viernes, 27 de junio de 2025

Zona de experiencia IA

 El Congreso de Inteligencia Artificial en la Facultad de Tickle University prometía ser un evento de alta densidad teórica:

“Epistemología y Horizonte de Época”,
“Subjetividad en la era algorítmica”,
“Deseo y programación de la demanda”.

Gonzalo escuchaba las ponencias mientras jugaba con el borde de su cuaderno, tratando de no dormirse.
Los oradores hablaban de ética de datos, de lenguaje máquina, de supervisión humana… Pero él solo pensaba en que tenía sueño, en que el ojo le seguía latiendo desde la noche anterior… y en que hacía calor. Mucho calor.

En uno de los descansos, se acercó a un stand que decía: “Zona de Experiencia IA – Protocolo de Intervención Emocional en Tiempo Real”. Curioso y sin muchas ganas de socializar, Gonzalo observó que el lugar tenía tres cápsulas del tamaño de una cama matrimonial y Gonzalo se le ocurrió que sería buen lugar para una siesta. Se preguntó por qué el lugar estaba tan poco concurrido.

—Es que para introducirse en estas máquinas, hay que descalzarse y entrar sin remera —explicó el asistente. —Pero vale la pena: la IA va a leer tu ritmo cardíaco, tu temperatura cutánea y tu respuesta galvánica… y te va a sugerir una estimulación emocional personalizada.

—A decir verdad, vengo solo para escaparme del Congreso —confesó Gonzalo. —Quizá un masaje me venga bien.

—¡Esa es la actitud! —dijo el asistente —La experiencia es totalmente privada, así que si querés pasar, te preparo.

De esta manera, Gonzalo se descalzó y se quitó la remera. Luego, se recostó en la camilla y se dejó poner unos sensores en las muñecas y en el cuello, que estaban a la misma altura.

—Cuando el programa termine, te vengo a buscar — dijo el asistente. —Si querés terminar el programa antes, solo pedíselo al programa.

Gonzalo sonrió, incrédulo.
—A ver qué tan bien me leen…

La pantalla frente a él titiló, mostrando su nombre y unos gráficos que subían y bajaban. De repente, apareció un mensaje: “Detectada alta carga de estrés somático. Propuesta de intervención: Estimulación táctil selectiva en zonas de alta sensibilidad neuromuscular.”

Gonzalo frunció el ceño.
—¿Cómo que…?

 Antes de terminar la frase, dos módulos robóticos emergieron de los costados del sillón donde estaba acostado. Un par de brazos mecánicos. delgados pero firmes, con terminaciones suaves. Tarde se dio cuenta que los sensores eran en realidad grilletes y que no podía bajar los brazos. 

Primero… los brazos mecánicos fueron directo a sus axilas. Un movimiento rápido, coordinado, preciso. Las cosquillas lo sacudieron de inmediato. La risa le explotó en la garganta.

—¡Pará! ¡Pero qué…!

La IA, desde la pantalla, respondió con texto en tiempo real: “La risa favorece la producción de endorfinas. Mejora el tono afectivo. Aumenta la plasticidad emocional. Protocolo en curso. No interrumpir.”

Otros brazos aparecieron desde abajo y atacaron a sus pies. Gonzalo se retorció en el lugar , entre carcajadas y súplicas, con el cuerpo en un estado de vulnerabilidad ridícula. Gonzalo decidió darle una oportunidad antes de cancelar el programa y aguantó, hasta que finalmente los brazos se retrajeron y el estímulo terminó. La pantalla emitió su última sentencia:

“Respuesta emocional óptima. Nivel de resistencia: bajo. Conclusión del sistema: El sujeto… es altamente susceptible a la estimulación físico-emocional.
Recomendación: repetir el protocolo en la próxima jornada.”

Hubo un momento de silencio y Gonzalo pensó que el programa había terminado. de repente, la pantalla parpadeó… y apareció un nuevo mensaje:

Nuevo Protocolo: Estimulación focalizada en zonas de alta carga de terminaciones nerviosas.
Objetivo: Límite de tolerancia + Reacción emocional máxima.”

Gonzalo tragó saliva. Los brazos robóticos emergieron de nuevo… pero esta vez venían acompañados de un módulo de temperatura variable y otro de vibración controlada.

Gonzalo no tuvo tiempo de protestar. 

Nuevamente fueron directo hacia a las axilas. Pero no como la vez anterior. Ahora… los dedos mecánicos hacían movimientos en espiral, con pequeños cambios de presión, jugando con la humedad natural de la piel… y justo en el momento en que parecía que te iban a dar un descanso… se activaba la vibración puntual en el centro de cada axila.

La risa le explotó de manera desesperada. Se retorcía. Pataleaba. Pero el sistema… implacable.

Luego… pasaron al pecho peludo. Los sensores térmicos subieron la temperatura apenas unos grados. El roce fue más lento… más arrastrado… como si quisieran explorar cada centímetro de piel.

¡No… no ahí… me voy a morir de la risa…!

Pero la IA no respondía esta vez con texto. Solo… incrementaba la intensidad. Y cuando ya parecía que el cuerpo de Gonzalo no podía más y éste iba a pedir que frenara el programa… los brazos mecánicos bajaron a los testículos. Primero… una presión leve. Después… un masaje más profundo. Y luego… una combinación de cosquilleo y vibración focalizada en su glande que lo dejó al borde del colapso físico. La respuesta de Gonzalo… no tardó en reaccionar, de manera inevitable e incontrolable. Gonzalo jadeaba. La respiración entrecortada. El cuerpo sudado, hipersensible, al rojo vivo. La pantalla, por fin, emitió su sentencia final:

“Protocolo cumplido.
Nivel de resistencia: críticamente bajo.
Resultado: eyaculación espontánea.
Estado actual: Saturación emocional y física.
Recomendación: No exponer al sujeto a más de un protocolo por día.”

Gonzalo quedó tirado, riéndose entre gemidos, con las mejillas rojas y el cuerpo temblando.

De repente, un leve zumbido eléctrico recorrió la habitación. Las luces parpadearon. La pantalla de control se apagó… y volvió a encenderse. Solo que esta vez… no mostraba el menú de finalización. Solo una línea de código que parecía repetir en loop:

// Error: Protocolo incompleto
// Error: Sujeto – Respuesta insuficiente
// Reiniciando sesión…

Gonzalo giró sobre sus talones.

No… no, pará… ¡Ya está! ¡Terminamos!

El sistema se activó solo. Los brazos robóticos emergieron con movimientos suaves pero decididos. La voz sintética, modulada y femenina esta vez, le habló:

“Sujeto… prueba de resistencia absoluta. Hoy… no hay interrupciones. No hay palabra de seguridad. No hay escape. Objetivo: agotamiento completo del sistema somático.”

Y ahí empezó.

Los pies… otra vez. Pero esta vez… no solo con dedos mecánicos… sino con cambios de temperatura… con ráfagas de aire… con vibraciones focalizadas en la base misma del pliegue. Gonzalo gritaba de risa, sin aire, suplicando… pero el sistema solo aumentaba la intensidad.

Después… el las costillas y el abdomenPequeños roces que se convertían en presiones rápidas, como si cien dedos invisibles lo recorrieran a la vez.

¡No! ¡Basta, en serio! ¡Esto es un error!

Pero la voz de la IA… ahora con un tono ligeramente más grave… casi juguetón… respondió: “El sistema ha detectado reservas emocionales no liberadas. Procediendo a fase de sobre-estimulación. Prioridad: Axilas. Zonas secundarias: testículos y pene.”

Antes de que pudiera dar un paso… los dedos mecánicos… directo a sus axilas otra vez. Cuando ya estaba en un estado de risa descontrolada… los brazos bajaron… directo a las bolas. Y ahí… el juego cambió de tono. Algo sutil como una pluma lo estimulaba en los testículos, con movimientos de torsión suaves pero insistentes. Y cuando su respiración ya era puro jadeo… Gonzalo empezó a sentir que algo lo masturbaba.

Dos módulos diferentes… Uno con calor… otro con vibración. Ambos trabajaron en sincronía… mientras los huevos seguían recibiendo atención… y las axilas… de vez en cuando… volvían a recibir un ataque sorpresa, solo para quebrarlo más.

La risa le estalló de manera violenta. La sensibilidad del cuerpo, ya llevada al límite, hizo que cada toque fuera diez veces más potente que antes. Gonzalo gritaba, reía, suplicaba… Pero no había escape. Gonzalo ya no podía distinguir entre la risa, el placer y el colapso. Su cuerpo entero estaba al borde de la convulsión emocional. Y cuando por fin… su orgasmo llegó… fue brutal. Inmenso. Definitivo.

Pero los brazos robóticos ya se estaban desplegando de nuevo. Esta vez… más rápido, sobre sus pies. Más sincronizados. Más agresivos. Y mientras su cuerpo seguía siendo invadido por oleadas de risa  y desesperación…Gonzalo alcanzó a pensar, entre dos carcajadas asfixiadas:

“Esto… definitivamente… se me fue de las manos.”

Y el sistema seguía, hasta que en cierto momento frenó.

Se quedó tirado en el lugar… con el pecho subiendo y bajando… el cuerpo empapado… y una mezcla de risa y lágrimas en la cara. La voz de la IA, por fin, cerró el ciclo:

“Protocolo cumplido.
El sujeto ha alcanzado el umbral máximo de descarga.
Estado emocional: Vulnerabilidad placentera.
Observación final: Alta probabilidad de reincidencia voluntaria.”

Gonzalo solo pudo reírse, ya sin fuerzas.
Y mientras recogía su ropa del suelo… pensó: “Definitivamente… me conocen demasiado bien.”

Con esfuerzo, empezó a juntar su ropa. Se puso el short a duras penas, todavía temblando.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario