pasa? ¿No puedes levantar más peso?" dijo Fabio con una risa burlona. El otro hombre simplemente lo ignoró y siguió su camino.
Cuando Fabio entró en la ducha, el olor corporal era tan fuerte que uno de los otros miembros se quejó al personal del gimnasio. El gerente del gimnasio se acercó a Fabio y le dijo que necesitaba usar desodorante ya que algunos miembros se habían quejado del fuerte olor que desprendía. Pero Fabio se defendió de inmediato, alegando que así olían los hombres de verdad y que no iba a cambiar por los caprichos de unos cuantos miembros.
"¿Cómo te atreves a cuestionarme?", dijo Fabio con tono desafiante. "Soy un influencer con miles de seguidores, y muchas personas vienen a este gimnasio gracias a mis recomendaciones. No voy a cambiar mi olor por el capricho de unos cuantos miembros molestos".
El gerente del gimnasio se sintió atrapado, sabiendo que Fabio tenía cierta influencia en el gimnasio y no queriendo perder su membresía. Pero también sabía que tenía que hacer algo para abordar la situación.
Fabio era conocido en el gimnasio por su comportamiento inadecuado, especialmente con los nuevos miembros. Él solía hacer comentarios ofensivos y acaparar las máquinas cuando alguien nuevo ingresaba al lugar.
Joaquín era uno de los nuevos miembros del gimnasio y no había pasado mucho tiempo desde su llegada cuando Fabio comenzó a molestarlo. Él se acercó a Joaquín mientras hacía su rutina y comenzó a hacer comentarios despectivos sobre su forma de hacer ejercicio.
"¿Qué estás haciendo?", dijo Fabio con tono burlón. "Así no se hacen las cosas en este gimnasio. Deberías seguir mi rutina si quieres ver resultados".
Joaquín se sintió humillado y no sabía cómo responder a los comentarios de Fabio. Trató de ignorarlo y continuar con su entrenamiento, pero Fabio seguía acosándolo. Finalmente, Joaquín se detuvo y se enfrentó a su acosador.
"Deja de molestarme", dijo Joaquín enojado. "Solo quiero hacer mi entrenamiento en paz".
Pero Fabio no se detuvo. Continuó molestando a Joaquín durante el resto del entrenamiento, poniendo la música de su celular en un inadecuado volumen y haciendo comentarios ofensivos.
Fabio estaba en el vestuario ordenando su locker cuando Joaquín llegó. Se sentía un poco incómodo en presencia de Joaquín después de haber sido llamado la atención por su comportamiento inadecuado en el gimnasio.
Mientras Fabio estaba de espaldas con las manos levantadas, Joaquín aprovechó la oportunidad para hacerle cosquillas en las peludas axilas del hombre. Fabio se retorció y se rió, pero al mismo tiempo se sintió un poco avergonzado por la situación.
"¿Qué estás haciendo?", preguntó Fabio entre risas.
"Solo quería demostrarte que no eres tan rudo como pareces", respondió Joaquín.
Fabio se puso a la defensiva y amenazó a Joaquín.
"No te atrevas a decirle a nadie que tengo cosquillas", dijo Fabio con un tono amenazante. "Te arrepentirás".
Joaquín se sorprendió por la reacción de Fabio. "No te preocupes, no le diré a nadie", dijo Joaquín tratando de calmar la situación.
Fabio, por su parte, no aprendió nada de la situación y continuó con su comportamiento inadecuado en el gimnasio, acaparando las máquinas y siendo agresivo con otros miembros. Un día, Fabio se rio le preguntó a Joaquín si quería una toalla para secarse el sudor. Joaquín aceptó la toalla y se la pasó por la cara, agradecido.
Pero cuando Joaquín se secó la cara, notó que algo estaba mal. Fabio había usado esa misma toalla para limpiar el sudor de su cuerpo y le había dejado restos de sudor en la cara de Joaquín. Joaquín se sintió asqueado y se enojó con Fabio.
Fabio se rió de la broma y trató de disculparse, pero Joaquín estaba furioso. Le gritó y le dijo que no quería volver a hablar con él.
Una día, Joaquín se sorprendió de ver a Fabio en el mismo vagón de subte que él. A pesar de las malas experiencias que había tenido con Fabio en el gimnasio, decidió no hacer nada y simplemente mantener su distancia. Sin embargo, el hombre se dio cuenta de la presencia de Joaquín en el vagón y comenzó a mirarlo con desprecio. "¿Qué haces aquí?", preguntó Fabio con tono de burla.
Joaquín se sintió incómodo ante la actitud de Fabio, pero decidió no darle la satisfacción de una respuesta. En lugar de eso, decidió alejarse un poco y mezclarse con la multitud de gente en el vagón.
A medida que el subte avanzaba, Joaquín notó que Fabio seguía mirándolo con desprecio y se dio cuenta de que la situación se estaba volviendo tensa. Decidió que lo mejor era bajarse en la próxima parada y evitar cualquier confrontación con Fabio.
Pero justo cuando el subte se detuvo en la siguiente estación, la puerta del vagón se atascó y no se abrió. La gente comenzó a empujar y a ponerse ansiosa, y Joaquín se dio cuenta de que estaba atrapado en el mismo vagón que Fabio por un tiempo más.
Fabio, aprovechando la situación, comenzó a burlarse de Joaquín y a provocarlo con comentarios despectivos. Joaquín se sintió frustrado y molesto por la actitud de Fabio, pero decidió mantener la calma y esperar a que la puerta del vagón se abriera.
Finalmente, después de unos minutos de tensión, la puerta del vagón se abrió y Joaquín pudo salir del subte. Se sintió aliviado de estar fuera del vagón y de haber evitado cualquier confrontación con Fabio.
Al día siguiente, Joaquín decidió seguir a Fabio hasta el subte, pero esta vez sin que él se diera cuenta. Estaba determinado a enfrentarlo por su comportamiento inadecuado en el gimnasio y demostrarle que no estaba dispuesto a tolerar más sus provocaciones.
Cuando ambos se metieron en el mismo vagón, Joaquín se aseguró de mantener su distancia y no llamar la atención de Fabio. Esta vez, Fabio no se dio cuenta de que Joaquín estaba justo detrás de él al ingresar en el subte. El vagón estaba lleno de gente y Fabio tuvo que subir los brazos para dar lugar a la gente que entraba. Fabio, que estaba usando una musculosa gris, le brindó a Joaquín la oportunidad perfecta al exponer sus axilas peludas y parcialmente sudadas..
De repente, Joaquín aprovechó el momento en que Fabio tenía los brazos levantados para hacerle cosquillas en las axilas, tal como lo había hecho en el vestuario del gimnasio. Fabio se sorprendió pero evitó reírse, intentando liberarse de la mano de Joaquín. El hombre comenzó a moverse, contenido la risa, pero había tanta gente que no había hacia dónde ir.
Fabio intentó bajar los brazos para evitar el ataque de cosquillas de Joaquín, pero esto enojó a otro pasajero, quien le pidió que subiera los brazos nuevamente.
"¿Por qué bajas los brazos? ¡Hay que dar espacio para que la gente entre!" le dijo el hombre, molesto.
Fabio, un poco incómodo y avergonzado, levantó nuevamente los brazos para permitir que la gente recuperara lugar dentro del vagón. Sin embargo, Joaquín seguía haciendo cosquillas en sus axilas, y Fabio no podía contener su risa.
El subte se frenó de repente y se cortó la luz. La gente comenzó a quejarse y a mirar hacia las puertas, esperando que alguien les informara qué estaba pasando. Fabio se quedó quieto, intentando mantener la calma en la oscuridad, cuando de repente siente unas cosquillas en las axilas y las costillas.
"¡No puede ser!" exclamó Fabio, intentando evitar reírse. "¿De nuevo?"
"Si, el servicio en un desastre", dijo el pasajero a su lado, pensando que se refería al percance.
Joaquín supo aprovechar el tiempo. Se puso a buscar las tetillas tanteando el peludo pecho de Fabio, rozándolas y pellizcándolas alternativamente. Joaquín evitaba estallar carcajadas en la oscuridad, mientras siguió atacando al hombre con cosquillas en las zonas más sensibles de su cuerpo. Fabio intentó controlarse, pero el sudor comenzó a correr por su frente y su ropa comenzó a empaparse.
Fabio intentó moverse y evitar las cosquillas de Joaquín, pero una señora mayor lo reprendió.
"Joven, por favor, tenga un poco de respeto por los demás pasajeros", dijo la señora enojada. "No es momento para estar haciendo ese tipo de juegos".
Fabio se sintió un poco avergonzado y le pidió disculpas a la señora, pero no se animó a explicar que estaba siendo atacado con cosquillas y estimulado en sus tetillas.
Joaquín decide meterle la mano por dentro del pantalón y hacerle cosquillas a Fabio en la cabeza del pene, que a estas alturas ya se encontraba erecto. Fabio intentó controlar su risa y sus movimientos cuando los dedos de Joaquín comenzaron a frotar su sensible glande. El hombre trató de evitar el ataque moviendo la cintura, pero Joaquín fue persistente y logró continuar con su tarea. Los dedos de Joaquín se movían con facilidad por el glande de Fabio, ahora lubricado por su presemen. Joaquín tuvo la chance de explorar los grandes testículos de Fabio.
El aguante de Fabio ante esta situación empezó a flaquear, sobre todo cuando Joaquín empezó directamente a masturbarlo. La gente a su alrededor comenzó a mirarlos con sospecha y molestia, y algunos incluso empiezan a murmurar. Fabio evitaba gemir y trataba de detener a Joaquín, pero este siguió masturbándolo y estimulando su glande, hasta que eventualmente Fabio eyaculó.
Tras ese instante, el cuerpo de Fabio se volvió hipersensible. Joaquín aprovechó un momento para hacerle cosquillas en la panza. El hombre trató de contener la risa, pero fue imposible y estalló en carcajadas, lo que soprendió a todo el vagón.
Finalmente, el subte llegó a su destino y Fabio se bajó, aún riendo. Joaquín se disculpó por la broma y Fabio le dijo que estaba bien, aunque todavía estaba un poco incómodo por lo que había pasado.
Joaquín trató de explicarle que solo quería hacerle una broma y que no tenía intención de ofenderlo. Fabio lo escuchó, pero no parecía muy convencido.
Después de ese día, las cosas entre Fabio y Joaquín nunca volvieron a ser las mismas. Fabio seguía yendo al gimnasio y haciendo sus cosas, pero evitaba a Joaquín y se aseguraba de no dejarlo acercarse demasiado. Joaquín, por su parte, se alejó un poco y trató de hacer amigos entre los demás miembros del gimnasio, pero nunca volvió a acercarse a Fabio.
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