jueves, 17 de octubre de 2024

Arrástrame al infierno... de las cosquillas.

  • Lunes, por la mañana.

    Christian sudaba profusamente mientras levantaba vigorosamente pesas en el gimnasio. A su lado, su amigo de toda la vida, Juan, se ejercitaba en una bicicleta estática. Ambos habían estado hablando sobre el trabajo de Christian, quien trabajaba como ejecutivo de préstamos en un banco local.

    ¿Cómo va todo en el trabajo? –preguntó Juan mientras pedaleaba con fuerza.

    Bien, creo que va bastante bien –respondió Christian, respirando agitado –De hecho, espero que me promuevan al puesto de asistente de gerente pronto.

    ¡Eso suena genial! –respondió Juan, levantando las cejas en sorpresa. –¿Qué te hace pensar que vas a conseguir el trabajo?"

    Bueno, he estado trabajando duro y he cumplido con mis objetivos de ventas todos los meses. Además, he sido muy diligente en mi trabajo y he demostrado que tengo las habilidades necesarias para ser un buen asistente de gerente. –explicó Christian, con altanería.

    Y veo que la humildad también ha sido bien cultivada –bromeó Juan –Estoy seguro de que lo conseguirás. Eres un gran trabajador y siempre te has esforzado por alcanzar tus metas.

    –Y si, ya me toca.

    Después de un rato, ambos amigos terminaron su entrenamiento y se dirigieron a la ducha. Christian no podía evitar sentirse emocionado por la posibilidad de un ascenso en su trabajo. Sabía que sería un gran desafío, pero estaba decidido a hacer todo lo posible para tener éxito. Nada estimulaba más a Christian que los desafíos.

    Con la mente llena de esperanza y determinación, Christian se vistió y se despidió de Juan antes de irse a casa para prepararse para un nuevo día en el banco. Estaba listo para enfrentar cualquier desafío que se le presentara.

    Esa mañana, Christian llegó temprano al banco, preparado para trabajar duro y hacer todo lo posible para conseguir el puesto de asistente de gerente. Sin embargo, su estado de ánimo se empañó cuando se encontró con su compañero Bruno en el baño, quien comenzó a orinar en el mingitorio de al lado. Christian sintió un nudo en el estómago. Ese encuentro no era casual, pues Christian conocía bien que Bruno no perdía ocasión de tratar de superarlo, lo que le había llevado a mantener una relación tensa con él. La rivalidad se debatía silenciosamente en diversos ámbitos: en lo laboral, en la ropa que llevaban, en el aspecto físico… Y a veces, la rivalidad se llevaba al terreno de los baños, donde ambos se afanaban por mostrar quién la tenía más larga, en un silencioso juego de miradas discretas.

    Esta vez, sin embargo, esta vez Bruno rompió el silencio. 

    ¿Has oído hablar de las últimas noticias, Christian? –dijo Bruno con una sonrisa arrogante. –Se rumorea que van a nombrarme como el próximo gerente del banco.

    Si bien Christian sabía que la decisión final dependía del equipo de gestión, no podía evitar sentir una punzada de rivalidad hacia Bruno. 

    Espera y veremos, Bruno –respondió Christian, tratando de mantener la compostura. –El puesto de asistente de gerente también es un gran logro y estoy seguro de que hay muchos otros candidatos que lo están considerando.

    Bruno se rió con arrogancia, mientras guardaba el pene en su bragueta. 

    –Sí, bueno, todos saben que soy el mejor candidato para el trabajo. He estado aquí más tiempo que tú y he demostrado mi capacidad de liderazgo en numerosas ocasiones. Además, el jefe siempre me ha mostrado favoritismo.

    Christian sintió una ola de excitante ira, como cada vez que alguien lo desafiaba. Sabía que Bruno tenía cierta experiencia en el banco, pero también sabía que era un empleado engreído y arrogante por encima de sus posibilidades.

    Después de reflexionarlo unos instantes, Christian decidió que necesitaba consejos de su jefe sobre cómo lograr su ascenso deseado. Así que programó una reunión para discutir sus objetivos y ambiciones.

    Durante la reunión, Christian le expresó su deseo de ascender y preguntó cómo podría ser el candidato ideal para el puesto de asistente de gerente. Su jefe escuchó con atención y luego le aconsejó que demostrara su capacidad para tomar decisiones difíciles y desempeñarse de manera autónoma. Christian consideró todo aquello como la cháchara propia de las organizaciones.

    Christian, no cabe duda de que eres un empleado leal y trabajador –dijo su jefe. –Pero para ser considerado para un ascenso, debes demostrar que eres capaz de tomar decisiones difíciles y pensar fuera de la caja. Es importante que puedas asumir responsabilidades adicionales y desempeñarte sin la supervisión constante de tus superiores.

    Christian asintió, agradecido por el consejo de su jefe. Sabía que debía trabajar en su capacidad para tomar decisiones y estar más seguro de sí mismo en situaciones de alta presión.

    A partir de ese momento, Christian comenzó a buscar oportunidades para tomar decisiones difíciles en su trabajo. Se aseguró de pensar en soluciones creativas para resolver los problemas de sus clientes y tomó la iniciativa de asumir responsabilidades adicionales.

    Esa tarde, mientras Christian estaba en su oficina, un anciano llamado Jaime Ganush entró en su despacho. El anciano estaba en un estado decrépito, apenas lograba caminar. Christian lo recibió amablemente y se enteró de que Jaime estaba allí para solicitar una extensión de pago de su hipoteca. A medida que Jaime explicaba su situación financiera difícil, Christian sabía que podía aprobar fácilmente su solicitud de extensión. Pero también sabía que esto no lo ayudaría a probarse a sí mismo como un ejecutivo competente para su jefe. Esta era su oportunidad.

    Después de una breve pausa, Christian le explicó a Jaime que lamentablemente no podría aprobar su solicitud de extensión de pago. Jaime se sorprendió por la respuesta y preguntó por qué no era posible.

    Christian tomó una respiración profunda y explicó que su banco no podía permitirse dar más tiempo a los pagos de hipotecas, ya que estaban tratando de recuperar su estabilidad financiera después de la crisis económica reciente.

    ¡Pero voy a perder mi casa! –dijo el anciano, quebrándose en llanto.

    Lo lamento –respondió Christian, impasible –Usted sabía las condiciones de estos préstamos.

    Después de que Jaime pareció haberse ido, Christian se sentó en su escritorio, sintiéndose incómodo con la decisión que había tomado. Sabía que su decisión había sido motivada por su deseo de demostrar su competencia como ejecutivo, pero también se dio cuenta de que había fallado en su responsabilidad de ayudar a un cliente necesitado. Sin embargo, se engañó a sí mismo pensando que, como ejecutivo bancario, tenía que seguir las políticas y procedimientos establecidos para proteger los intereses del banco. Además, Ganush no cumplía con los requisitos necesarios para obtener una extensión de pago de hipoteca.

    Cuando Christian salió de su oficina, se encontró con Ganush en el pasillo. Allí estaban también algunos empleados y sus jefes.

    ¡Por favor, le imploro que me ayude a recuperar su casa! –comenzó a suplicar el anciano. 

    Christian le explicó con muy mala actitud que no podía hacer nada más para ayudarlo en ese momento, ya que había tomado la decisión de rechazar su solicitud de extensión de pago y debía cumplir con las políticas del banco.

    –Me temo que si no se retira ahora mismo, voy a tener que llamar a seguridad.

    La cara de Ganush denotaba decepción y tristeza por la respuesta de Christian. Sin embargo, Christian sabía que había hecho lo correcto al seguir las políticas del banco, y se sintió extrañamente bien al mostrarse frente a sus compañeros como alguien poderoso e indolente al no ofrecerle recursos para ayudarlo de otras maneras.

    Me… humillaste– dijo el anciano, mientras le daba la espalda para retirarse del lugar.

    Al rato, mientras Christian trabajaba en su escritorio, su jefe lo llamó a su oficina. Al entrar, Christian se sorprendió al ver una sonrisa en la cara de su jefe.

    Christian, quería felicitarte por la forma en que manejaste la situación con el Sr. Ganush –dijo el jefe –Me dijeron que te enfrentaste a una decisión difícil y que tomaste la decisión correcta al seguir las políticas del banco y no dejarte convencer por la manipulación de los clientes. Eso demuestra que eres un ejecutivo responsable y capaz de tomar decisiones difíciles.

    Christian se sintió aliviado y agradecido por el cumplido de su jefe. Sabía que era importante ser reconocido por su trabajo y que esto podría ayudarlo a avanzar en su carrera en el banco.

    Gracias, es lo que había que hacer y se hizo–dijo Christian con una sonrisa en su rostro..

    Con un apretón de manos y una sonrisa, Christian salió de la oficina de su jefe, sintiéndose más motivado y comprometido que nunca a trabajar duro y demostrar su capacidad para ascender en el banco.


    Cuando Christian  se dirigió al estacionamiento del banco, vio a Jaime Ganush en el estacionamiento del banco. No estaba seguro de cómo reaccionar después de lo que había sucedido en el banco unos días antes, pero trató de hacer como si no lo hubiera visto.

    No puedo creer que ni te dignes a saludarme después de lo que me hiciste en el banco –dijo Ganush en tono enojado. –No tienes idea de lo que es estar en mi situación. No te importa la gente como yo. Solo te preocupas por el dinero del banco.

    Lo siento mucho, Sr. Ganush –dijo Christian en un tono sincero. –Hubiera tomado mejores decisiones financieras en lugar de decirme cómo hacer mi trabajo.

    De repente, Christian vio que Ganush intentaba atacarlo con su bastón torpemente, pero logró esquivarlo con facilidad. A pesar de que se había disculpado, se dio cuenta de que la situación estaba lejos de estar resuelta. El anciano intentó tirarse contra Christian nuevamente, pero aquel débil señor no era rival para el atlético joven.

    Mire, viejito… Tiene que frenar ahora o va a tener problemas –lo amenazó Christian, frenándolo fácilmente con un solo brazo.

    Te crees muy fuerte… –dijo el anciano. –Pero te arrepentirás.

    Lo que sucedió después lo dejó completamente perplejo. Ganush comenzó a murmurar palabras extrañas en un idioma que Christian nunca había escuchado antes. La voz de Ganush se hizo más fuerte y sus ojos se llenaron de un brillo extraño. Christian se sintió extraño, pero se mantuvo en pie.

    Pronto serás vos quien venga a suplicarme a mí –dijo el anciano.

    Cuando volvió en sí, Ganush había desaparecido. Christian se sacudió, confundido, pero no asustado. ¿Qué acababa de pasar? ¿Qué había sido eso? Inquieto y nervioso, Christian intentó sacudirse la sensación de malestar mientras se subía a su auto y se alejaba del estacionamiento. Pero una extraña sensación de malestar lo acompañó todo el camino a casa.

    A medida que pasaban las horas, Christian comenzó a sentir que algo extraño estaba sucediendo. Ni bien se estaba durmiendo, tuvo una pesadilla en las que vio la cara enojada de Ganush, diciéndole las mismas palabras extrañas que había pronunciado en el estacionamiento. Se despertó sudando y temblando, sintiéndose perturbado.

    Martes, a la madrugada.

    Había logrado Christian conciliar el sueño, sin embargo, estaba durmiendo en boxer y de repente sintió que unas manos invisibles lo sujetan de los brazos y los pies, a la vez que comenzó a recibir un ataque de cosquillas en sus axilas, pies y costillas. El ataque no duró más de un minuto, pero fue sumamente intenso porque se sintió como si seis manos lo cosquillearan simultáneamente en esas zonas.

    Christian se despertó sobresaltado, pero no había nadie en su habitación. Se frotó los ojos, tratando de entender lo que acababa de suceder. Pensó que tal vez había sido una pesadilla, así que se tumbó de nuevo en la cama y cerró los ojos.

    Martes, por la mañana.

    Al día siguiente, Christian fue a visitar a su amigo en el gimnasio y le contó todo lo que había sucedido.

    ¿Y crees que el viejo te lanzó una maldición de… cosquillas? –sugirió su amigo –Eso sí es una novedad. 

    Christian desestimó la idea y se dirigió hacia el banco, donde su jefe lo citó junto a Bruno. El jefe les informó que ambos tenían igualdad de condiciones de ascender.

    –Es difícil decidirse, ¿Qué tal si lo definimos con una pelea de cosquillas?

    Christian se sorprendió ante la extraña prueba que su jefe acababa de proponer, teniendo en cuenta su experiencia de la madrugada. Miró a Bruno, quien parecía estar emocionado con la idea.

    ¿Una pelea de cosquillas?", preguntó Christian, todavía sin entender del todo lo que su jefe estaba sugiriendo.

    Sí, así es –confirmó el jefe. –Vamos a ver quién tiene la resistencia necesaria para lidiar con situaciones incómodas y mantener la compostura; pero si alguno de ustedes se quiere bajar de la idea… puede volver a su puesto laboral y dejarle el lugar de ganador al otro.

    Christian no estaba seguro de cómo sentirse al respecto. La idea de una pelea de cosquillas sonaba infantil y tonta, pero sabía que esta era su oportunidad de conseguir la promoción que había estado buscando.

    Está bien, lo haremos –dijo Christian con determinación, mirando a Bruno.

    Me sorprende, pensé que te bajarías –bromeó Bruno.

    Christian asintió, sonriendo de manera confiada. Christian y Bruno se miraron entre sí,y ambos se quitaron la camisa, dejando al descubierto sus torsos. Ambos hombres tenían una contextura atlética similar, aunque Bruno era completamente lampiño en comparación con Christian, cuyas axilas y pecho eran peludos.

    Nada de golpes –sentenció el jefe –No quiero problemas, demuestren lo que tienen sin ser animales, ¿Entendido?

    La pelea comenzó, cada uno tratando de encontrar los puntos débiles del otro. Christian intentó hacer cosquillas en el costado de Bruno, pero éste logró esquivarlo y contraatacar con una serie de cosquillas en las axilas de Christian, haciendo que se ría.

    ¿Qué pasa Chris…? –preguntó Bruno, jocoso –Parece que tenés cosquillas.

    La pelea se intensificó y ambos comenzaron a sudar profusamente. Christian logró sujetar a Bruno desde atrás y hacerle cosquillas en las costillas, mientras que Bruno posteriormente se vengó haciéndole nuevamente cosquillas en las peludas axilas de Christian, al trabar hacia arriba uno de sus brazos de Christian con sus hombros. Los gruñidos de risa resonaban en toda la oficina, mientras los contrincantes continuaban su lucha.

    En cierto momento, Christian logró imponerse sobre Bruno, al hacerle una llave inmovilizadora y cosquillear sin piedad a su lampiño contrincante, que no podía hacer otra cosa que reír. Después de varios minutos de pelea, el jefe finalmente intervino y declaró que Christian había ganado la pelea de cosquillas. 

    Buen trabajo, Christian –dijo. –Eres el nuevo asistente de gerente.

    Christian sintió una gran satisfacción y alivio al escuchar eso. Miró a Bruno, que parecía decepcionado por la derrota, pero Christian no podía dejar de sentirse agradecido por la extraña prueba que finalmente lo llevó a su ascenso.

    Martes, por la tarde.

    Christian, después de la pelea de cosquillas con Bruno, salió del banco con el cuerpo sudado y agotado. Mientras caminaba hacia su auto, fue sorprendido por un extraño hombre que se acercó corriendo hacia él. Christian no tardó en reconocerlo: era el viejo Jaime Ganush. El hombre tenía el pelo desaliñado y parecía estar loco, pero lo que más llamó la atención de Christian fue su expresión de locura y la agilidad con la que se acercó.

    ¡Felicitaciones, empleado modelo! –exclamó el señor Ganush –¡Vengo por tí, Christian, eres mío!

    Sin embargo, antes de que Christian pudiera reaccionar, el extraño hombre comenzó a hacerle cosquillas en las costillas y en las axilas por encima de su camisa. Christian intentó zafarse, pero el hombre era más fuerte y no parecía dispuesto a detenerse. Finalmente, después de varios minutos de luchar contra el extraño hombre, Christian logró zafarse y corrió hacia su auto, tratando de escapar. Pero antes de que pudiera cerrar la puerta, el hombre se rió a carcajadas y se alejó corriendo.

    Christian se quedó allí, respirando con dificultad y tratando de procesar lo que acababa de suceder. Se sentía confundido y asustado por lo que acababa de suceder, y se preguntaba si la maldición del extraño tendría algún efecto en su vida.

    Miércoles, mediodía

    En camino del gimnasio a su casa, Christian decidió consultar con una vidente de un decadente local de una galería, que ya había visto otras veces al pasar por allí. Con varias resistencias, decidió hacer la consulta, sintiéndose ridículo por creer en maldiciones. Inmediatamente, fue atendido por una señora, que a todas luces parecía la versión moderna de una bruja desquiciada.

    Buenos días, señora –se presentó Christian. –Vengo…

    Vengo… vengo… venga… vengas… ventas –comenzó la bruja – Tientas, sientas, mientas, mientes, sientes…

    Christian escuchó incrédulo a la incesante cantinela de la vidente; incluso pensó en retirarse calladamente. 

    Usted está poseído por un espíritu –sentenció la bruja –Fue víctima de un antiguo hechizo de cosquillas que se usaba para castigar a aquellos que eran codiciosos y deshonestos. 

    Christian estaba convencido de que todo esto era simplemente una broma de mal gusto.La vidente les explicó que la única manera de deshacerse de la maldición era encontrar al hombre que lo había maldecido y pedirle perdón. Christian se sintió abrumado por la tarea, pero sabía que tenía que hacerlo para liberarse de la maldición.

    Mientras caminaba por la calle, Christian sintió una presencia detrás de él. Se dio la vuelta rápidamente, pero no había nadie allí. Comenzó a sentir escalofríos en su espalda y se dio cuenta de que la vidente podía estar en lo cierto.

    Christian llegó a la casa de Ganush para hablar con él sobre la maldición. Al acercarse, notaron que no había luz en la casa. Christian tocó la puerta varias veces, pero no hubo respuesta.

    "Creo que no hay nadie en casa", pensó.

    Finalmente, decidió entrar a la casa de Ganush y buscarlo. Cuando llegaron a la sala, encontraron a Ganush tendido en el sofá, sin vida.

    "Oh Dios mío", dijo Christian en shock. "¡Ganush ha fallecido!"

    Christian no podía dejar de pensar en la maldición que Ganush le había lanzado. ¿Podría ser que hubiera sido cierta?

    Finalmente Christian abandonó el lugar. Más tarde, se enteraría que la policía llegó y determinó que la muerte de Ganush fue natural. Pero Christian no podía sacudirse la sensación de que algo extraño estaba sucediendo en su vida.

    Jueves, por la mañana

    Al otro día, el directorio del banco se reunió con Christian en la sala de juntas para darle la bienvenida como nuevo gerente. Se había desplegado un pequeño festejo para el nombramiento. 

    ¡Bienvenido, gerente! –dijo Tomás, ni bien entró Christian.

    La reunión resultaba bastante predecible, frívola. Los gerentes hablaban de temas bancarios, pero también se adulaban falsamente, como era la costumbre en ese banco. En cierto momento, el antiguo jefe propuso un brindis:

    – Felicitaciones al nuevo gerente de nuestro banco! Su dedicación, liderazgo y visión serán fundamentales para llevar nuestra institución a nuevas alturas. Que esta nueva etapa sea llena de éxitos, crecimiento y satisfacciones. ¡Salud y prosperidad! ¡Brindo por su éxito!

    Los hombres brindaron, pero uno de ellos por fin habló.

    –Ahora que eres de los nuestros, cuéntanos, ¿Cómo fue aquello de la competencia de cosquillas?

    Christian se quedó un poco confundido, pero respondió con arrogancia.

    –Nada del otro mundo, cosa de niños, nada que alguien como yo no pueda soportar.

    Debe haber sido algo digno de ver, porque tu antiguo jefe contó que no te fue tan fácil –contestó el hombre, llamado Fernando –Habría que hacer una prueba quién tiene razón. 

    ¿Qué tipo de prueba? -preguntó.

    Es una sorpresa -dijo otro miembro del directorio, Fernando. Christian, a esta altura, sabía lo que vendría.

    Los otros miembros del directorio comenzaron a reírse festivamente y a mover sus manos como los niños cuando amenazan con hacer cosquillas.

    No te preocupes, es solo una broma –intervino el presidente del banco, Luis –No tienes que hacerlo si no quieres, pero es una costumbre hacer un bautismo cada vez que un miembro ingresa al directorio y te desaconsejo no seguirles la corriente, ya sabes cómo son los egos aquí.

    Christian no sabía qué hacer. Los otros miembros del directorio insistieron y comenzaron a acercarse a Christian. Uno de ellos, Carlos, le abrió la camisa y comenzó a hacerle cosquillas en las costillas, mientras que otro, Pablo, le sujetó los brazos para mantener las axilas expuestas. Christian intentó liberarse educadamente pues se trataba del directorio del banco donde él trabajaba, pero los demás miembros del directorio se unieron a la broma y comenzaron a hacerle cosquillas en todo el cuerpo.

    Relájate, que todavía la designación no está firmada –ordenó Luis.

    Christian decidió dejarse llevar. Los cinco hombres lo abordaron, quitándole los zapatos, las medias y hasta el pantalón de vestir, dejándolo en calzoncillos. Lo empujaron hacia un amplio sofá y de repente, diez manos atacaban a Christian. Fernando se habían disputado un pie para cada uno y lo atacaban con sus dedos, recorriendo maliciosamente sus sensibles plantas; Tomás aprovechó la confusión para cosquillear los trabajados muslos de Christian, que cuyas manos, por momentos, también alcanzaban la virilidad de Christian por encima de su boxer. 

    ¡Paren, paren! -gritó Christian entre risas.

    Demuestre de qué está hecho un hombre de pelo en pecho –dijo Pedro, un anciano con aires de degenerado.

    Pedro se dedicaba a las expuestas y peludas axilas de Christian, ofrecidas gracias a que Luis le sostenía firmemente los brazos hacia arriba. Aquel señor no tenía reparo alguno en hundir sus dedos sádicamente en aquella zona, teniendo en cuenta que Christian había empezado a sudar como en una sesión de gimnasio.

    Los hombres no pararon su ataque sino hasta después de 20 minutos, cuando finalmente lo dejaron en paz. Christian se levantó de la silla, sudoroso y con la respiración agitada.

    Eso fue cruel –dijo mientras intentaba recuperar el aliento.

    Finalmente, los hombres se detuvieron y rieron de la situación, pero Christian se sintió humillado y molesto por el comportamiento infantil de sus colegas. Los hombres se rieron y se disculparon por la broma, asegurando que solo querían darle la bienvenida de una manera divertida.

    Jueves, al mediodía.

    Christian tomó su celular y le escribió a Juan y le contó lo sucedido en el banco.

    –Juan, no sabes lo que me ha pasado hoy en el banco.

    –¿Qué ha pasado?

    –El directorio me hizo una broma pesada. Me hicieron cosquillas durante 20 minutos.

    –¿Qué? Eso es increíble. ¿Te sientes bien?

    –Sí, estoy bien. Pero me hace pensar en lo que me dijo la bruja esa sobre la maldición de Ganush.

    –Sí, yo creo que deberíamos volver a ver a la vidente, si querés te acompaño.

    –¿Crees que eso podría ayudar?

    –No lo sé, pero no perdemos nada con intentarlo. Además, después de lo que te pasó hoy, creo que vale la pena explorar todas las posibilidades.

    –Tienes razón, voy a confiar en ti. ¿Cuándo podemos ir a verla?

    –Podemos ir hoy mismo si quieres, pasame la locación.

    –Perfecto, entonces nos vemos mañana. Muchas gracias, Juan.

    –Juan: No hay problema, amigo. Estoy aquí para ayudarte.

    Jueves, por la tarde

    Christian y Juan volvieron a la vidente y ella les dijo que había cometido un error la última vez. Christian encontró a la vidente y le contó todo lo sucedido desde la última vez que se vieron.

    Me temo que cometí un error la última vez –comentó la bruja –Lo tuyo no es una maldición ordinaria, sino que se trata de Asmodeo, el demonio de la lujuria desenfrenada. 

    –¿Y qué puedo hacer?

    Debes ser cuidadoso con tus pensamientos y deseos, Christian –advirtió la vidente –Asmodeo puede utilizarlos en su contra. 

    Christian se sintió aterrado por la perspectiva de estar bajo la influencia de un demonio tan poderoso, pero Bruno lo tranquilizó, diciéndole que lo ayudaría a encontrar una solución.

    Christian y Bruno se quedan perplejos ante las palabras de la vidente y Christian le pregunta incrédulo:¿Cómo puede ser que la solución a mi problema sea abstenerme del placer sexual?

    La vidente responde con voz seria: Asmodeo es un demonio muy poderoso que se nutre de los placeres carnales. Si quieres librarte de su maldición, debes privarte de ese tipo de placeres.

    Christian parece dubitativo, pero Bruno lo anima a seguir las indicaciones de la vidente: No perdemos nada con intentarlo, amigo. Además, la vidente tiene mucha experiencia en estos temas.

    Christian asiente, pero en su interior se pregunta cómo podrá vivir sin el placer sexual.

    Christian y Bruno escuchan con atención las palabras de la vidente, y se ven preocupados por la advertencia sobre el demonio. La vidente les mira fijamente, tratando de infundirles convicción.

    "¿Qué tengo que hacer entonces?", preguntó Christian con voz temblorosa.

    "Deberás abstenerse de cualquier actividad sexual, y no solo eso, también de pensamientos y acciones impuros", respondió la vidente con seriedad. "Es la única forma de calmar a Asmodeo y evitar su ira".

    Christian y Bruno se miraron el uno al otro, sin saber qué decir. Ambos eran jóvenes y apasionados, y la idea de renunciar al sexo les parecía difícil.

    "Pero... ¿y si no lo hace?", preguntó Bruno con cierta incredulidad.

    La vidente suspiró y negó con la cabeza. "Si no lo hace, entonces el demonio no te dejará en paz. Te hará cosquillas hasta que te canses y luego se llevará tu alma al infierno para siempre".

    Christian y Bruno se quedaron en silencio, asimilando las palabras de la vidente. Sabían que esto no iba a ser fácil, pero también sabían que no tenían otra opción. Debían seguir el consejo de la vidente si querían evitar la ira del demonio Asmodeo.

    Jueves, a la noche.

    Esa noche, Christian se encontraba tranquilo tras los amuletos que la bruja le había vendido. Estaba tomando una ducha cuando al enjabonarse la entrepierna sintió un franco deseo de tocarse. No hizo más que empezar a amasar la zona que de repente sintió una extraña sensación en su piel. En ese momento, el viejo Ganush se materializó se apareció detrás él y comenzó a atacarlo con cosquillas en las costillas y las axilas. Christian apenas logró verlo de refilón.

    –¡Es imposible, tú estabas muerto! Jajajajaja, ¡Basta!

    Christian trató de resistir, pero las cosquillas eran demasiado intensas y no podía parar de reír. Finalmente, se rindió y se dejó caer en la bañera, exhausto por la risa y las cosquillas. Cuando trató de ver, el viejo había desaparecido.

    Tratándose de reponer su miedo constante de ser atacado por Asmodeo, esa noche Christian asistió a una cena familiar en la casa de su hermana. Durante la cena, sintió una extraña presencia y de repente, comenzó a ser atormentado por algo que le hizo cosquillas en el estómago, por debajo de la mesa. La reacción fue instantánea, solo para descubrir que se trataba de su sobrino, quien le había jugado una broma.

    ¡Maldita sea, niño estúpido! –gritó Christian, ante la perplejidad de su familia.

    Christian intentó controlarse, pero la situación se volvió insoportable cuando la cara de Ganush apareció por breves instantes en el espejo y finalmente, perdió el control y tiró su copa contra el mismo, haciendo estallar los vidrios y asustando a todos los presentes. Incluso el pequeño sobrino empezó a llorar. 

    ¿Qué te pasa, te has vuelto loco? –le gritó su hermana, tomando al niño en brazos.

    Tras este incidente, Christian se sintió muy avergonzado y se disculpó con su familia por su comportamiento. Decidió abandonar la casa inmediatamente.

    Una vez en la calle, Christian habló con Juan sobre lo que le está sucediendo y juntos decidieron buscar ayuda para liberarse de la maldición de Asmodeo. Nuevamente, ambos hombres se dirigieron a lo de la vidente. Christian estaba lleno de ira, y de nada le sirvieron las recomendaciones de Juan para que se calmara, pues irrumpió en el local de un portazo.

    ¡Todas esas porquerías que me vendiste no sirvieron de nada! –se quejó Christian.

    La vidente quedó paralizada de la sorpresa.

    Discúlpelo, por favor –intentó mediar Juan –Necesitamos algo más efectivo.

    La vidente, frustrada por anteriores sus intentos fallidos de exorcizar a Asmodeo, decidió probar con una invocación directa. Junto a Juan y Christian, prepararon un ritual.

    –Joven, debe desnudarse por completo.

    ¿Es realmente esto necesario? -preguntó Christian, avergonzado.

    La mujer no respondió. Christian miró a Juan, quien asintió para animarlo a que lo hiciera. Christian se desnudó y la mujer tomó un ramillete de plantas secas y comenzó a entonar cánticos en una lengua desconocida mientras agitaba una botella de vidrio. 

    ¡Silencio!- Lo interrumpió la vidente.

    De repente, la botella comienza a vibrar y a levitar en el aire. La vidente gritó con voz grave y amenazadora, "¡Asmodeo, sal de este cuerpo y entra en esta botella!". Pero de repente, la botella explotó y la vidente cayó al suelo, inconsciente.

    Christian y Juan la levantaron y trataron de despertarla, pero fue en vano. La vidente pareció haber perdido el conocimiento por el esfuerzo del ritual. Juan sugirió llamar a una ambulancia, pero Christian se negó, diciendo que no quería meterse en más problemas.

    Dejemos a la vieja acá y vámonos- dijo Christian.

    Antes de irse, la vidente se reincorporó, en una especie de trance, con la mirada perdida. De repente, comenzó a hablar con la voz de Ganush.

    –¡Perdí todo por tu culpa! Mi casa, mi dignidad, mi vida… ¡Todo, todo!

    ¿Qué es lo que querés? –la confrontó Juan.

    –Deseo… el alma triste de Christian… para torturarla en el infierno por toda la eternidad…

    De repente, Juan sacó una botella de agua y empapó a la bruja poseída. La mujer, con la misma voz de jaime Ganush, comenzó a gritar como si algo la quemara. Christian le dio un empujón y los hombres salieron corriendo del lugar.

    Agua bendita… –dijo Juan –La traje por las dudas.

    Los hombres se fueron a dormir a la casa de Christian. Ambos estaban exhaustos y trataron de dormir todo lo que pudieron, aunque Christian lo lograba de a ratos. Esa noche no ocurrió nada normal.

    Sábado, al mediodía. 

    Pasaron las horas de la mañana, y ante la falta de novedades, Juan decidió por fin irse de la casa de Christian.

    Cualquier cosa, no dudes en llamarme, amigo –dijo Juan, dándole una palmada en el hombro.

    Christian estaba cada vez más frustrado y cansado de lidiar con la maldición del demonio. Incluso, mucha gente a su alrededor pensaba que se estaba volviendo loco. Cualquier ruido en la casa lo sobresaltaba, incluso aunque se tratara de una notificación de su celular o un ruido de la calle. En cierto momento, escuchó a unos vecinos hablar en el pasillo del edificio y Christian les ordenó violentamente, a los gritos que se callaran. Al cerrar la puerta, notó que Bruno estaba sentado en una de las sillas de su living.

    ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó Christian, mientras se alejaba.

    Vine a visitar al exitoso gerente –respondió Asmodeo con una sonrisa burlona. ¿Qué tal si jugamos un juego divertido? Una pelea de cosquillas.

    Me cansé de esto –dijo Christian –Demuéstrame qué tienes, Asmodeo.

    Christian sintió un escalofrío recorrer su espalda, sabía que no sería capaz de resistir mucho tiempo las cosquillas del demonio, pero igualmente decidió enfrentarlo. El demonio, bajo la forma de Bruno, se paro de la silla y se abalanzó contra Christian.

    Asmodeo lo empujó a la cama y, tirándose encima, comenzó a hacerle cosquillas a Christian en el estómago y las axilas. Christian se retorcía y se retorcía, tratando de liberarse, pero Asmodeo era demasiado fuerte para él. Con una fuerza sobrehumana, le arrancó la remera y continuó haciéndole cosquillas de manera muy efectiva. 

    ¡Por favor, detente! –gritó Christian, riendo histéricamente. ¿Por qué no me dejas en paz?

    Asmodeo se rió triunfalmente mientras Christian estaba jadeando y tratando de recuperar el aliento. Asmodeo, desapareció de repente ni bien Christian se levantó sobresaltado, sudando. Christian se quedó en su cama, agotado y temblando, todavía sintiendo las cosquillas en su cuerpo

    Porque me divierto contigo, Christian. Pero si estás cansado de mis burlas, tengo una propuesta para ti –respondió Asmodeo, en una voz que solamente él podía escuchar.

    ¿Qué propuesta? –preguntó Christian con curiosidad. Ya poco le interesaba preocuparse por su salud mental.

    Te propongo que le pases mi maldición a tu amigo Juan. Hazle cosquillas a ese impertinente hasta que ambos eyaculen y no te molestaré más. Él pagará tu condena y tú quedas libre para vivir tu vida exitosamente –explicó Asmodeo, desde aquel eco que solamente Christian escuchaba.

    Christian se quedó pensando brevemente en la propuesta.Sabía que no podía seguir así, necesitaba encontrar una manera de librarse de la maldición de Asmodeo. Por un lado, estaba cansado de ser atormentado por Asmodeo, pero por otro lado, no quería pasar la maldición a su amigo Juan. El dilema duró poco. Christian fue por todo y rápidamente decidió aceptar la propuesta de Asmodeo. 

    Está bien, haré el trato. Pero prométeme que dejarás de molestarme –dijo Christian.

    De repente, se abrió la ventana que daba a la calle y un fuerte viento sopló. La pluma de una paloma planeó a través del living y se posó sobre la mesa. Luego, el viento cesó y la calma sobrevino.

    Christian se sintió aliviado por primera vez en días y agradecido ante la posibilidad de que la maldición pudiera terminar por fin. Hubo en él un atisbo de culpa ante la posibilidad de pasarle su destino a su amigo Juan. Sin embargo, a estas alturas Christian estaba fuera de sí. 

    Se puso a beber y ni bien cayó la noche, se dirigió manejando a toda velocidad a la casa de su amigo. Pensaba aceleradamente, producto del estrés, tratando de ver cómo haría para someter a Juan. No necesitó demasiado. Christian estaba tan eufórico, que bastó que Juan le abriera la puerta para que Christian lo dejara inconsciente de una trompada.

    Juan seguía confundido cuando recobró la conciencia, descubriéndose en calzoncillos y atado a los extremos de la cama como si fuera una X. Christian estaba completamente desnudo.

    Christian... ¿Qué estás haciendo? –El pánico se estaba apoderando de la voz de Juan.

    Lo lamento amigo, pero no tengo otra opción que cambiar lugares –respondió Christian.

    ¿Eh? ¡No entiendo! ¡Déjame ir ahora! –dijo Juan.

    Cristian empezó a bailar suavemente con sus dedos sobre la parte inferior del pie izquierdo de Juan. Juan apretó los dientes en una especie de gemido, y luego el aire chisporroteó a través de las mandíbulas apretadas y soltó una carcajada. Christian aumentó el ritmo sobre el pie y Juan empezó a reírse. Estaba sacudiendo la cabeza y el pie y tirando de las cuerdas, pero estaba indefenso.

    –Detente... por favor... jajaja... no... aruughh... jajajaja...

    Christian se detuvo por un segundo y dejé que recuperara el aliento. Su peludo pecho estaba agitado, y poco a poco recuperó su fuerza.

    ¡Estás loco, estás alucinando! –lo increpó Juan –¡Déjame salir ahora, o te patearé el maldito trasero en el momento en que SÍ salga, imbécil!

    Es demasiado tarde para eso ahora –dijo Christian, al tiempo que volvió a cosquillear los pies de Juan. 

    Le hizo cosquillas en el pie izquierdo durante unos cinco minutos y luego se detuvo. Se dirigió al bulto de Juan, y comenzó a masajearlo. El sudor brillaba en el pecho de Juan y su erección parecía plena, visible ahora a través de sus cazoncillos. Christian tiró de ellos para dejarlo completamente desnudo.

    ¿Qué haces? –preguntó Juan.

    Christian no dio respuesta y comenzó a pasar ambas manos por la parte inferior de su pie. Juan se corcoveó en la cama unas 3 veces y luego comenzó a reírse tontamente con una voz aguda, meciendo la cabeza de un lado a otro rogándole que Christian se detuviera. Christian saltó sobre la cama encima del pecho de Juan, sujetando su cuerpo a la cama. 

    ¡Quédate quieto, o de lo contrario...! –amenazó Christian y comenzó a hacerle cosquillas en las expuestas axilas de Juan, cuya risa se elevó a un tono aún más alto, moviendo la cabeza de un lado a otro.

    Los ojos de Juan miraban ahora a Christian, aquel hombre que había enloquecido y se encontraba desencajado, con olor a sudor y alcohol. 

    –No hagas esto más difícil de lo que es para mí. ¿Dónde eres más cosquilloso, Juan?"

    No... –Fue todo lo que respondió Juan. 

    Creo que me dirás todo lo que quiera oír, ¿verdad?" – dijo Christian,  flexionando sus dedos amenazadoramente sobre su axila. Ni siquiera lo estaba tocando y Juan no pudo evitar reírse. Una sensación de excitante poder se apoderó de Christian, erectando su pene.

    No, no no, jajajajajaja, no no no!!! –exclamó Juan.

    Entonces supongo que tendré que hacerte más cosquillas en los pies… –respondió Christian, y volvió a bajar al pie de la cama.

    –Por favor... por favor... es... ¡NO! –suplicó Juan.

    Mientras Juan había estado tartamudeando, Christian había tomado el pie de su amigo y estaba pronto a cosquillearlo con sus dedos.

    Mis piernas... La parte interna de mis muslos –terminó confesando Juan.

    ¿Algún otro lugar? –Preguntó Christian.

    Maldita seas –respondió Juan.

    –Ahora Juan... discúlpate por llamarme así. 

    Christian empezó a pasar sus dedos por los anchos y fuertes muslos de Juan. Todo su cuerpo comenzó a temblar. No podía alejarse, no podía obtener la fuerza suficiente para corcovear, así que simplemente se quedó allí gritando, riendo, suplicando y riendo. Su pecho subía y bajaba y su pene se tensaba.

    –Te voy a lamer de pies a cabeza. Haz un movimiento para morderme y te haré cosquillas hasta que te vuelvas loco, ¿entendido?"

    Juan no hizo ningún sonido, así que Christian comenzó a lamerlo en sus oídos. Lentamente Christian lamió un camino por su el cuerpo sudoroso de su amigo. Mientras lamía, arrastró las uñas de sus dedos sobre su estómago de tabla de lavar, forzando los pectorales y las axilas expuestas. Juan yacía allí, con su pene tenso, riendo, gimiendo. Christian se escupió la mano y aplicó saliva en el pene de Juan, luego continuó lamiendo. Cuando llegó a sus muslos su risa se hizo más descontrolada. Christian acarició el duro pene de Juan con sus manos mientras se concentró en los muslos y las bolas. Juan estaba tratando de tensar su cuerpo para acabar, pero cada vez que lo sentía acercarse, Christian pasaba la palma de mi mano sobre la parte superior de su polla con un movimiento circular.

    La intensidad de la sensación es bastante abrumadora. Riachuelos de sudor corrían por el cuerpo de Juan. Christian acarició su cuerpo con la pluma de paloma que había aparecido en su ventana. 

    Finalmente Christian bajó sobre él. Mientras le chupaba el pene, le hizo cosquillas en el estómago y los muslos y finalmente se apartó mientras Juan derramaba semen por todo su pecho. Luego Christian se subió a su estómago. Arrodillándose con sus rodillas en las axilas de Juan, dejó caer su pene sobre la cara de Juan.

    Yo... no puedo... por favor... no... no lo haré… –dijo Juan, en voz baja.

    Christian empezó a tocar nuevamente el pene de Juan. Todavía estaba tan sensible por haber acabado, que comenzó a tirar de las ataduras con todas sus fuerzas, y luego se rindió en un ataque de risa incontrolable. Juan abrió la boca y comenzó a bombear el pene de Christian con una pasión que nunca antes había experimentado. 

    De vez en cuando Juan intentaba apartarse de su tarea, momento en el que Christian le acariciaba el glande; él saltaba y comenzaba a chupar de nuevo. Esto continuó durante unos buenos quince minutos. Luego Christian se separó de él y eyaculó por todo su pecho. 

    Aliviado, Christian se acostó a su lado durante la siguiente media hora acariciando su cuerpo suavemente. Juan había quedado reducido a un esclavo de las cosquillas y no sospechaba del trato de Christian con Asmodeo. 

    Juan se puso duro de nuevo y Christian, ante la duda, le hizo cosquillas hasta que Juan eyaculó de nuevo. Christian tenía completo control sobre él.

    Cuando finalmente Christian lo soltó, Juan había estado atado por más de tres horas. La cama estaba mojada a través del edredón y las sábanas por el sudor del hombre. No tenía fuerzas en absoluto, pero una vez que estuvo completamente libre, Juan rodó de un lado a otro sobre la cama y se quedó en silencio. Christian se vistió y se fue de la casa, sin decir nada.

    Domingo, por la mañana.

    Christian amaneció renovado tras una noche de haber dormido ininterrumpidamente, sintiéndose libre y feliz de nuevo. Se preguntaba qué habría sido de Juan, al que claramente no quería llamar por todo lo que había pasado. Sin embargo, consideraba que todo había valido la pena, pues ahora era libre y podía continuar con su vida exitosa.

    Christian sin remera, recostado cómodamente en su sofá, viendo la televisión mientras se rascaba los huevos cómodamente, cuando de repente, sonó el timbre. Al ver por la mirilla, vio que se trataba de Juan. Dudó en abrirle la puerta, pero finalmente lo hizo.

    Quería saber cómo estabas –dijo Juan. –No importa lo que pasó ayer, estoy acá para ayudarte porque sos mi amigo.

    Entra –dijo Christian, sin poder mirar a la cara a su amigo.

    De repente, el celular de Christian sonó. Christian lo vio y se trataba de un mensaje instantáneo de Juan. “Traidor, así no se trata a un amigo”, decía el texto.

    ¿Cómo es que…? –le preguntó Christian a Juan, confundido, ya que su amigo se encontraba frente a él sin su teléfono.

    Christian miró a Juan y en cuanto éste se acercó, Christian se dio cuenta de que era Asmodeo disfrazado. En un instante, la figura de Juan comenzó a atacarlo con cosquillas en los costados. Christian intentó resistir, tratando de aguantar la risa, pero las cosquillas eran demasiado intensas. Se retorcía y se movía, intentando escapar de las manos de Asmodeo, pero era inútil. Asmodeo seguía atacando, cada vez más fuerte, haciendo que Christian riera sin control.

    –¿Qué pasa, Christian? ¿No puedes soportar un poco de cosquillas? –preguntó Juan con una sonrisa diabólica.

    ¡Hicimos un trato! –exclamó Juan, tratando de recuperar el aliento.

    ¡Un trato vendiendo a tu amigo! –Asmodeo rió a carcajadas, mientras avanzaba hacia Christian. –Esperaba un poco más de dignidad de tu parte..

    Asmodeo comenzó a cambiar su forma y empujó a Christian al piso.

    ¿Por qué haces esto? –Preguntó Christian –¿Por qué me atacas de esta manera? ¡Déjame en paz!""

    Asmodeo simplemente sonrió y le dijo: "Oh, pero esto es solo el comienzo, mi querido amigo. Tengo muchas más travesuras en mente para ti".

    De repente un agujero se empezó abrir en el suelo, justo por debajo de donde estaba Christian quien intentó sujetarse al marco de una puerta mientras Asmodeo lo intentaba arrastrar hacia abajo, hacia un mundo oscuro y lleno de llamas.

    Resistirse es inútil –dijo Asmodeo, con una voz diabólica –Es cuestión de tiempo hasta que te rindas y vengas conmigo. ¿Qué tal un poco de cosquillas en esas axilas?

    Asmodeo comenzó a cosquillear una de las expuestas y peludas de Christian, a la vez que introdujo su  lengua en la otra.

    ¡No quiero ir al infierno! – gritó Christian, entre risas

    Christian sintió que era demasiado tarde y se soletó cuando no pudo aguantar más. Ahí Christian supo que iba a pagar el precio. Asmodeo lo arrastró hacia abajo, hasta que finalmente llegaron a una gran puerta de hierro. La abrió y Christian vio un paisaje desolador, lleno de llamas y sufrimiento.

    En el infierno de las cosquillas, el aire está lleno de risas histéricas y gritos desgarradores, mientras las almas son torturadas por demonios que no paran de hacerles cosquillas en cada parte de su cuerpo. Las víctimas están indefensas, retorciéndose y tratando de escapar, pero los demonios son implacables, buscando cada rincón sensible y vulnerable para hacerles cosquillas. Los demonios son especialistas en hacer cosquillas en los lugares más inesperados: las plantas de los pies, las axilas, las rodillas, el cuello, las manos, los dedos de los pies, la parte baja de la espalda y cualquier otro lugar donde la piel sea delicada. Las almas gritan y suplican piedad, pero los demonios no tienen compasión. El suelo está lleno de almas retorciéndose en agonía mientras los demonios se divierten. Hay un ambiente de locura y desesperación en todo el lugar, y las almas que han estado allí por mucho tiempo ya han perdido la esperanza de alguna vez escapar de la tortura. Las risas malvadas de los demonios son lo único que se escucha en el infierno de las cosquillas.

    - Bienvenido al infierno, Christian. Espero que te guste.


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