lunes, 29 de junio de 2026

Tickle Challenge mundialista: Argentina vs. Jordania

El lunes que Argentina le ganó a Austria, todavía con la adrenalina a full, Damián agarró el celular, se tiró en el sillón y grabó un mensaje de voz para Joaquín. Hablaba con tono entusiasmado y medio agitado:
“¡Joaquín, boludo, escuchá esto! Acabo de terminar el Tickle Challenge Mundialista más épico de la historia. ¿Te acordás de Lukas, el austríaco hincha de mierda que se la pasó toda la semana diciendo que Austria nos iba a golear? Bueno… Argentina le metió 2-0, como corresponde. Y el pelotudo perdió la apuesta: le hice una hora de cosquillas sin piedad.

Te juro que fue glorioso. Empecé suave, le saqué la remera… el tipo tiene abdominales, eh, pero de nada le sirvieron. Le hice prueba de calidad en las axilas y costillas, después le saqué los zapatos y… ¡saqué el cepillo de pelo de mi novia! Le cepillé las plantas de los pies como si estuviera lustrando un auto. El austríaco se volvió loco, lloraba de la risa, sudaba como chancho. Después pasé a las axilas otra vez y le hice un interrogatorio completo: admitió que soy mejor en el fútbol y en las cosquillas, que se arrepentía de haber apostado y que sus puntos débiles son axilas y pies. ¡Quedó destruido, hermano! Una hora  eterna. Cuando terminó parecía que había jugado dos finales seguidas.

La adrenalina es una locura, te lo juro. Es re divertido humillar al otro y verlo romperse de risa. Ideal para vos que sos medio bajonero, Joaquín. Te levanta el ánimo al toque. Además, el próximo partido es contra Jordania… y es más que obvio que Argentina le gana fácil. ¿Te animás a apostar conmigo? Dale, sumate al Tickle Challenge Mundialista. Mandame mensaje cuando lo escuches, cobarde.”
Joaquín estaba en su casa, tirado en la cama scrolleando el celu, cuando le entró el mensaje de voz de casi un minuto y medio. Le dio play con curiosidad, subiendo el volumen.

A medida que escuchaba, se le fue dibujando una sonrisa. Primero soltó una risa cuando Damián contó lo del cepillo, después negó con la cabeza riéndose cuando escuchó la parte del “interrogatorio”. Al final del audio se quedó un rato mirando el techo, pensativo pero claramente entretenido.

—Este hijo de puta… —murmuró para sí mismo, con una mezcla de diversión y nervios.

Reprodujo el audio por segunda vez, prestando más atención a los detalles. La idea de la adrenalina y el desafío le estaba empezando a dar vueltas en la cabeza.

Joaquín (41) estaba tirado en el sillón de su living, con el celular en la mano y una cerveza tibia al lado. El Mundial de esta temporada lo tenía bastante apagado. Ya no sentía esa locura de años anteriores. En Argentina el ambiente estaba flojo: la gente cambiaba figuritas como si fuera una obligación, prendía la tele de fondo mientras scrolleaba TikTok o Instagram, y los partidos pasaban casi como ruido de fondo. Ya no había esa fiebre colectiva, esa adrenalina en las calles.

Reprodujo por segunda vez el mensaje de voz de Damián. Al principio se rio con las anécdotas del pobre Lukas y el cepillo de pelo, pero luego negó con la cabeza, sonriendo con nostalgia.

—Este Damián siempre armando quilombo… —murmuró.

El relato del “Tickle Challenge Mundialista” le recordó inmediatamente al Prode. Ese mismo al que Joaquín estaba último, como siempre. Otra apuesta que empezaba con ilusión y terminaba en decepción.

—Ni loco me meto en otro desafío de estos —pensó en voz alta—. Quince minutos de cosquillas… paso. Bastante tengo con el laburo y la vida como para terminar llorando de risa como el austríaco.

Dejó el celular sobre la mesa y cerró los ojos, decidido a no contestarle por ahora. No estaba de humor para esas pavadas.

Lo que Joaquín no sabía era que Salvador, su hijo de 19 años, había escuchado todo desde el pasillo. El pibe estaba apoyado contra la pared, con los auriculares colgando del cuello y una sonrisa cada vez más grande.

Cuando su viejo terminó de hablar solo y se quedó en silencio, Salvador sacó su celular, abrió la Play Store y buscó la aplicación del Tickle Challenge Mundialista que Damián había mencionado en el audio. Le llamó la atención el nombre y todo lo que había contado su padrino.

—Esto tiene que ser una joda épica… —susurró mientras descargaba la app.

La barra de progreso llegó al 100%. Salvador abrió la aplicación y empezó a registrarse con una sonrisa pícara, mirando de reojo hacia el living para asegurarse de que su papá no lo viera.

alvador se encerró en su habitación con el corazón latiendo fuerte. La idea de generar contenido para sus redes lo tenía completamente enganchado. “Esto va a ser viral”, pensó mientras terminaba de registrarse en la aplicación Tickle Challenge Mundialista.

Al entrar vio que había muy pocos participantes de Jordania disponibles en el país: apenas 6. No era de extrañar: Jordania ya estaba eliminado del Mundial pasara lo que pasara. Se apuró a tocar el botón de “Buscar rival” antes de que se le escapara la oportunidad. La app giró unos segundos y lo conectó inmediatamente.

¡Emparejamiento exitoso! Oponente: Khalid Al-Rashid (41 años) - Jordania

—Uh, la edad de mi viejo… —murmuró Salvador con una sonrisa—. Qué raro, pero me emociona más todavía.

Aceptó el match al instante. El chat se abrió automáticamente.

Khalid Al-Rashid: مرحبا! هل أنت جاهز للتحدي؟ أنا متحمس جداً للفوز ضد الأرجنتيني 😏

(Traducción: ¡Hola! ¿Estás listo para el desafío? Estoy muy emocionado de ganar contra un argentino 😏)

Salvador se quedó mirando la pantalla confundido. Abrió rápidamente el traductor del celular y escribió:

Salvador: Hola! No entiendo árabe jajaja. Soy de Argentina. ¿Listo para perder contra Argentina? El partido es fácil, te aviso.

Khalid Al-Rashid: Haha, ok ok. No problem. I speak little English. But better use translator. You ready for tickle if Jordan win? 15 minutes. I am strong in this game 😉

Salvador: Jajajaja dale. Si gana Argentina (que va a ganar), te hago 15 minutos de cosquillas. ¿Aceptás?

Khalid Al-Rashid: نعم! أنا مستعد. لكن عندما تفوز الأردن سوف أجعلك تندم 😈

(Traducción: ¡Sí! Estoy listo. Pero cuando gane Jordania te haré arrepentirte 😈)

Salvador sonrió de oreja a oreja, sacando una captura de pantalla para su futuro contenido. La adrenalina ya le corría por el cuerpo. Esto era mucho mejor que ver el partido de fondo como su viejo.

En los días siguientes, los padres de Salvador se fueron de viaje por unos días a Uruguay. Joaquín aprovechó para tomarse un descanso y desconectar un poco del aburrido Mundial. Salvador se quedó solo en casa y eso le dio total libertad.

Lo que empezó como un simple chat en la app se volvió algo mucho más divertido. Khalid Al-Rashid resultó ser un tipo genial. Le contó que estaba en Buenos Aires de vacaciones por dos semanas y que le encantaba la ciudad. Salvador no lo dudó dos veces y se animó a visitarlo en el departamento que tenía alquilado en Palermo.

Los siguientes días se vieron varias veces. Pasaban las tardes y noches viendo partidos del Mundial en la tele del lindo departamento temporario de Khalid. Mientras comían pizza o empanadas, Khalid le contaba sobre Jordania con mucho entusiasmo.

—Petra es increíble, tenés que ir algún día —le decía con los ojos brillantes—. Y el Mar Muerto… flotas sin hacer nada, es mágico. Yo trabajo como guía turístico especializado en historia antigua. Por eso viajo tanto.

Salvador lo escuchaba fascinado. Khalid tenía 41 años, pero parecía tener una energía y vitalidad que su propio padre ya no mostraba. Hablaba con pasión de su país, de la comida, de los mercados de Ammán, de las aventuras que había vivido guiando grupos por el desierto. Se reía fuerte, gesticulaba mucho y siempre tenía alguna anécdota graciosa para contar.

En contraste, Salvador no podía evitar pensar en su viejo. Joaquín pasaba los días tirado en el sillón, con cara de aburrido, quejándose de que “el Mundial ya no es lo mismo”, scrolleando Instagram y durmiéndose antes del segundo tiempo. Khalid, en cambio, parecía disfrutar cada cosa: un gol, un mate, una charla… todo lo vivía con intensidad.

—Tu papá debería probar esto —le dijo Khalid una tarde, riendo, mientras señalaba la app del Tickle Challenge en el celular de Salvador—. La adrenalina te cambia el ánimo.

Salvador sonrió, pero por dentro pensó que tenía razón. Ver a Khalid tan vivo le hacía notar todavía más el bajón en el que estaba su padre.

La amistad entre ellos crecía rápido. Y el partido contra Jordania se acercaba…

Una tarde, mientras veían un partido de otro grupo y comían shawarma que Khalid había preparado, la conversación derivó inevitablemente a la apuesta.

—Salvador, ¿no te parece que sos muy joven para estar haciendo este tipo de apuestas? —preguntó Khalid con tono medio serio, medio divertido, mientras servía más té—. Tenés solo 19 años. Quince minutos de cosquillas no son cualquier cosa.

Salvador sonrió y se encogió de hombros.

—Tengo 19, ya soy mayor de edad. Además, vengo de Argentina… es una apuesta bastante segura. Jordania es buena, pero contra nosotros en este Mundial… creo que va a ser complicado para ustedes. Y la verdad, lo que más quiero es el contenido. Esto va a ser oro para mis redes: la experiencia, las reacciones, todo.

Khalid soltó una risa y asintió. Salvador lo miró con curiosidad y aprovechó para preguntar lo que más le intrigaba:

—Y vos, ¿por qué apostás? O sea… ¿realmente creés que Jordania puede ganarnos?

Khalid se quedó callado un momento, mirando el vaso de té. Luego sonrió con picardía y se inclinó un poco hacia adelante.

—Te voy a contar algo que casi nadie sabe… Hace unas semanas, antes de venir a Buenos Aires, tuve un sueño muy claro. En el sueño, Jordania le ganaba a Argentina. No era un partido normal… era raro, pero vi el resultado. Desde ese día estoy convencido.

Salvador levantó una ceja, esperando más detalles. Khalid siguió, con una sonrisa misteriosa:

—En mi cabeza, vamos a ganar en la cancha… y yo te voy a hacer reír mucho después.

Khalid soltó una carcajada fuerte y le dio una palmada en el hombro a Salvador.

—Así que sí, estoy muy motivado. No es solo fútbol… es destino y cosquillas.

Salvador se rio, aunque sintió un pequeño cosquilleo de nervios en la panza. La confianza de Khalid era contagiosa.

Unos días antes del partido, Salvador le propuso la idea a Khalid mientras tomaban un mate en el departamento:

—Che, Khalid, ¿y si hacemos un streaming para agitar un poco las redes? Para generar hype con la apuesta, tirar algunos dardos futboleros y calentar el ambiente. Sería buen contenido.

Khalid sonrió con ganas y aceptó al instante.

—Dale, me encanta la idea. Vamos a divertirnos.

Esa misma noche armaron el stream en la cuenta de Salvador. Se titularon “Argentina vs Jordania: Previa Épica + Tickle Challenge”. Desde el living del departamento alquilado, con la bandera de Argentina y una pequeña bandera de Jordania de fondo, empezaron a transmitir.

Durante casi una hora se tiraron dardos amistosos pero picantes:

—Jordania va a jugar bien, pero Argentina es otra cosa —decía Salvador.

—Quizá no lo puedas creer, hermano —respondía Khalid riendo—. Vamos a ganar y después vas a reírte mucho… quince minutos completos.

En un momento, Khalid propuso una “previa del desafío”:

—Hagamos una pulseada ahora. Si ganás vos, te doy ventaja el día del partido.

Aceptaron. Se pusieron frente a frente en la mesa. Apenas empezaron, quedó claro que Khalid tenía mucha más fuerza y contextura muscular. Salvador resistió unos segundos, pero terminó perdiendo claramente.

—¡Nooo! —se quejó Salvador riendo, sacudiendo la mano—. Sos un tanque, boludo.

Khalid levantó el brazo en señal de victoria, mirando a cámara.

—Esto es solo una muestra. El día del partido, vas a ver.

Salvador miró a la cámara con cara de falso enojo:

—Esto no vale nada. El fútbol es lo que importa. Y Argentina gana seguro. De nada te van a servir esos brazos el día del partido, Khalid.

El streaming terminó muy bien y alcanzó 150 visualizaciones en vivo, que para ser algo improvisado estaba más que decente. Cuando apagaron la cámara, Salvador se quedó charlando con Khalid mientras comían algo.

—Sabés… mi sueño es ser influencer —le confesó Salvador—. Generar contenido, viajar, vivir de esto. Por eso me emocionó tanto la app y esta apuesta. Quiero que sea algo grande.

Khalid lo miró con respeto y le dio una palmada en la espalda.

—Tenés buena energía, Salvador. Se nota que te gusta. Si seguís así, vas a llegar lejos. Y yo voy a ser parte de tu primer gran video viral… cuando Jordania gane y te haga cosquillas.

Ambos se rieron. La expectativa para el partido ya estaba por las nubes.

Llegó el gran día del partido Argentina vs Jordania. Salvador, emocionado y nervioso, invitó a Khalid a su casa para verlo juntos y hacer el streaming en vivo desde ahí. Había instalado todo: luces, el celular en trípode, la bandera argentina colgada, algunos snacks y hasta un cartel improvisado que decía “Tickle Challenge Mundialista en vivo”.

Khalid llegó puntual, con una sonrisa enorme y una camiseta de Jordania. Se sentaron en el living, todo listo para empezar la transmisión unos minutos antes del pitazo inicial.

Pero cuando Salvador abrió la app y quiso iniciar el stream… nada. Sin conexión.

—¿Qué carajo…? —murmuró, revisando el WiFi. Sin señal. Internet completamente cortada.

Se puso pálido. Faltaban solo quince minutos para el partido. Empezó a caminar de un lado para otro, desesperado.

—Boludo, no puede ser… —dijo mientras marcaba el número de su papá.

Joaquín contestó desde Uruguay, con voz tranquila.

—¿Qué pasa, Salva?

—Viejo, ¿qué pasó con el internet? ¡No hay nada! ¡Está cortado!

Joaquín suspiró del otro lado.

—Ah, sí… cambié de plan. La factura de la empresa anterior me parecía un robo, era carísima. Me olvidé de avisarte. Contraté una nueva que es más barata, pero tardan unos días en instalarla. En tres o cuatro días debería volver.

Salvador sintió que le hervía la sangre.

—¿Cómo que te olvidaste de avisarme?! ¡Papá, esto es importante! ¡Necesito internet YA!

—No exageres, hijo. Son solo unos días. ¿Qué tenés que hacer tan urgente? —preguntó Joaquín, algo molesto por el tono.

Salvador apretó el celular con fuerza. Quería gritarle que tenía a un jordano en casa, que estaban por hacer un streaming en vivo de la apuesta y que todo se estaba yendo a la mierda… pero no quería contarle nada de la app ni del desafío. Sería demasiado complicado de explicar.

—Nada… dejá —respondió con la voz tensa de bronca—. No importa.

Joaquín, cansado del tono de su hijo, terminó cortando:

—Bueno, después hablamos. Estoy en una playa, no me arruines el viaje. Chau.

Y le colgó.

Salvador se quedó mirando el celular con furia contenida.

—Hijo de puta… se olvidó de avisarme —masculló entre dientes.

Khalid, que había seguido todo en silencio desde el sillón, lo miró con preocupación.

—¿Todo bien?

Salvador respiró hondo, todavía rojo de bronca.

—No hay internet… No vamos a poder streamear el partido.

Khalid se levantó del sillón y puso una mano en el hombro de Salvador, intentando tranquilizarlo.

—Calmate, hermano. Respirá. Vamos a pensar en alguna forma de arreglarlo. No es el fin del mundo.

Salvador caminaba de un lado para otro, frustrado.

—No hay forma, Khalid. Sin internet no hay streaming en vivo. Todo se fue a la mierda.

Khalid pensó un segundo y propuso con calma:

—Podemos grabar todo igual, el partido y lo que pase después. Lo editás y lo subís más tarde. Va a quedar buen contenido igual.

Salvador explotó de mala manera, descargando toda la bronca acumulada:

—¡No entendés nada! ¡Se pierde toda la magia del momento! El vivo, los comentarios en tiempo real, la gente reaccionando… ¡Eso es lo que genera views! Vos no lo captás porque sos de la misma generación que mi viejo, que tampoco entiende una mierda de cómo funcionan las redes hoy en día.

Khalid se quedó callado un momento, pero en vez de ofenderse, lo miró con compasión. Entendía que la bronca de Salvador no era solo por el internet.

—Mirá… si esto te genera tanto estrés y no te va a servir para tu contenido, podemos anular la apuesta. No hay drama. No quiero que sufras de más.

Salvador lo miró fijo, todavía con la cara roja de bronca, y respondió con determinación:

—Ni loco voy a dar de baja la apuesta. Con mi viejo capaz no pueda cobrármela… pero con alguien me la voy a cobrar. Vamos a ver el partido igual y, si gana Argentina, agarrate. Punto.

Khalid levantó las manos en señal de rendición, con una media sonrisa.

—Como quieras, campeón. Entonces… que gane el mejor.

El partido comenzó con Argentina dominando. A los 18 minutos, Lautaro Martínez abrió el marcador con un cabezazo preciso tras un centro perfecto de Messi.

Salvador saltó del sillón.

—¡Gol! ¡Vamos, carajo! —miró a Khalid con una sonrisa burlona—. Ya empezó la cuenta regresiva para tu castigo, hermano.

Khalid se removió incómodo en el sillón.

—Fue suerte… Jordania todavía puede reaccionar.

Al minuto 34, Messi hizo magia: enganche, dribbling y un tiro cruzado que se clavó en el ángulo. 2-0.

Salvador estaba eufórico.

—¡Dos a cero! ¿Dónde quedó esa Jordania que iba a ganar? Te pasaste semanas hablándome del sueño premonitorio… ¡y mirá ahora! Andá preparando las axilas y los pies, que te voy a hacer sufrir.

Khalid se tapó la cara, riendo pero nervioso.

—Esto no puede ser… Dale, todavía falta mucho.

En el segundo tiempo, Jordania logró descontar a los 58 minutos con un gol de Yazan Al-Naimat, poniendo el marcador 2-1. Khalid se ilusionó.

—¡Vamos! ¡Todavía podemos empatar!

Salvador lo bajó inmediatamente:

—Ni en pedo. Mirá cómo corren atrás de la pelota. Esto termina 3-1 o 4-1. Prepárate para reírte como nunca.

Y al minuto 78, Julián Álvarez selló el partido con un golazo. 3-1 definitivo.

Cuando el árbitro pitó el final, Salvador se levantó triunfante, señalando a Khalid.

—¡Tres a uno! ¡Victoria clara de Argentina! Te lo dije, boludo. El sueño premonitorio se fue al carajo.

Khalid soltó un suspiro largo y resignado, pero con una sonrisa.

—Está bien… perdí. No seas muy hijo de puta.

Salvador se frotó las manos con malicia. La euforia de Salvador no era solo por el resultado. Había algo más: la bronca acumulada por el streaming arruinado seguía ahí, y ahora tenía una válvula de escape.

Khalid aplaudió deportivamente, aunque con una sonrisa resignada.

—Bien jugado… Argentina mereció ganar —admitió.

Se hizo un breve silencio. Khalid miró a Salvador y, con tono suave, le dijo:

—Mirá… si no querés seguir con la apuesta por lo del streaming y todo el quilombo que te generó, lo dejamos pasar. No hay drama, de verdad.

Salvador lo miró fijo, todavía con la adrenalina corriendo por el cuerpo, y negó con la cabeza.

—No. Es hora de pagar, Khalid.

Khalid levantó una ceja, sorprendido. Salvador siguió hablando mientras caminaba alrededor del sillón:

—Estuve pensando durante el partido… Para la próxima apuesta que haga, me va a servir un montón saber hacer bien las cosquillas. Tengo que practicar técnicas, ver cómo reacciona la gente, practicar la humillación graciosa… todo eso va a mejorar mucho mi próximo streaming. Así que sí, vas a pagar los quince minutos.

Khalid soltó una risa nerviosa, pero se notaba que no se lo esperaba.

—Ah, ¿sí? ¿Ahora soy tu práctica?

—Exacto —respondió Salvador con una sonrisa pícara y decidida—. Dale, sacate la remerita.

Khalid suspiró, pero con buena onda, y se quitó la camiseta de Jordania, quedando con el torso al descubierto. Tenía una buena contextura, se notaba que era un hombre activo.

Salvador se frotó las manos, todavía con esa mezcla de euforia y bronca contenida.

Salvador miró el torso desnudo de Khalid y levantó las cejas con una sonrisa burlona.

—Che, Khalid… ¿todos en Jordania tienen tanto pelo en el pecho o vos sos especial? —preguntó, señalando con el dedo el pecho velludo del jordano.

Khalid soltó una risa y se miró a sí mismo.

—Sí, la mayoría tenemos bastante. Es genético. ¿Por qué? ¿Te molesta?

—No, al contrario. Te da una buena apariencia, tipo hombre del desierto, guerrero antiguo y todo eso. Pero ahora vamos a ver si eso te ayuda a aguantar… —respondió Salvador con picardía—. Bien… empecemos entonces. Manos en la nuca para empezar, que quiero probar bien las axilas.

Se sentó a horcajadas sobre la cintura de Khalid, quien ya había colocado obedientemente las manos detrás de la nuca, dejando las axilas completamente expuestas. Salvador respiró hondo, disfrutando el momento, y empezó.

Comenzó suave pero decidido: sus dedos bajaron directo a las axilas de Khalid, moviéndose con las yemas en círculos rápidos y livianos.

Khalid dio un respingo fuerte y soltó una carcajada grave y ronca.

—¡Jajajaja! ¡Ey, ey, suave!

—Uy, mirá vos… ya estás saltando —se burló Salvador, sin detenerse—. ¿Esto es el gran soñador que iba a ganar con su premonición? Te pasaste días hablándome del sueño y ahora te estás riendo como nene con solo tocarte las axilas.

Salvador profundizó el ataque, usando también las uñas para rascar suavemente en el centro de las axilas. Khalid se retorció debajo de él, apretando los brazos contra su cabeza para intentar protegerse, pero sin bajar las manos.

—¡Jajajajaja! ¡Para, Salvador! ¡Las axilas son muy sensibles! ¡Jajajaja!

—Justo lo que necesitaba saber —dijo Salvador riendo, alternando entre axilas y bajando a las costillas—. Mirá cómo se te mueve todo el pecho. Ese pelo no te protege para nada, boludo. Parece que cuanto más pelo, más cosquilloso. ¿O será que los guías turísticos de Petra son débiles para las cosquillas?

Khalid reía cada vez más fuerte, sacudiendo la cabeza de un lado a otro. El sudor ya empezaba a aparecerle en la frente.

—¡Jajajaja… hijo de…! ¡No tan rápido! ¡Jajajajaja!

Salvador bajó un poco más a los costados de los abdominales, haciendo cosquillas rápidas y vibrando con los dedos sobre los músculos.

—Esto es por el streaming arruinado… y por tu sueño premonitorio de mierda —seguía burlándose—. ¿Dónde quedó esa Jordania que iba a ganar? Ahora estás acá, con las manos en la nuca, riéndote como idiota. Quince minutos de práctica para mi futuro contenido. ¡Reíte más fuerte, que esto recién empieza!

Khalid ya tenía lágrimas en los ojos y su risa se volvía más ronca y desesperada mientras se retorcía bajo el peso de Salvador.

Salvador siguió torturando un rato más las axilas y costillas de Khalid, disfrutando cómo el jordano se retorcía cada vez con más fuerza. Pero de repente se detuvo, con una sonrisa maliciosa.

—Bien, suficiente por ahora con el pecho peludo… Vamos a bajar un nivel. Sacate los zapatos y las medias, Khalid. Es hora de probar esas patitas del desierto.

Khalid, todavía jadeando y con lágrimas de risa en los ojos, lo miró con cara de preocupación.

—Uy no… ¿los pies? Dale, Salvador, ahí soy muy cosquilloso…

—Justo por eso —respondió Salvador riendo mientras se bajaba de su cintura—. Dale, sacátelos. No me hagas perder tiempo.

Khalid suspiró resignado y se quitó las zapatillas deportivas y las medias, dejando al descubierto unos pies grandes y bien cuidados. Salvador agarró uno de los tobillos con firmeza y lo levantó, sentándose en el borde del sillón.

—Mirá qué pies… Suaves para ser un guía turístico que camina por el desierto —comentó con sorna—. Vamos a ver cuánto aguantás.

Empezó suave, pasando las yemas de los dedos por la planta del pie derecho. Khalid dio un respingo violento y soltó una carcajada grave y explosiva.

—¡JAJAJAJAJA! ¡Nooo, los pies no!

Pero Salvador no tardó en subir la intensidad. Usó las uñas para rascar con más fuerza bajo los dedos y por el arco del pie, alternando con movimientos rápidos y vibratorios.

—¡JAJAJAJAJA! ¡PARÁ, SALVADOR! ¡JAJAJAJAJA! ¡Eso es muy malo!

—Uy, mirá cómo saltás, boludo —se burló Salvador, sujetando fuerte el tobillo—. Resulta que el hombre del sueño premonitorio tiene los pies hipercosquillosos. ¿Esto es lo que te hacía falta para que Jordania ganara? Deberías haber soñado con defender mejor las plantas de los pies.

Salvador cambió de pie y aumentó todavía más la intensidad: usaba una mano para sujetar los dedos hacia atrás y con la otra atacaba sin piedad, raspando, vibrando y haciendo cosquillas rápidas por toda la planta. Khalid se retorcía como loco en el sillón, riendo a carcajadas roncas y golpeando el almohadón con la mano libre.

—¡JAJAJAJAJAJA! ¡Basta, por favor! ¡Las plantas son lo peor! ¡JAJAJAJA… HIJO DE PUTA!

—Esto es práctica, Khalid —decía Salvador sin detenerse, claramente disfrutando—. Tengo que aprender a hacer bien esto para mis futuros streams. ¿Cómo se siente que te estén destruyendo los pies después de haberte creído el sueño? ¡Reíte más fuerte! Sudás como en el Mar Muerto, boludo.

Khalid ya estaba completamente destruido: sudaba, tenía la cara roja y su risa se volvía cada vez más desesperada y quebrada. Intentaba retirar los pies, pero Salvador los tenía bien agarrados y seguía atacando sin misericordia.

Salvador no daba tregua. Siguió sujetando con fuerza los tobillos de Khalid contra el sillón y aumentó drásticamente la intensidad del ataque en los pies. Ahora usaba ambas manos a la vez: con una sujetaba los dedos hacia atrás para tensar la planta y con la otra raspaba sin piedad con las uñas por el arco, debajo de los dedos y por los talones, alternando con vibraciones rápidas y enloquecedoras.

Khalid explotó en carcajadas desesperadas, su cuerpo entero sacudiéndose violentamente en el sillón.

—¡JAJAJAJAJAJA! ¡NOOO! ¡LOS PIES NO TAN FUERTE! ¡JAJAJAJAJA… PARÁ, SALVADOR!

—Esto recién se pone bueno —dijo Salvador con una sonrisa sádica, sin detener el tormento ni un segundo—. Mirá cómo te retorcés. El gran guía turístico del desierto ahora parece un pez fuera del agua. ¡Reíte más fuerte!

Khalid sudaba a chorros, las lágrimas le corrían por las mejillas y su risa se volvía cada vez más ronca y quebrada. Salvador cambió de técnica: empezó a hacer cosquillas rapidísimas con todas las uñas a la vez, como si estuviera tocando un piano enloquecido sobre las plantas.

—¡JAJAJAJAJA… BASTA! ¡POR FAVOR!

Salvador aprovechó el momento de máxima debilidad y le exigió con voz burlona:

—Confesá, Khalid. Decí bien fuerte: “Alguien con menos de la mitad de mi edad me está pegando el baile de mi vida”.

Khalid negó con la cabeza, intentando resistir entre carcajadas histéricas, pero Salvador atacó todavía más fuerte, raspando sin parar justo debajo de los dedos.

—¡Decilo! O sigo hasta que terminen los quince minutos.

—¡JAJAJAJAJA… ESTÁ BIEN! ¡ESTÁ BIEN! —cedió Khalid, casi sin aliento—. ¡Alguien con menos de la mitad de mi edad… me está pegando el baile de mi vida! ¡JAJAJAJAJA… vos, Salvador! ¡Un pendejo de 19 años me está destruyendo!

Salvador soltó una carcajada triunfal y siguió torturando las plantas sin bajar la intensidad.

—Así me gusta. ¡Más fuerte! Decilo de nuevo mientras te cepillo estas patitas del desierto.

Khalid, completamente destruido, repitió entre risas desesperadas:

—¡Un chico con menos de la mitad de mi edad… me está dando el baile de mi vida! ¡JAJAJAJAJA… sos un hijo de puta! ¡No puedo más!

Salvador seguía implacable, alternando entre los dos pies, raspando, vibrando y atacando cada zona sensible mientras se reía de las confesiones humillantes de Khalid.

—Esto es oro puro para practicar. El jordano de 41 años, el del sueño premonitorio… reducido a esto por un pibe de 19. Perfecto.

Salvador soltó los pies de Khalid, que quedaron temblando sobre el sillón. El jordano respiraba agitado, todavía recuperándose del ataque brutal a las plantas.

—Bien… suficiente con los pies por ahora —dijo Salvador con una sonrisa maliciosa—. Ahora quiero información más interesante.

Se volvió a sentar a horcajadas sobre la cintura de Khalid y colocó las manos sobre su pecho velludo. Empezó suave, pero rápidamente subió la intensidad: dedos moviéndose por las axilas, bajando a las costillas y luego vibrando sobre los abdominales.

Khalid volvió a explotar en carcajadas graves y desesperadas.

—¡Jajajajaja! ¡Otra vez nooo! ¡Salvador, basta!

—Vamos a hacer otro interrogatorio —anunció Salvador mientras sus dedos atacaban sin piedad las axilas expuestas—. Y esta vez quiero la verdad. ¿A qué viniste realmente a Argentina? No me cierra que sea solo “vacaciones”. Contame.

Khalid se retorcía debajo de él, riendo con fuerza mientras intentaba mantener algo de dignidad.

—¡Jajajaja… ya te dije! ¡Vacaciones! ¡Para conocer Buenos Aires!

Salvador negó con la cabeza y profundizó el ataque: una mano en la axila izquierda haciendo círculos rápidos con las uñas, la otra bajando a las costillas y abdominales, raspando entre cada músculo.

—¡Mentira! ¡Decime la verdad o te hago cosquillas hasta que terminen los quince minutos! ¡Mirá cómo sudás otra vez, boludo!

Khalid arqueó la espalda, riendo cada vez más histéricamente, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

—¡JAJAJAJAJA… PARA! ¡Está bien… está bien! ¡Vine a encontrarme con una mujer!

Salvador detuvo un segundo el ataque, sorprendido, pero sin quitar las manos de su torso.

—¿Una mujer? ¿Qué mujer?

Khalid, todavía jadeando y con la cara completamente roja, confesó entre risas residuales y vergüenza:

—La conocí por internet… en una app de citas. Llevamos meses hablando. Me dijo que era de Buenos Aires y… quise venir a conocerla en persona. Me da vergüenza admitirlo, parecía más romántico decir que era solo por vacaciones…

Salvador soltó una carcajada fuerte y volvió a atacar las axilas con renovada energía.

—¡Jajajaja! ¿En serio? ¿El guía turístico del desierto vino a Argentina por una mina de Tinder? ¡Esto es mejor de lo que imaginaba! Decilo más fuerte: “Vine a Argentina porque me enganché con una mujer por internet”.

Khalid, destruido de la risa y la humillación, terminó repitiendo entre carcajadas:

—¡Vine a Argentina… jajajaja… porque conocí a una mujer por internet! ¡No me hagas decir más, por favor!

Salvador seguía torturándole el torso, claramente disfrutando la nueva información.

—Mirá vos… el del sueño premonitorio terminó siendo un romántico frustrado. Esto va a quedar excelente para mi contenido.

Salvador seguía sentado a horcajadas sobre Khalid, con las manos apoyadas en su pecho velludo, sonriendo con malicia ante la nueva información.

—Una mujer por internet… qué lindo —dijo con tono burlón—. Y contame… ¿ella sabe que sos re cosquilloso? ¿Sabe que un pibe de 19 años te puede destruir con solo tocarte las axilas y los pies?

Khalid, todavía recuperando el aliento, negó rápidamente con la cabeza.

—No… no le voy a decir nada de eso.

Salvador levantó las cejas, claramente intrigado y divertido. Sin decir una palabra más, hundió los dedos en las axilas de Khalid y empezó un nuevo ataque, esta vez más focalizado y cruel.

—¡JAJAJAJAJA! ¡Nooo, otra vez las axilas no!

—Interrogatorio round dos —anunció Salvador mientras sus dedos hacían círculos rápidos y profundos en las axilas, alternando con rasguños suaves pero constantes—. ¿Por qué no le dijiste? ¿Tenés miedo de que sepa que el “guía turístico fuerte y aventurero” se derrite con cosquillas?

Khalid se retorció violentamente debajo de él, soltando carcajadas roncas y desesperadas.

—¡Jajajajaja… porque me da vergüenza! ¡Para! ¡Jajajaja!

Salvador no aflojó. Bajó una mano a las costillas y la otra siguió en la axila derecha, atacando sin piedad.

—¿Vergüenza de qué? ¡Decime la verdad completa! ¿No querés que sepa que sos débil para las cosquillas? ¿O tenés miedo de que ella quiera hacerte lo mismo?

—¡JAJAJAJAJA… sí! ¡Las dos cosas! ¡No quiero que piense que soy… jajajaja… un blando! ¡Quiero que me vea como un hombre serio, no como alguien que se ríe como loco si le tocan los pies!

Salvador soltó una carcajada y aumentó la intensidad, vibrando los dedos justo en el centro de las axilas.

—Mirá vos… el romántico del desierto escondiendo su mayor debilidad. ¿Y si ella es tan cosquillera como yo? Imaginate que te hace esto en la primera cita… ¡Decilo! “No le dije porque me da vergüenza que sepa lo cosquilloso que soy”.

Khalid ya estaba completamente destruido, sudando, con lágrimas en los ojos y la risa quebrada:

—¡No le dije… jajajajaja… porque me da vergüenza que sepa lo cosquilloso que soy! ¡Soy muy sensible y no quiero que me vea así! ¡Por favor, Salvador, basta!

Salvador siguió un poco más, disfrutando cada confesión humillante.

—Esto es oro, boludo. Un jordano de 41 años viniendo a Argentina por una mina y escondiendo que tiene axilas y pies traicioneros. Perfecto para mi práctica.

Salvador se detuvo un momento, todavía sentado sobre Khalid, y lo miró con una sonrisa traviesa.

—Última pregunta del interrogatorio… y quiero la verdad absoluta esta vez. ¿Dónde tenés más cosquillas? ¿Cuál es tu punto débil número uno?

Khalid, todavía jadeando y con la cara roja, cerró la boca con fuerza y negó con la cabeza.

—No… eso no te lo pienso decir.

Salvador soltó una risa baja y peligrosa.

—Mal respuesta.

Sin decir nada más, se bajó de la cintura de Khalid, agarró sus tobillos con firmeza y volvió al ataque brutal en los pies. Esta vez fue todavía más intenso: sujetó los dedos hacia atrás con una mano y con la otra raspó sin piedad con las uñas por toda la planta, vibrando rápido y atacando especialmente la zona debajo de los dedos y el arco.

Khalid explotó inmediatamente en carcajadas desesperadas, sacudiendo todo el cuerpo.

—¡JAJAJAJAJAJA! ¡NOOO, LOS PIES OTRA VEZ NO! ¡PARÁ, SALVADOR! ¡JAJAJAJAJA!

—Decime dónde tenés más cosquillas o no paro —amenazó Salvador mientras alternaba pies y aumentaba la velocidad de las uñas.

Khalid resistió casi un minuto entero, retorciéndose como loco, sudando y rogando entre risas.

—¡JAJAJAJA… NO TE LO VOY A DECIR! ¡JAJAJAJA… BASTA POR FAVOR!

Pero Salvador no tuvo piedad. Cambió de técnica: usó las yemas de todos los dedos para hacer cosquillas rapidísimas y livianas, casi como si estuviera tocando un tambor sobre las plantas sensibles.

Khalid finalmente se quebró por completo.

—¡JAJAJAJAJA… ESTÁ BIEN! ¡ESTÁ BIEN! ¡Las bolas! ¡Las bolas son lo peor! ¡JAJAJAJAJA… por favor, pará!

Salvador detuvo el ataque en los pies, pero mantuvo los tobillos agarrados mientras sonreía con sorpresa y diversión.

—¿Las bolas? ¿En serio?

Khalid, completamente exhausto, rojo como un tomate y con lágrimas corriendo por las mejillas, asintió con mucha vergüenza.

—Sí… las bolas y los muslos… soy extremadamente sensible ahí. Me da mucha vergüenza admitirlo… siempre me ha pasado. Por favor, no empieces con eso, es cruzar límites…

Salvador soltó una carcajada fuerte y triunfal.

Salvador soltó los tobillos de Khalid y se acercó nuevamente a su entrepierna, mirándolo con una sonrisa sádica pero juguetona.

—Las bolas, eh… Bueno, te prometo que voy a ser cuidadoso —dijo con tono falso y tranquilizador, mientras se abría paso por la manga del pantalón—. Solo voy a usar la yema de los dedos un poco y nada más. Tranquilo.

Khalid lo miró con pánico genuino, todavía respirando agitado.

—Salvador… por favor, no. Ahí soy demasiado sensible. De verdad…

Pero Salvador ya estaba sentado a su lado, inclinándose sobre él. Con delicadeza pero decisión, colocó las yemas de sus dedos índice y medio por los huevos de Khalid y empezó a moverlas en suaves círculos lentos y livianos.

El efecto fue inmediato y devastador.

Khalid dio un salto violento en el sillón y explotó en una carcajada aguda y completamente descontrolada, muy diferente a las risas graves de antes.

—¡JAJAJAJAJAJA! ¡NOOO! ¡AHÍ NO, NO! ¡PARÁ, PARÁ, PARÁ!

Salvador sonrió sorprendido y siguió con más confianza, rozando con las yemas justo por debajo y bajando un poco hacia el borde, haciendo movimientos lentos pero suaves.

—¡JAJAJAJAJAJAJA! ¡HIJO DE PUTA! ¡ME VUELVO LOCO! ¡JAJAJAJAJA!

Khalid se sacudía como poseído, encogiendo los hombros, girando la cabeza de un lado a otro desesperadamente e intentando subir los brazos para protegerse. Su risa se volvió histérica, casi chillona, mientras todo su cuerpo temblaba sin control.

—Mirá vos… —se burló Salvador sin detener las yemas—. El punto más débil de todos. Te prometí que iba a ser cuidadoso y mirá cómo te ponés. Imaginate si uso una pluma…

—¡NOOO! ¡JAJAJAJAJAJA… NI LOCO! ¡POR FAVOR! ¡JAJAJAJAJA!

Salvador siguió unos segundos más, alternando entre ambos huevos con movimientos precisos y rápidos. Khalid estaba completamente deshecho: lloraba de la risa, sudaba y su cuerpo se retorcía de forma incontrolable.

Justo cuando parecía que Khalid ya no aguantaba más…

¡Piiiiiii!

El cronómetro del celular de Salvador sonó fuerte, marcando los quince minutos exactos.

Salvador levantó las manos inmediatamente y se echó hacia atrás riendo.

—Se acabó el tiempo, Khalid. Quedaste salvado por la campana.

Khalid quedó tirado en el sillón, exhausto, jadeando con fuerza, con la cara completamente roja y lágrimas corriendo por sus mejillas. Todavía le salían algunas risas residuales mientras se tapaba las orejas con las manos.

—Sos… un demonio… —logró decir entre respiraciones entrecortadas—. Nunca… nunca más…

Salvador se rio con ganas, claramente satisfecho con su “práctica”.

—Mirá vos… el hombre del desierto, el que vino por una mina de internet, el del sueño premonitorio… derrotado por un pibe de 19 años que ahora sabe que sus orejas son su kriptonita. Esto se pone cada vez mejor.

Khalid quedó tirado en el sillón durante casi un minuto entero, respirando agitado, con una mano todavía cubriéndose una oreja y la otra sobre el pecho. Poco a poco fue recuperando el aliento. Salvador, sentado a su lado, no podía borrar la sonrisa de satisfacción.

—Boludo… te juro que pensé que te ibas a desmayar cuando te toqué ahí —dijo Salvador riendo.

Khalid soltó una risa débil y ronca, todavía exhausto.

—Te lo dije… son mi punto más débil. Nunca nadie me había atacado ahí con tanta saña. Sos un sádico, Salvador. Un sádico de 19 años.

Salvador le pasó una botella de agua que tenía cerca. Khalid se incorporó lentamente y bebió con ganas.

—Gracias por no haber anulado la apuesta —dijo Khalid con una sonrisa cansada pero sincera—. Aunque me hayas destruido, cumpliste. Y la verdad… fue divertido, a pesar de todo.

—¿Divertido para vos también? —preguntó Salvador sorprendido.

—Al principio quería matarte… pero sí. Hacía mucho que no me reía así. Me recordó que todavía estoy vivo. Aunque me hayas hecho confesar cosas que preferiría llevarme a la tumba —agregó riendo y negando con la cabeza—. Lo de la mujer por internet… y lo de las bolas… eso te lo guardás, ¿eh?

—Tranquilo, eso queda entre nosotros —dijo Salvador guiñándole un ojo—. Aunque para mi contenido voy a tener que editar bastante.

Se quedaron un rato más charlando. Khalid le contó un poco más sobre la mujer (que se llamaba Laura y que ya se habían visto una vez) y Salvador le habló de su sueño de ser influencer. La buena onda entre ellos seguía intacta.

Antes de que Khalid se fuera, se dieron un abrazo fuerte.

—Gracias por el desafío, pendejo —dijo Khalid—. Y si querés practicar más para tus streams… avisame. Pero la próxima vez yo elijo las condiciones.

Salvador se rio.

—Dale. Y vos contale a Laura lo de las cosquillas… nunca se sabe.

Khalid se fue riendo y sacudiendo la cabeza.

Días después, Salvador, con una sonrisa, siguió buscando su próximo rival en la app.

Joaquín nunca se enteró de lo que pasó en su living.

Khalid siguió su viaje en Buenos Aires, y meses más tarde le mandó un mensaje a Salvador contándole que todo había salido bien con Laura…

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